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    Varias reformas se hicieron a ritmo “gradual” y “oportunista”; sin una en el mercado de trabajo habrá economías “más escleróticas”

    Si bien Uruguay hizo avances en materia de estabilización macroeconómica, todavía debe dar un “último paso” corrigiendo el desequilibrio fiscal y conteniendo la inflación. También enfrenta “un gap muy grande que cerrar” en materia de infraestructura y en educación de calidad que provea suficiente mano de obra calificada, sostiene Alejandro Werner, director del Departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI).

    “A veces, la implementación de estas reformas fue gradual, un poquito oportunista; no es que no se hizo nada. Fue a un paso en que se aceptaron los tiempos del sistema político y no se trató de lograr una institucionalidad diferente para pensar en una agenda de políticas para los siguientes cinco años y con sus mecanismos de compensación para los sectores que se sientan afectados por las reformas”, reflexionó, aludiendo a la región en general. Otra transformación pendiente, para toda América Latina, está en el mercado laboral; en un entorno de cambios tecnológicos y competencia creciente, las economías que no ofrezcan flexibilidad serán “más escleróticas, con menor crecimiento y con mayores problemas”, advirtió.

    Werner estuvo la semana pasada en Montevideo participando en una conferencia —titulada “América Latina: reformas estructurales para impulsar el crecimiento económico”— organizada por el FMI junto al Ministerio de Economía y el Banco Central. En ese marco habló con Búsqueda y dio contexto político al análisis económico típico de su posición en un organismo multilateral.

    —Usted dijo en la conferencia que para América Latina quedaron grandes retos “tapados” por el boom de los commodities de los años recientes. ¿Cuáles son esos desafíos en el caso de Uruguay?

    —Más allá de la estabilidad macroeconómica —que se ha logrado, pero debe dar el último paso para una consolidación fiscal e inflación más baja—, los temas de fondo están en lo que hace al crecimiento estructural y en mantener las tendencias de crecimiento inclusivo que hemos visto en Uruguay. Y por ese lado, la infraestructura es muy importante, así como la educación, para toda América Latina. Uruguay y Chile regionalmente figuran mejor en términos de calidad educativa, pero cuando los comparamos con sus competidores a escala global obviamente hay un gap muy grande que cerrar. También en infraestructura.

    Además, Uruguay, como miembro del Mercosur, en política comercial tiene también el reto de lograr una mayor integración regional que le permita bajar costos de transacción y tomar mayores beneficios de economías de escala. Esto es más importante hoy, cuando las economías de América Latina se han desace­lerado.

    Digo todo esto reconociendo que hoy Uruguay es una economía con grado de inversión, con muy buen acceso a los mercados financieros internacionales, con una situación fiscal sólida, con un mercado financiero también sólido y con una flexibilidad cambiaria que es un pilar. ¿Dónde estábamos hace dos décadas y dónde estamos hoy en varios países de América Latina?

    —En la conferencia dijo también que venimos “hablando desde hace décadas” sobre algunos de estos desafíos y que en torno a las reformas en la región no hay un tema de diseño sino de “estrategia política”. ¿Dónde ve concretamente el problema? ¿Son los políticos haciendo siempre cálculos electorales?

    —Tiene toda la razón. Obviamente, la esperanza de todos los analistas es que estas economías converjan de manera más acelerada a estándares de vida que vemos en países de alto nivel de desarrollo. La velocidad a la cual se puede converger de manera sostenible es difícil de determinar. También en el pasado hemos visto economías en América Latina que, en un entorno político que abrió la puerta a muchas reformas —pero tal vez sin un consenso social— , generó efectos positivos en el corto plazo, pero luego hubo reversiones importantes. Entonces, sería muy bueno hacer reformas rápido pero con un consenso social a favor de las mismas al comprenderse que son benéficas para la mayoría. La democracia tiene sus pesos y contrapesos.

