La corriente migratoria de venezolanos, dominicanos, peruanos, cubanos y ciudadanos de otras nacionalidades hacia Uruguay vino creciendo en los años recientes, empujada mayormente por razones económicas o políticas. Muchos se insertan en el mercado de trabajo, consiguen donde vivir, pagan los gastos diarios en un destino que les resulta caro, y si queda algo de dinero, lo remesan a sus parientes.
La progresión inmigratoria se vio acompañada por un incremento en esos envíos tanto en cantidad de operaciones como en montos, surge de estadísticas recogidas por el Banco Central (BCU) entre siete empresas que prestan servicio de transferencia internacional de dinero. Sin embargo, en consonancia con el saldo migratorio negativo que históricamente ha tenido el país, las cifras que llegan de afuera continúan superando a las que se giran desde Uruguay: en 2017 fueron US$ 125 millones que entraron contra US$ 108 millones que salieron. La brecha en ese flujo de remesas era aproximadamente tres veces mayor a comienzos de esta década.
Según datos oficiales preliminares, el año pasado se otorgaron cerca de 13.000 residencias (unas 9.300 a inmigrantes de los estados parte del Mercosur y al menos 3.600 a personas de fuera del bloque), frente a las 11.800 que habían sido concedidas en 2016. Fue un récord histórico, sustentado en una oleada migratoria que encuentra en Uruguay atractivos como la estabilidad política, relaciones laborales bajo un marco garantista de protección de los trabajadores y el acceso a los servicios de educación, además de la cobertura de salud ni bien inician el trámite de residencia, sostienen desde la Dirección de Asuntos Consulares de la Cancillería (ver Búsqueda Nº 1.951).
También fueron récord los giros de dinero hacia el exterior por intermedio de servicios de courier: hubo 327.530 en todo 2017, con un registro sin precedentes de 173.983 y US$ 57 millones en el segundo semestre.
Son, no obstante, cifras modestas si se comparan con las que involucran a México —el mayor receptor de remesas de la región y uno de los principales del mundo junto con India, China y Filipinas, con US$ 28.771 millones en 2017— o a países centroamericanos, que reciben en algunos casos más de 10% de su Producto Bruto Interno.
Encuestas del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos entre emigrados latinos revelan que son las madres las principales beneficiarias de los envíos, que estos se hacen mayormente para solventar su manutención y la del resto de la familia, así como gastos en salud y educación. La frecuencia más habitual de los giros es mensual y el monto ronda el 12% del ingreso entre los migrantes —documentados— guatemaltecos y el 14% en el caso de los dominicanos y los salvadoreños.
Giros al exterior.
De la información reportada por Gales, Indumex, Varlix, Abitab, Redpagos, Correo Uruguayo y More Money Transfers, surge que, ya sin el “cepo” cambiario y otras medidas que hasta 2015 restringieron el movimiento de fondos con Argentina, ese país fue el principal destino de los envíos de dinero hechos desde Uruguay. Eso en cantidad de transferencias (13,4% en julio-diciembre), ya que, en monto, España (15%) y Estados Unidos (12%) estuvieron por encima.
Un dato llamativo es el aumento de la relevancia de República Dominicana, a donde se dirigió el 12,6% del total de operaciones de remesa del segundo semestre (7% en monto). Desde hace un tiempo, la red Western Union tiene una tarifa preferencial para los giros a ese país (de 3% si supera los US$ 100, frente al 4,2% que cobra para algunos de los otros principales destinos).
A Perú se dirigió el 8% de los envíos efectuados en julio-diciembre pasado y el 6% a Brasil (con porcentajes similares respecto al monto total). Venezuela figura en las estadísticas del BCU como un destino menor (57 giros por menos de US$ 3.200 en total en el segundo semestre), pese a que desde allí provino un flujo inmigratorio creciente escapando a las penurias económicas. Eso puede responder en parte a que Western Union no efectúa operaciones directamente con Venezuela, aunque muchos de sus ciudadanos radicados en Uruguay hacen giros a parientes para ser retirados en zonas limítrofes con Colombia o a parientes que emigraron a ese país, lo que hizo crecer la relevancia de dicho mercado. Es dinero que muchas familias venezolanas esperan con desesperación. El País de Madrid relató el martes 20 el caso de Egleé Otero, una caraqueña que se fue a Santiago de Chile y desde allí envía el equivalente a unos 2.800 pesos uruguayos por mes; “Sin la remesa, ellos morirían de hambre”, dijo, dado el contexto de crisis en uno de las pocas economías del mundo actualmente con hiperinflación.
