Las negociaciones, que comenzaron hace dos décadas, cerraron en junio de 2019 y ahora el texto está en etapa de revisión legal y traducción. El gobierno uruguayo aspiraba a que los dos bloques ratificaran lo acordado antes de dejar la presidencia del Mercosur a fin de año, pero no alcanzará ese objetivo. Más allá de aspectos técnicos a resolver, uno de los principales obstáculos hoy surge por la preocupación de los europeos por la política medioambiental de Brasil y el impacto que podría tener la puesta en marcha del tratado.
Para mitigar las críticas, la UE considera que “un paso adelante” sería aprobar un “documento adicional vinculante” para “reforzar las obligaciones internacionales, incluyendo el Acuerdo de París, para la protección del medio ambiente”, explicó el embajador.
Köing abrió el III Foro de Inversión Europea en Uruguay, enfocado en Servicios y Economía Verde. En una entrevista con Búsqueda, el diplomático sostuvo que el país está en condiciones de atraer capitales porque ha logrado diferenciarse de sus vecinos, en una región que es un “mar revuelto”. Añadió, además, que se nota que el de Luis Lacalle Pou es un gobierno “más a favor” de la inversión privada que el anterior.
—Uruguay hizo un nombre por el muy buen manejo de la pandemia. Está en el mapa global en este aspecto como país de referencia y es el único país que está en la categoría de países seguro, el único de Latinoamérica que podría viajar a Europa. Visto la fuerte presencia que tenemos, el buen manejo de la pandemia, la seguridad jurídica que tiene el país, el cambio de gobierno, esos son argumentos para cada inversionista mirar al futuro y reforzar sus actividades. Además tenemos esta buena noticia de que la vacuna está por un buen camino. Si vemos la reacción de las bolsas globales, son muy buenas señales y la gente empieza otra vez a mirar al futuro y a pensar sus negocios de futuro. La posición de Uruguay puede ser un punto referente para la logística y el comercio en la región.
—Usted mencionaba que los inversores, además de reconocer la estabilidad de Uruguay y el manejo de la pandemia, también valoraban el cambio de gobierno. A partir de lo que ha conversado con empresarios, ¿perciben un marco más amigable para la llegada de inversiones extranjeras con el cambio de gobierno?
—Eso es también lo que observo yo. Es un gobierno más a favor de la inversión empresarial. En el pasado tuvimos un muy buen nivel, los europeos somos el principal inversor y durante el gobierno pasado tuvimos la mayor inversión en la historia del país con UPM2, pero se nota también, mirando al futuro, la invitación al inversor, el cambio de la residencia fiscal. Repasando los lazos históricos y culturales que tenemos con el país, y también en el contexto del acuerdo de asociación entre la Unión Europea y el Mercosur, todo eso hace que los empresarios puedan levantar el ánimo mirando al futuro, a la fase pospandémica. También los pronósticos ven un crecimiento fuerte en Uruguay. Nosotros pensamos que la economía verde es el camino a seguir, pero combinándola con la digitalización para la reconversión de la economía hacia una economía más amigable con el ambiente.
—Uruguay se ha diferenciado en una región que está en una situación complicada.
—La crisis que hay en Latinoamérica es preocupante. Sigue la crisis en Venezuela, todavía tenemos una situación complicada en Perú, en Chile se calmó un poquito por el referéndum, en Brasil también hay algo cocinándose, porque los partidos están perdiendo poder e influencia y no parece surgir una alternativa. Argentina no pasa por su mejor momento, ¿no? Hay muchos temas. Uruguay se mueve en un mar revuelto si miramos este contexto.
—En parte es lo que le permitió diferenciarse.
—Sí, claro. Es una gran oportunidad, pero la vecindad siempre te afectará, no puedes escapar de tu geografía, al final del día. Ya lo vemos con el turismo, ¿no?
—¿Es posible aumentar el comercio en momentos en que hay un empuje del discurso proteccionista incluso en Europa?
