—¿Cuánto hay de continuidad y cuánto de cambio en los objetivos de la CUTI con su llegada a la gremial?
—Hay bastante continuidad porque en definitiva nos trazamos el objetivo de llegar a contribuir con el 5% del PIB (Producto Bruto Interno) a 2025. Todas las acciones que hagamos van a estar en línea con cumplir ese objetivo. Entonces hay bastante continuidad en las políticas de talento, de mercados globales, de buscar negocios.
Aparecen dos áreas nuevas con esta directiva, que son poner los temas de sustentabilidad como parte de la estrategia de las empresas de tecnologías de la información y poner el foco en la descentralización. Es decir, impulsar un Uruguay tecnológico en todo el país y no solamente con la mirada puesta en Montevideo, aprovechando el trabajo que vinieron haciendo las instituciones educativas. Es uno de los pilares fundamentales: tenemos por primera vez en el directorio la mirada de una empresa (Abstracta) que nace y tiene una posición muy fuerte en el interior, sobre todo en Salto, con todas las dificultades que tienen.
Además, Valentina Tortarolo —la representante de esa empresa— es mujer. También queríamos mejorar un poco —mucho más— en el equilibrio de género. Esta es una política que ya viene de directivas anteriores. Hoy estamos en el entorno del 28% de mujeres, pero las técnicas son menos, dos de cada 10.
—Más allá de la equidad per se, ¿qué aporta a nivel empresarial la incorporación de más mujeres a los equipos?
—Cuando uno encara un proyecto de tecnología, las múltiples miradas a los proyectos son claves para poder desarrollar tecnología que incluya, que contemple a todo el público objetivo. El software de consumo, como puede ser PedidosYa, tiene un porcentaje muy amplio del uso de la mujer. Entonces todo lo que hagamos tiene que ser diverso.
—En materia de crecimiento y aporte al PBI, ¿qué acciones considera que tuvieron éxito y cuáles revisaría?
—Las que tuvieron éxito son aquellas que realizamos con mucha colaboración sobre todo con las entidades de gobierno que están promocionando a Uruguay en el exterior. Ahí tenemos una experiencia muy positiva de estar presentes sistemáticamente en determinados lugares, que nos posicionan como empresas muy buenas para poder desarrollar tecnología. Recientemente acaba de llegar del Collision una comitiva de más de cuarenta empresas de CUTI. Es un evento en Canadá al que van más de 35.000 personas, donde Uruguay y Costa Rica eran los únicos dos países de Latinoamérica con stand. Fue un trabajo que se hizo con Cancillería, la Embajada de Uruguay en Canadá, Uruguay XXI y la CUTI.
También es fundamental la colaboración entre los socios.
—¿No aparece competencia entre las empresas?
—Es que nuestra competencia es el mundo. Entonces, vos vas a laburar a un mercado como el americano, te enfocás en San Francisco para vender servicios, por ejemplo, y la verdad que no te encontrás con otra empresa uruguaya. Hay una herramienta de comunicación del Consulado tecnológico de San Francisco (Slack) —otra colaboración público-privada— donde las empresas ponen oportunidades de negocios para que otras empresas tomen: “Tengo un cliente que me está pidiendo tres desarrolladores .net fullstack. No lo puedo tomar, ¿alguien lo quiere?”. Suena raro, pero así funciona.
Y además las empresas uruguayas competimos en cualquier lado y le ganamos a cualquiera. Cualquier empresa uruguaya va a laburar a cualquier cliente de Estados Unidos y le compite de igual a igual a cualquier otra empresa. Eso para mí es un valor y lo tenemos que aprovechar, porque estamos en un momento bisagra, ideal. Uruguay está muy bien posicionado. Es el momento, la industria tiene que apretar el acelerador a fondo.
Pero también hay una ventana. Y las ventanas tienen la particularidad de que en un momento se cierran. Tenemos, entre otros, el caso de una empresa americana que tenía gente en Rusia, que mueve a toda la gente para acá. Trae 30 rusos como parte de su relocalización por la guerra. Y dice: “Yo me quiero ir a un lugar estable. Y elijo Uruguay. Y no vengo a contratar gente, me los traigo de allá”. Ya están armando la oficina.
—¿Cuándo se cierra esa ventana?
—Y… capaz que no se cierra nunca, pero tenemos que apretar el acelerador. Para eso tenemos que acelerar la llegada de laboratorios y mejorar un poco el mix para generar más empresas de producto, que son en definitiva las que nos permiten generar propiedad intelectual y más valor rápidamente. En el mundo de los servicios vos querés crecer 30% y generalmente tenés que crecer 30% más en cantidad de gente. Cuando tu cliente es el mundo, en producto podés escalar más rápido.
Eso lo están viendo otros. No somos los únicos y están todos trabajando en esa línea. Colombia y Costa Rica son competidores muy grandes.
—Dice que Uruguay salió bien parado de la pandemia. ¿Cómo le fue al sector en 2021 y qué efectos dejó el Covid-19?
—La sensación que tenemos es que creció. ¿Cuánto en orden de magnitud? No lo sabemos. Tenemos un desafío de datos, porque todo eso sale del pulmón de la cámara.