A Cuba se realizaron 4.964 giros por US$ 707.844 en el segundo semestre, según información proporcionada a Búsqueda por el BCU. Hacia ese país las remesas desde Uruguay se habilitaron hace poco más de un año, y con el aumento de la inmigración cubana el volumen “crece mes a mes, con buenos números”, afirmó a Búsqueda Rodrigo Núñez, gerente de Western Union en Gales, uno de los dos agentes oficiales de la compañía estadounidense en el país.
Considerando todos los destinos, la remesa promedio hacia el exterior rondó los US$ 330 en 2017, surge de las cifras del BCU. Eso supera el monto medio enviado hacia Uruguay (US$ 300).
“Estamos en una nueva etapa para el negocio. Siempre fuimos un país que recibía giros de los uruguayos que trabajaban en España, Estados Unidos o Italia. Ahora, al estar recibiendo inmigrantes, hay muchos más envíos hacia República Dominicana, Cuba o Colombia, ya que se encuentra cerrado Venezuela como corredor”, destacó Núñez.
El monto de la remesa según la nacionalidad varía en gran medida en función de la situación laboral de las colectividades que se van asentando en el país. Por ejemplo, los dominicanos, muchos de los cuales están empleados en “changas” u otros trabajos de bajo salario, hacen transferencias en general más chicas que las de otros inmigrantes (US$ 168 en promedio), explicó el ejecutivo. Son los dominicanos, pero más todavía los cubanos (US$ 144), quienes recurren a la tarjeta de descuento del 5% en la tarifa que ofrece Western Union, cuya emisión creció en los últimos años y actualmente superan las 11.000. Las remesas a Estados Unidos a través de esa red son las de mayor valor: U$S 477 en promedio.
En las estadísticas del BCU figuran algunos destinos y montos curiosos de las remesas giradas en la segunda mitad del año pasado: una por US$ 25 a Vanatu, otra por US$ 50 a Ruanda, también un único giro por US$ 3 a Gabón, tres a Islas Fiji por US$ 355 y ocho a Irak que sumaron US$ 741.
Buscando sacarle jugo a una clientela potencial que se expandió, las empresas que prestan servicios de transferencia de dinero al exterior han participado con stands de promoción en actividades culturales o de otro tipo vinculadas a las que asisten inmigrantes.
La diáspora.
Sobre todo por las oleadas que se dieron en la década de 1970 y del 2000, alrededor de 2010 había unos 242.000 uruguayos emigrados, según estimaciones que, como mínimo, calculó el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía. Esa diáspora rondaba el 7,4% de la población del país, si bien en años recientes creció el número de “retornados”. Desde la Cancillería hablan de una cifra de más del doble que esa.
Los emigrantes uruguayos son en general personas en edad de trabajar. Algunos ayudan a sus familias en Uruguay girándoles dinero, aunque ese flujo está muy ligado a la salud económica en los países de residencia, que no ha sido la mejor en los últimos años en el caso de los destinos europeos y de la región.
En todo 2017 se realizaron 414.248 remesas de dinero hacia Uruguay.
Estados Unidos representó 40% del total de operaciones en julio-diciembre, tanto en cantidad de giros como en monto. El segundo origen fue España (18% y 14%), seguido por Argentina (16% y 13%). Desde Chile, Brasil, Italia y Canadá se enviaron hacia Uruguay en torno a 3% en cantidades y monto en cada caso. Como procedencia inusual figuró por ejemplo una transferencia de Papua Nueva Guinea por US$ 78 o los US$ 3.900 en total que llegaron en tres remesas desde Timor Oriental.