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    lunes 10 de junio de 2024

    Uruguay y Estados Unidos buscan reducir “restricciones” al sector privado, sin un TLC en agenda

    Para atraer más inversiones es “realmente importante” que el país eleve “las protecciones de la propiedad intelectual”, dice la economista jefa del Departamento de Estado, Emily Blanchard

    Emily Blanchard dejó en pausa su posición en una de las principales escuelas de negocios de Estados Unidos para asumir en enero del 2022 como economista jefa del Departamento de Estado. Es un cargo que combina su experiencia académica con el desarrollo de política pública, ya que la tarea principal es la de asesorar al secretario de Estado, Antony Blinken.

    Blanchard estuvo en Montevideo esta semana para conversar con autoridades uruguayas, actores del sector público y, según sus palabras, “entender qué está funcionando y tomar lecciones” para llevar a su país.

    En entrevista con Búsqueda, dijo que la mirada de la administración que lidera Joe Biden es que el sector privado es el jugador clave en la creación de cadenas de valor diversificadas y sólidas, mientras que el papel de los gobiernos es identificar y “desarticular” las restricciones que las empresas encuentren para hacer negocios.

    Eso se traduce, en la relación con Uruguay, en una actualización y profundización del Acuerdo Marco sobre Comercio e Inversiones (TIFA, por sus siglas en inglés) y en la implementación de la estrategia lanzada por Biden el año pasado, denominada Alianza para la Prosperidad Económica de las Américas. El gobierno de Luis Lacalle Pou fue uno de los 12 que estuvieron en la inauguración de esa iniciativa y que prevén reunirse antes de fin de año para presentar una hoja de ruta.

    Pese a la aspiración del gobierno uruguayo de negociar un tratado de libre comercio bilateral, la jerarca norteamericana dejó en claro que los acuerdos “tradicionales” están fuera de la agenda de Estados Unidos. Añadió, además, que las tarifas que aplica su país a la mayoría de los productos son “increíblemente bajas” y que las trabas comerciales pueden estar en otras áreas.

    Blanchard planteó que si bien ha hecho mucho, Uruguay todavía puede tomar medidas que faciliten el comercio bilateral. Entre ellas, mencionó la ratificación del Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) para proteger la propiedad intelectual. El gobierno envió en julio un proyecto con ese objetivo, que todavía no comenzó a discutirse en el Parlamento.

    —¿Cuáles fueron las prioridades de su visita?

    —Estoy aquí en la región y en particular en Uruguay porque, primero, tenemos una relación muy fuerte entre los dos países y queremos construir a partir de eso. Segundo, Uruguay es un líder en la región en valores democráticos, imperio de la ley, buena gobernanza y atrayendo inversión privada, construyendo industrias duraderas, inclusivas y sostenibles, particularmente en cosas como la agricultura sostenible y energías verdes y renovables. Estas son áreas e industrias particularmente importantes para la administración Biden-Harris. Entonces miramos a Uruguay para entender qué está funcionando y tomar lecciones para llevar a Estados Unidos. También estamos incorporando otras lecciones, porque, como dijo la administración Biden-Harris muchas muchas veces, estamos intentando crear una economía global donde los patrones de producción, donde los links comerciales, donde las cadenas globales de suministros están diversificados, son seguros, inclusivos y sostenibles. Uruguay es un país con una economía que es una excelente demostración de cómo es ese modelo.

    —¿Cómo describiría la política de Biden-Harris hacia la región y Uruguay?

    —Seamos claros: las redes vibrantes y seguras de producción, seguras y diversificadas economías y patrones comerciales, son impulsadas en primer, segundo y tercer lugar por el sector privado y las actividades del sector privado. Entonces, la administración Biden-Harris, en la forma en la que interactuamos con todo el mundo, incluso aquí en Uruguay, se enfoca en identificar cualesquiera sean las restricciones que están limitando las inversiones del sector privado y preguntar qué podemos hacer juntos, su gobierno y el nuestro, para desarticular esas restricciones y mejorar las condiciones para la llegada de las inversiones. El objetivo es que las empresas puedan venir y, por ejemplo, construir los recursos de energía renovable del futuro. Quizás ese es un aporte para el hidrógeno verde, quizás es energía verde para la región, quizás es agricultura sostenible para vender al mundo. Hay muchas opciones y oportunidades. Nuestro foco, entonces, es identificar cómo podemos impulsar las fuerzas del mercado para beneficio mutuo.