—Si miramos las estadísticas de las importaciones y exportaciones de la Unión Europea, se ve que tenemos el mercado más abierto para países en desarrollo, mucho más abierto que Estados Unidos, Canadá, China y Japón juntos. La reacción en Europa, que hay voces críticas… voces críticas siempre hay. La discusión actual en Europa no es por el proteccionismo, es por el tema del medio ambiente. Nosotros hemos negociado muchos años con el Mercosur, son 21 años; en estas dos décadas creció también el movimiento medioambiental en Europa, creció la conciencia medioambiental. Si miramos solo a mi país natal, Alemania, antes de la pandemia hubo este movimiento Viernes por el Futuro, donde se manifestaron 1,5 millones de jóvenes, en promedio, cada viernes reclamando una protección del medio ambiente, una naturaleza amigable. Este movimiento político hizo raíces en todo el espectro europeo, lo tenemos en todos los partidos, ya participan en algunos gobiernos de Europa, como Austria. Ganaron hace poco las elecciones comunales en Francia, por primera vez están presentes gobernando en grandes ciudades, y es muy probable que entren en el gobierno de Alemania en las elecciones del año que viene. Hablamos de una quinta parte del electorado en Europa y cada político tiene que mirar su base, a sus votantes, por eso es un motivo político.
Siempre hablé de la importancia geopolítica de este acuerdo y tengo la opinión de que es un acuerdo en beneficio de ambos lados. Pero también hay voces que se preguntan qué podría significar para la naturaleza un acuerdo de un tamaño tan grande. Y visto la situación en Brasil, lo que está pasando con los pulmones del planeta, la Amazonía, son imágenes que pasan en 30 segunditos en la televisión y dejan una impresión fatal. Por eso, un paso adelante sería un documento adicional vinculante —no vamos a abrir el texto del acuerdo, nadie lo quiere—, para reforzar las obligaciones internacionales, incluyendo el Acuerdo de París, para la protección del medio ambiente. Estamos hablando con Brasil y yo tengo algo de optimismo por las primeras reacciones: están dispuestos a hablar de este tema.
—¿Cuál es el estado de situación de la negociación? ¿Está trancada, como algunos analistas dicen?
—No, estamos en la etapa final. Hubo hace poco otra ronda de los jefes negociadores, ahora estamos en la fase de la limpieza jurídica, pero tenemos este asunto pendiente. Antes de la ratificación necesitamos un acuerdo adicional sobre el tema de la protección del medio ambiente. Si llegamos de manera rápida a un acuerdo, tendremos el camino libre para firmarlo y para calmar voces críticas de Estados miembros y de voces críticas de diputados del Parlamento europeo.
—Pero sí hay un retraso respecto del ideal planteado a comienzos de año, que era ratificarlo antes del 2021. ¿No?
—No hubo un cronograma, fue más un deseo. No puedes decir cuánto tiempo necesitas para la limpieza jurídica y la traducción, son estimaciones. Y eso tiene algo que ver con la técnica, pero no con un problema político que todavía tenemos que solucionar.
—La idea era llegar antes de fin de año a su firma, según declaró el presidente Luis Lacalle Pou. Eso parece estar lejos y no solo por la traducción, sino también por el tema del medio ambiente.
—No estamos tan lejos. Estamos en la fase final y siempre la fase final es la más compleja. Vamos a conseguirlo.
—¿El pesimismo no tiene un sustento real?
—He escuchado voces pesimistas, siempre hay voces pesimistas. Los realistas tenemos toda la experiencia y sabemos lo que queremos.
—¿El Mercosur podría ser más proactivo para alcanzar la firma del acuerdo?
—Los mercosurianos son nuestros amigos y nuestros socios, mantenemos un contacto fluido y ambos lados tienen que buscar de manera activa una solución. Y lo hacemos, pero no siempre a través de los medios.
—¿Pero cree que debería haber mayor proactividad?
—Tenemos que trabajar de manera seria para encontrar una solución adicional para el tema del medio ambiente. Tenemos contactos intensivos y vamos a ver en qué ritmo vamos a avanzar. Todavía queda trabajo por delante, la última fase es la más compleja.
- Recuadro de la entrevista
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