El desafío ahora es la capacitación. “Algunas veces no conseguimos en el departamento todos los recursos humanos que se necesitan”, aseguró el jerarca.
La dimensión de la economía floridense habría rondado los U$S 950 millones en 2013, si se asume que creció al mismo ritmo que el promedio del país desde 2006 (última medición oficial con apertura departamental), calculó Búsqueda.
La población era de 67.000 habitantes. Los niveles de desempleo son relativamente bajos (5,4% de las personas que pretendían trabajar en 2013), de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística.
“Le ganamos al fútbol”.
El departamento tiene una fuerte base primaria que da cabida a varias agroindustrias, entre ellas una planta de Conaprole.
Florida es “esencialmente lechero”, destacó el presidente de la Sociedad de Productores de Leche de Florida, Alfredo Morales.
En esa cuenca lechera actualmente la remisión a las industrias se incrementó pero menos de lo esperado por los tamberos, pese al clima favorable, comentó.
La principal actividad agropecuaria de Florida es la ganadería (1.414 de las 2.620 explotaciones), según el último censo sectorial. En los años recientes crecieron los predios agrícolas y forestales.
En algunas industrias se realiza un proceso que transforma los vellones de lana sucios y olorosos de las esquilas en un cordón mullido y grueso de un blanco inmaculado: los tops.
Conseguir la materia prima es el principal problema, dicen: el rodeo ovino se ha reducido, y con ello la disponibilidad de lana (de 100 millones de kilos en 1990 a 32 millones hoy).
Aun así, Uruguay es el segundo exportador mundial de tops de lana tras China. “Le ganamos al fútbol”, comentó Carlos Rodríguez, el gerente de Lanera Piedra Alta, la planta industrial de Central Lanera. Según dijo, “debe ser de los únicos rubros en que Uruguay logra esa posición y lo hace porque hay una tradición lanera muy importante” y porque “la tecnología de las empresas es de punta”.
La planta emplea a 60 personas, que procesan la lana provista por unas 30 cooperativas de productores de todo el país. La lana se lava y se peina y en el proceso va perdiendo el olor, el color y los residuos. Al final, ni siquiera hay nudos en la lana y se puede ver cómo las hebras, ya paralelas, se separan sin esfuerzo.
La cooperativa les da la chance a los productores pequeños de recibir el mismo precio por kilo que los que tienen lotes mayores, resaltó Rodríguez. Central Lanera brinda también apoyo financiero y para mejorar la calidad con la genética.
Sus exportaciones llegan a hilanderías de Asia y Europa, donde son usadas incluso por casas de confección cuyas prendas visten a algunas primeras damas extranjeras. La empresa concentra cerca de 15% del total de ventas de lana del país al exterior, por unos U$S 30 millones al año en tops y U$S 10 millones en carne, principalmente de cordero.
La competencia que genera más preocupación es la de la venta de lana sucia y sin ningún proceso al exterior, una “sangría” que impide a las industrias locales trabajar a capacidad plena y aliviar sus costos, señaló el ejecutivo. “Son tan empresarios como nosotros, pero no queremos que tengan ventajas adicionales por no procesar en el país y no ponerle valor agregado”, dijo.
Si bien hay “algunos nubarrones” para las perspectivas del negocio, también hay oportunidades en la reactivación de la economía europea, dijo Rodríguez.
Por otra parte, los costos de energía y mano de obra están generando una pérdida de competitividad creciente, aseguró. “Hace 10 años que tenemos la misma producción, pero yo gastaba U$S 250.000 en energía eléctrica y leña y hoy gasto U$S 650.000. Antes teníamos U$S 900.000 en mano de obra y hoy gastamos U$S 1,8 millones, eso también sale de la competitividad. Seguimos en el mercado porque el valor de la lana subió, si no, no teníamos perspectivas”, sentenció.
Cueros.
Oscar Ferreira toca los cueros de la cooperativa El Águila — nacida en 2012 tras el cierre de la curtiembre del mismo nombre— y sabe exactamente cuál será su destino final y así va describiendo los distintos procesos que llevan. “Acá se aprovecha todo”, comentó durante la recorrida a la planta. El cuero de la cabeza va para Argentina para producir gelatina, el lomo sirve para calzados, y el cuero integral (entero) se usa para vestimenta. La mayor parte de lo que produce la empresa termina en Brasil, que pide cuero curtido (procesado con ácido, cromo y otras sustancias), secado, estirado y ablandado, algunos en máquinas que lo golpean ocho horas continuas. Lo que más dinero da es el cuero a “plena flor”, sin manchas.
La textura entrecruzada de los tapizados se la “tatúan” con rodillos gigantes, luego que el cuero es teñido (con uno de los varios tipos de marrones) y tras agregarle brillo a vapor.
Exporta también a México, Colombia, Estados Unidos y Europa. Y procesa para façoneros locales.