    —¿Cómo se lleva adelante en términos prácticos?

    —Uruguay es muy especial, en el sentido de que la mayoría de las cosas ya se han hecho. Pero hay iniciativas importantes que el gobierno de Uruguay puede tomar y, de acuerdo a las reuniones que tuve, ya lo está haciendo. Así, por ejemplo, elevar las protecciones de la propiedad intelectual es realmente importante, especialmente para el sector de exportación de servicios en Uruguay, que son vendidos en gran proporción a Estados Unidos y hay compañías que necesitan esas protecciones sobre la propiedad intelectual. Pensando en las condiciones para mejorar la actividad privada, pienso en la cuestión impositiva o zonas francas; otra vez, Uruguay es un líder regional en ese tema, pero seguro que hay iniciativas que los dos gobiernos pueden tomar para avanzar.

    —Usted mencionó algunas cosas que puede hacer Uruguay para facilitar las inversiones privadas. ¿Qué puede hacer Estados Unidos?

    —Ahora estamos renegociando y actualizando el TIFA, este acuerdo de facilitación de comercio e inversiones. Eso es algo que tanto está en nuestras manos como en las de Uruguay. La otra iniciativa crítica es la Alianza para la Prosperidad Económica de las Américas, que es absolutamente crucial. Déjeme ser clara, al responder su pregunta esto no vino primero a mi mente porque no lo pienso como una iniciativa solo del gobierno de Estados Unidos, sino que es una alianza de países en la región. Uruguay es un socio clave y esperamos que sea un líder en esta iniciativa. Fue uno de los 12 miembros inaugurales, que se reunirán más tarde este año para trazar un camino, una serie de iniciativas y pilares que guiarán nuestro esfuerzo. El objetivo es construir el ambiente necesario y las redes de negocios en las Américas para que las firmas estén más cómodas, con mayores capacidades y listas para invertir en la región. Sabemos que la integración económica regional, ya sea hiperlocal o a lo largo del hemisferio, es un ingrediente crítico para construir cadenas de suministro y producción robustas.

    —Si le pregunta a un gobernante uruguayo, es probable que le diga que la respuesta es que quieren un tratado de libre comercio (TLC) bilateral. Esa posibilidad no parece estar en la caja de herramientas de Estados Unidos hoy. ¿Es así?

    —Los acuerdos comerciales tradicionales no son una prioridad de la administración Biden-Harris. Al menos no ahora. Dicho eso, nuevas iniciativas comerciales y estructuras, como la Alianza para la Prosperidad Económica de las Américas, o los nuevos arreglos, como el que se alcanzó en la región indo-pacífica, buscan avanzar hacia una integración económica con características nuevas e importantes. Las tarifas en Estados Unidos de la amplia mayoría de los productos son increíblemente bajas. El promedio está alrededor del 3% o menos. Entonces, ¿cuáles son las trabas que impiden que más compañías inviertan en el extranjero? ¿Qué detiene a las empresas de firmar acuerdos de producción con proveedores? Suelen ser otras condiciones: pueden ser condiciones laborales o ambientales, de gobernanza, a veces son estándares regulatorios, propiedad intelectual. Otra vez, las nuevas estructuras que estamos construyendo en Estados Unidos buscan identificar cuáles son las restricciones que impiden que los privados avancen en las iniciativas que desearían tomar y resolverlas en alianza con otros países.

    —China se volvió uno de los socios comerciales más importantes en la región. ¿La alianza que presentó Estados Unidos en la región llega tarde? ¿Es una reacción tardía al aumento de la presencia china?

    —La Alianza para la Prosperidad Económica de las Américas llega justo a tiempo en las prioridades de Estados Unidos. Refleja nuestro compromiso con el hemisferio occidental y con la construcción de la integración regional, especialmente en América Latina y el Cono Sur. Creo que es muy oportuna e, insisto, esta propuesta es algo diferente, es reconocer que mucho de lo que importa en el comercio hoy no es solo lo que compramos y vendemos, es cómo ese valor es creado.