    Sobre todo en un momento complicado para la región, tendríamos que pensar un poco más en cuáles son las instituciones o los procesos sociales que permitan avanzar un poco más rápido que lo que se hizo en los años recientes en un contexto económico más favorable. A veces, la implementación de estas reformas fue gradual, un poquito oportunista; no es que no se hizo nada. Fue a un paso en que se aceptaron los tiempos del sistema político y no se trató de lograr una institucionalidad diferente para pensar en una agenda de políticas para los siguientes cinco años y con sus mecanismos de compensación para los sectores que se sientan afectados por las reformas. Conviene empezar discutiendo cuál va a ser el foro, el espacio político y las reglas de juego sobre las que discutimos las reformas, y no entrar de lleno a debatir sobre la primera.

    —Respecto a la discusión de estas cuestiones, ¿el hecho de ser gobernado por una coalición como el Frente Amplio y de haber sindicatos fuertes, hace a Uruguay particular en la región?

    —Sería pretencioso de mi parte, sin haber estudiado tanto, dar una respuesta. Sin embargo, viendo los números de Uruguay tras la última crisis en el país y de lo que vino después, se trata de una sociedad que ha encontrado la manera de lograr un proceso de estabilización, de crecimiento inclusivo y de reformas con resultados muy buenos. Algo hay para estudiar por parte de los politólogos de otros países.

    —¿Se precisa en Uruguay una reforma del mercado laboral que introduzca mayor flexibilidad?

    —Todavía vemos en América Latina mercados que pueden beneficiarse de legislaciones más modernas. ¿Por qué? Porque estamos viendo cambios muy importantes en las estructuras productivas: el marco de la contratación en los servicios es diferente en la industria de manufacturas. En un entorno en el que los cambios tecnológicos son más frecuentes y donde hay mayor competencia, las transiciones laborales de una empresa a otra son mucho más frecuentes que hace 40 años. Y las economías que no permitan estas transiciones con la frecuencia necesaria serán más escleróticas, con menor crecimiento y con mayores problemas. El moverse a estos esquemas será una necesidad para generar mayor inversión en investigación y desarrollo, en innovación, y para tener empresas con mayor grado de aporte a las cadenas productivas internacionales. En ese sentido, en América Latina habrá que tener una legislación laboral acorde; es un reto que se deberá entender muy bien para ir adecuándose a eso.

    —¿Es más fácil o difícil hacer reformas en momentos algo complejos en la economía como el actual?

    —La gente menciona los ejemplos de Australia o de Nueva Zelanda como economías que generaron consensos y pudieron implementar políticas por décadas. En lo particular, y siendo responsable de toda la región pero no siendo un experto sobre Uruguay, claramente soy optimista acerca del futuro de su economía porque vi todo lo hecho en la última década, si bien queda mucho por hacer. Además, por un lado, hoy el país está siendo sacudido por los dos años de contracción económica de uno de sus principales socios comerciales, y algo similar con otro, pero esperamos que eso empiece a cambiar en 2017. Por otro lado, en Uruguay se siguen llevando a cabo proyectos importantes en el sector forestal y de infraestructura que van a tener resultados en los próximos años.

    Esperamos para la economía uruguaya una recuperación del crecimiento en los próximos años.

    —¿Qué tan preocupante ve el nivel de déficit fiscal y de inflación?

    —La situación es de solidez fiscal porque en Uruguay, en el largo plazo, se ha mantenido una política prudente. Ciertamente, el déficit se ha ampliado; dada la mayor preocupación financiera a escala mundial con los productores de materias primas, será muy importante que los planes del gobierno de reducción del déficit se vayan cumpliendo de manera clara para que Uruguay siga manteniendo las condiciones de acceso a los mercados.

    La inflación es una preocupación; niveles más bajos pueden traer beneficios importantes para Uruguay, por ejemplo abaratando el costo del financiamiento. Se debe seguir trabajando para que los precios y salarios se vayan fijando con la inflación esperada de los próximos años.

    Economía
    2016-08-04T00:00:00

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