¿Qué tan bien preparados están los alumnos de educación media para estudiar, trabajar y vivir en un mundo digital? De esa pregunta parte un estudio de la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo (IEA, por sus siglas en inglés) aplicado en varios países, entre ellos Uruguay, en donde la respuesta no parece ser muy alentadora.
Solo uno de cada 10 estudiantes que cursan su segundo año de educación media —Secundaria y UTU— demuestra capacidad de usar computadoras y demás dispositivos digitales de forma independiente como herramientas de recolección y gestión de información relevante para su trayectoria educativa.
La situación va a peor en los contextos socioeconómicos más desfavorecidos, lo cual ensancha la “brecha de oportunidades” entre los alumnos. Según el estudio internacional difundido en diciembre y a cuya versión completa accedió Búsqueda, Uruguay se ubica al fondo de la tabla en este indicador educativo, por debajo de países como Italia o Chile y por encima de Kazajistán.
En medio de esta realidad, uno de los objetivos de la transformación educativa impulsada por la actual Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) es la inclusión del llamado “pensamiento computacional” entre las competencias que formarán parte de la malla curricular a partir de marzo. Se trata de un indicador previo a la “alfabetización digital” de los estudiantes, y de ahí su importancia para el sistema educativo uruguayo.
En diálogo con Búsqueda, la directora del Área Técnica del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed), Carmen Haretche, destacó el aporte del Plan Ceibal en estas competencias, facilitando el acceso a dispositivos digitales y a plataformas educativas de uso público antes, después y sobre todo durante lo peor de la pandemia del Covid-19. No obstante apuntó luego que los resultados de la investigación externa revelan que “no alcanza con disponer de nuevas tecnologías si aún no se les sabe dar un buen uso”.
El estudio internacional —similar al informe nacional Aristas que hace el Ineed y cuyo foco principal es comprender las características de la enseñanza y en particular los resultados en lectura y matemática en ciertos niveles educativos— mide la competencia vinculada a la alfabetización digital y al uso de las TIC. Uno de los objetivos fue determinar si los alumnos son capaces de realizar las acciones más simples con la computadora y otros dispositivos digitales para su formación académica. Un hallazgo en Uruguay fue el alto porcentaje de estudiantes que muestran un bajo desempeño en esta área en los últimos años.
De allí surge que el 33% de los estudiantes no logra hacer ni lo más simple de la prueba y están por debajo del nivel 1: básico. Otro 29% demuestra un conocimiento “funcional” de las computadoras como herramientas. Un 27% puede completar tareas sencillas y explícitas con ayuda directa. Apenas el 9% usa la tecnología de forma independiente para recopilar y gestionar información relevante (nivel 3) y el 1% ejerce control y da buen uso a la herramienta, realiza juicios evaluativos al buscar información y crea hasta productos originales (nivel 4).
Dentro de los niveles detallados la investigación evaluó el desempeño. En el nivel 4, por ejemplo, los estudiantes uruguayos muestran resultados mejores a los de Kazajistán e Italia, casi iguales a los de Chile, pero a su vez muy inferiores al promedio de los participantes de los países participantes, entre los que están Dinamarca, Corea del Sur, Estados Unidos, Finlandia, Alemania, Portugal, Francia y Moscú (no participó todo Rusia).
La investigación fue implementada en 2018 y luego ampliada durante la pandemia por la IEA, que es la asociación internacional evaluadora, en colaboración con Ceibal, y en el informe de resultados nacionales participó el Ineed junto con Ceibal. La prueba internacional evaluó a la comunidad estudiantil, pero también incluyó cuestionarios de contextualización que completaron alumnos, docentes y equipos de dirección coordinados con representantes del Estudio Internacional de Alfabetización Computacional y Manejo de Información (ICILS) organizado por la IEA.
Así, por ejemplo, en su autopercepción, cerca de tres cuartas partes de los estudiantes uruguayos se consideran capaces de realizar actividades generales, tales como instalar un programa, insertar una imagen, buscar información en Internet o agregar texto e imágenes a un perfil en línea. Son muchos menos, sin embargo, los que dicen saber usar aplicaciones especializadas, como crear un programa, armar una base de datos o establecer una red de área local.
Entretanto, más de dos tercios de los docentes dice utilizar en todas o la mayoría de las lecciones una plataforma de manejo de aprendizajes, como CREA o Moodle (73%), y portafolios digitales (68%), mientras que algo menos de la mitad utiliza programas para comunicarse, como email, mensajería, Skype (49%), recursos informativos, como wikis o sitios web (45%), procesadores de texto (44%) y contenidos digitales vinculados a libros de texto (40%). Una de las conclusiones del informe es que es necesario apoyar a los docentes en el uso de las TIC.

Carmen Haretche
Brechas
Al considerar el contexto socioeconómico de los estudiantes el estudio muestra una brecha “significativa” ya presente en 2018. De hecho Uruguay es el país en que se observan mayores diferencias entre centros educativos en términos de composición socioeconómica. En el quintil 1, el más pobre, el 56% tuvo el nivel más bajo de los desempeños en el uso de los recursos tecnológicos con fines pedagógicos, mientras que en el quintil 5, el más rico, el 11%.
Si bien, en general, se habla de brecha digital para referirse a la desigualdad en las oportunidades de acceso a TIC, según los expertos, el concepto trasciende el mero acceso a la tecnología y abarca a la forma en que se la utiliza en los centros educativos y cómo se empodera a estudiantes y docentes para su participación en el mundo digital.
En 2020, año cero de la pandemia, las medidas de cierre total o parcial de los centros educativos llevaron a un aumento en el uso de TIC en la educación. Esto evidenció la necesidad de información acerca de las herramientas digitales y computadoras en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Igualmente, la mayoría de las brechas socioeconómicas observadas en 2018 se mantuvieron con la expansión del coronavirus en Uruguay, según el estudio longitudinal Pandemia y Uso Docente de TIC —que sigue a la muestra estudiada en el informe internacional y al que también accedió Búsqueda —.
Haretche, la técnica del Ineed, consideró que los resultados de las investigaciones aportan información “muy valiosa” para el diseño del “currículum” de pensamiento computacional. “Da para pensar sobre qué está pasando en un país donde a priori puede creerse que al disponer de un programa como Ceibal tal vez estas brechas fueran menores o que hubiera mayores competencias de los estudiantes”, agregó.
La especialista aclaró que eso no implica que el resultado de Ceibal sea bueno o malo. Lo que sí muestra, precisó, es “cómo se están usando estas herramientas” en los centros educativos públicos. Además, destacó que no suele haber diferencias de género en su empleo, pero sí un efecto negativo de la extraedad del estudiante: los mayores de 15 años, que en Uruguay son más de 15% de los participantes de la prueba, obtienen peores resultados que sus pares más jóvenes.
Haretche apuntó que la habilidad en alfabetización digital depende entre otros factores de la frecuencia del uso diario de las tecnologías con fines educativos dentro y fuera del aula e incluso de las expectativas de estudio del alumno; por ejemplo, si proyecta completar una carrera universitaria, más allá del estrato social del que provenga. “Allí es donde estamos viendo que hay mucho para trabajar y mejorar por parte de los tomadores de decisión”, concluyó.