    —Senadores republicanos y demócratas presentaron un proyecto para impulsar las relaciones comerciales entre Estados Unidos y Uruguay. En ella se pretende que el país sea elegible para los beneficios creados bajo una ley destinada a países del Caribe. ¿La administración Biden respalda esa propuesta?

    —No puedo hablar sobre temas legislativos. Es demasiado pronto para la administración.

    —¿Es técnicamente posible hacer que un país de Sudamérica pueda ser elegible para un programa que fue creado para países del Caribe?

    —Esa es una buena pregunta, pero no soy abogada ni trabajo para la sección comercial. Si supiera la respuesta, le aseguro que se la diría. Soy solo una economista.

    —¿La estrategia de Estados Unidos de acercar sus cadenas de suministro —nearshoring— está funcionando? ¿Cómo puede esa política impactar en la relación bilateral?

    —La política de Estados Unidos busca activamente diversificar nuestras relaciones comerciales alrededor del mundo, en el que hay fuerzas del mercado increíblemente concentradas en algunos sectores y regiones geográficas. Lo que intentamos hacer ahora es diversificar la lista de países a los que les compramos y a quienes les vendemos. Hay que ver los shocks de los últimos años, como la pandemia de Covid, que distorsiona de manear masiva los flujos de comercio, o la invasión de Putin a Ucrania en 2022, que también distorsionó el mercado global de los commodities. Estos tipos de shocks es probable que tengan mayor frecuencia, particularmente si tenemos en cuenta el posible aumento de los desastres naturales producidos por el cambio climático. Así, nuestra estrategia de diversificación busca incrementar el set de nuestros socios comerciales, lo que aumenta las posibilidades económicas, especialmente para las muchas de las economías pequeñas alrededor del mundo. Tiendo a pensar que democracias que dan valor al mercado, especialmente Uruguay, deberían beneficiarse de este foco creciente de las firmas americanas en expandir el portafolio de productos que compran alrededor del mundo.

    —China y Estados Unidos entraron en una guerra de tarifas y la rivalidad parece crecer. ¿Es posible para países como Uruguay evitar “tomar partido” por uno de los dos?

    —Para ser clara: no es mi intención hablar hoy de las relaciones entre China y Estados Unidos. Pero como el secretario de Estado, Antony Blinken, ha dicho muchas veces, Estados Unidos no les pide a los países que elijan un bando, no hay razón para que eso suceda. Nuestro foco es en construir las oportunidades para que los países puedan interactuar con Estados Unidos de manera bilateral. Esto es una propuesta de valor positiva que Estados Unidos puede ofrecerles a sus socios alrededor del mundo, más allá de lo que puedan hacer otros países.

    —¿Les preocupa la ampliación del Brics, originalmente creado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica? ¿Puede ser parte de la alianza que promociona Estados Unidos y de otros bloques como ese?

    —No hay problema. Hay muchas agrupaciones de países, muchas organizaciones, varias constelaciones y países que se suman a distintos acuerdos. No hay que ver esto como una competencia. Creo que el sector privado comprende ahora mejor que antes, especialmente después del Covid, la importancia de tener no solo un plan A, sino uno B, C y D. Si vivimos en un mundo donde la incertidumbre es la nueva normalidad, es esencial que tengamos sistemas de intercambio y patrones de intercambio que tengan tantos links como sean posibles. No hay una sensación de una competencia de suma cero.

    —¿Las estructuras multilaterales creadas después de la Segunda Guerra Mundial siguen teniendo sentido? ¿Necesitan cambios profundos?

    —Estados Unidos sigue comprometido con el sistema comercial basado en reglas. Supongo que se refiere en especial a la Organización Mundial del Comercio…

    —Y el Fondo Monetario Internacional, entre otros…

    —Estas instituciones son absolutamente indispensables, más importantes que nunca, en la medida en que vamos hacia un período de incertidumbre e inestabilidad. Permanecemos comprometidos con estos organismos multilaterales y creo que lo verá reflejado en nuestras acciones.

    Contratapa
    2023-08-30T20:34:00