Se tuvo que crecer tan rápido para satisfacer la demanda de los clientes americanos o de otros países por la pandemia que para conseguir gente las empresas tuvieron que abrir oficinas en otros países. Y eso tiene tres consecuencias.
La primera es que las empresas tienen que manejar diferentes países, oficinas, culturas y recursos humanos, algo a lo que no estaban acostumbradas. Las empresas uruguayas que tuvieron que salir a armar todos esos centros de desarrollo se ven enfrentadas a dolores de crecimiento que están buenísimos, pero que es otra mirada de cómo gestionar la empresa.
Eso también trae que se va una cantidad de trabajo para la gente local, porque las empresas salen a contratar afuera del Uruguay, porque no tienen otra y no van a perder sus oportunidades. Y el tercer tema, que para mí está bueno, es que hay que formar al empresario para la gestión global.
—Habló de muchas empresas que están desembarcando en Uruguay con esta nueva “ventana”. ¿También se venden empresas uruguayas?
—Sabemos que se ha dado y que seguramente haya conversaciones en este momento con varias empresas, porque es parte de lo que está pasando en el sector. Desde el principio del año a la fecha tuvimos anuncios de todo tipo y color.
—¿Cómo evalúa que se vendan estas empresas?
—Es bueno siempre que logremos, primero, desarrollar más empresas que sigan haciendo crecer al sector. Además, ojalá podamos generar ese círculo virtuoso de los éxitos que hay en Estados Unidos, (donde) los fundadores venden la empresa e invierten en otra y se potencian.
—La semana pasada el gobierno anunció el inicio de las negociaciones entre Uruguay y China con miras a firmar un TLC. ¿Cuánto puede beneficiar al sector, que ya compite hoy “de igual a igual”, por ejemplo, con Estados Unidos?
—Primero, como sector abierto al mundo, todo lo que sea empujar de alguna manera el comercio del sector hacia otros lugares es superpositivo. Estuvimos en toda la previa en conversaciones con Cancillería y preparamos un documento para el equipo que estaba trabajando en el tema de factibilidad. Y lo que vemos es que, para el sector y dependiendo del tipo de TLC que se vaya a firmar —parecería que es de amplio espectro— es positivo y también con una mirada de largo plazo. No es lo mismo vender a Latinoamérica o Estados Unidos que a China.
—¿Cuánto le exportan a China hoy?
—Creo que no lo tenemos ni en el radar. No tiende a cero porque hoy hay un socio (Genexus) que le vende, pero no entra dentro de las cifras significativas. Nuestro principal mercado es Estados Unidos y todavía tenemos ahí una gran oportunidad para seguir creciendo. Entonces lo de China lo vemos como positivo, pero todavía no vemos que vaya a crear un impacto en el cortísimo plazo. Tenemos un mercado gigante que hay que seguir atendiendo, que es el que nos ha generado todas estas alegrías. Entonces hay que trabajarlo y hay que formarse, porque también para vender en Estados Unidos nos llevó años de formación entender, viajar, colaborar.
También Uruguay tiene que seguir en la línea de acuerdos de libre comercio con otros países de Latinoamérica para que todo eso funcione bien. Te diría que para estos dos años vamos a seguir empujando mucho el mercado americano.
—¿Cómo podría impactar el TLC en industrias verticales más vinculadas al producto, como la electrónica y la robótica?
—La verdad que no lo tenemos muy cuantificado, por un tema inclusive hasta de tamaño de industria. El análisis lo encaramos más por el lado del servicio y producto digital.
—¿Qué otros mercados miran a futuro?
—El mercado de Medio Oriente lo vemos bastante más lejano, quizás como una potencial puerta para entrar más en el mundo de Asia. También lo visualizamos como un lugar donde podemos conseguir inversión para desarrollar productos y fortalecer el mundo del capital a través de sus fondos.
—¿Y África con las Fintech y los medios de pago digitales?
—Hoy hay algunos socios que están trabajando mucho con África y entra dentro de la mesa Fintech.
—¿Pero hay planes de expandirse a esos mercados?
—No. En realidad estamos visualizando quizás Reino Unido. Hoy es el segundo mercado, (aunque) la diferencia con Estados Unidos es muy grande: 74% Estados Unidos y 7% Reino Unido.
Nos parece que con la experiencia de Estados Unidos, país anglosajón, las empresas pueden trabajar muy bien en ese mercado, es una economía muy grande en el mundo.
—Y en Latinoamérica, ¿la industria mantiene la lógica donde Argentina y Brasil son los principales socios?
—No. El problema que tenemos con Argentina y con Brasil es que hay retenciones a los servicios muy grandes. En Brasil mucho más, estamos hablando casi del 50%, con lo cual vender un servicio desde Uruguay a Brasil es casi imposible, excepto que hagas algo de nicho y que tenga mucho valor allá y nadie allá lo haga. Son mercados con los que nos encantaría estar más cerca: vemos una oportunidad en Brasil para el mundo de las startups. De hecho, ahora se está armando una delegación que va para San Pablo en agosto, por un acuerdo entre el banco Itaú, la CUTI y Endeavor, para la incubadora Cubo. Van 17 empresas startups y de tecnología.