Por día la cooperativa procesa 500 cueros, pero trabaja a 40% de su capacidad. Del Fondo de Desarrollo recibió U$S 470.000 para comprar dos máquinas.
La dificultad hoy es encontrar cueros que curtir. Por un diferendo empresarial, Ferreira explicó que el Frigorífico Canelones envía la mitad de lo que solía y tuvieron que salir a buscar nuevos clientes.
Ahora El Águila espera que el gobierno suba el impuesto a la importación de cuero salado de China, ya que las barracas “están distorsionando el precio” negociando directamente con los frigoríficos y vendiendo a ese país, informó.
“Hoy me piden 5.000 piezas de tapiz y no conseguimos cuero salado ni fresco, así que hago hasta 2.000. (…) El problema que tenemos es el trabajo atrasado”, aseguró el directivo.
La cooperativa tiene 155 empleados fijos y 15 zafrales. Más empleados fijos no se pueden tomar, añadió. Para ahorrar, trabajan los sábados y evitan prender de más la caldera. Alrededor de la curtiembre, escrito en cartón, se lee: “Los cooperativistas también necesitan licencia”.
“Estamos estudiando una revisión de sueldos. Como mantuvimos antigüedad y sobresueldos, estamos arriba del laudo. Eso fue un error. (…) Hoy el nivel que tenemos es rentable. Pero el mes que viene hay que pagar aguinaldo y va a ser bravísimo”, afirmó Ferreira.
Luchan con el cambio que significó pasar de ser empleados a patrones de su propio emprendimiento. “La gente es muy faltadora. Y no entienden que hoy estoy como directivo y en cuatro años voy a estar adentro del galpón con ellos”, dijo.
En el futuro prevén cerrar la sección de terminados y vender cuero semitratado porque es “más rentable”, aunque baje el valor agregado del producto.
Molienda emblemática.
Hay una esquina de la capital donde el tiempo se detuvo; es una postal de principios del siglo XX, ubicada frente a la vieja estación de trenes está el Molino Florida, construido en 1900 y adquirido por sus actuales dueños en 1968.
Unas 80 personas trabajan en la empresa, que mueve 15 camiones y varios servicios conexos. Produce harina de trigo, de maíz, ración para animales y gofio. Lo hace con capacidad ociosa, lo que incrementa los costos.
La aparición de nuevos productos que sustituyeron a la actividad panadera jugó en contra de la industria. En 1970 habían 40 molinos y hoy son entre 12 y 15, afirmaron empresarios.
La producción harinera de Molino Florida se destina casi toda al mercado interno; en exportaciones no es competitiva. Es una industria que “camina, pero sin grandes resultados y sí con grandes dificultades” por los costos elevados y la dura competencia con algunas cooperativas, explicaron ejecutivos. Y opera en un “delicado equilibrio”.
Las máquinas alemanas que transforman el trigo en harina son viejas pero funcionan a la perfección, dijeron los jefes de planta. Primero cortan el grano de trigo al medio y “raspan” la harina del interior. Luego de varios cortes, tamizados, zarandeos y tubos que suben y bajan por las tres plantas del molino, sale la harina especial, común y las sémolas.
Caramelos.
Al sureste del departamento, en la ciudad de Fray Marcos, opera otra industria de tops de lana, se producen verduras y se desarrolla un parque industrial. También hay avícolas, una fábrica de tejidos y silos de acopio de granos.
Allí, desde hace 30 años, también funciona la fábrica de caramelos Zabala. Su director, Eugenio Bril, explicó que la fórmula es la misma que hace 100 años: dulce de leche de Colonia sin aditivos. Unas 10 personas intervienen en el proceso.
Bril relató que la competencia con las golosinas de la región es muy dura y que el mercado está saturado; “la fuerza que tiene la marca” Zabala es la que asegura que la empresa sea sostenible. “Los niños prefieren un alfajor que un caramelo” y el “avance del chocolate” está sustituyendo a las golosinas, añadió.
A pesar de esas dificultades, informó que en los próximos meses la empresa planea invertir para ampliar la línea de productos buscando su inserción en mercados del exterior.
Comercio.
En 2013 la Asociación Comercial e Industrial de Florida llegó a un récord de 425 socios. Muchos de los 1.300 comercios del departamento son microemprendimientos, como almacenes, provisiones y tiendas-boutiques.
La actividad comercial se está frenando. “Hay más cautela este año. En 2013 se mantuvo (el nivel de ventas) y eso ya es todo un tema cuando las cargas impositivas para los empresarios son cada vez más”, dijo Magdalena Urchitano, gerente de la gremial.
En los últimos años el desafío de muchas empresas es la sindicalización. “En 2012 se formaron más de 50 sindicatos, cuando había tres. El empresariado no estaba acostumbrado a que se sindicalicen, a que te tomen la empresa. Pensaban que tenían que cerrar. Pero son las reglas claras para los dos lados”, comentó Urchitano.