• Cotizaciones
    jueves 16 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Verde que te quiero verde

    Nicolás García Uriburu es Visitante Ilustre de Montevideo desde el lunes 9 de abril

    Se hizo famoso porque tiñó el Gran Canal de Venecia (1968). Se subió a una góndola con varios tachos de pintura y los tiró al agua. El acto, artístico y político, se convirtió en todo un símbolo de las primeras grandes acciones ecológicas, cuando nadie hablaba de ecología. “La pintura era especial, no contaminaba” recuerda Nicolás García Uriburu (Buenos Aires, 1937), artista surgido en tiempos del happening, del land art, el body art, el arte conceptual y muchas otras variantes del revolucionario empuje de los años sesenta. El acto de García Uriburu coincidió con la Bienal de Venecia y con el Mayo del 68. “Imaginate”, dice con una sonrisa agradable, dulce, casi permanente. Está sentado junto al ventanal del gran bar de la plaza de Maldonado. Es jueves de Turismo y el lugar está repleto de gente. El olor a frito y el humo no lo afectan demasiado. Tampoco el bullicio o la familia que en la mesa de al lado arrasa con cuatro chivitos completos. Parece la antítesis de su vida, el peor lugar para hablar de arte y de la defensa de la naturaleza, puntos centrales de su trayectoria. Mira por la ventana y elude referirse a sí mismo, a su carrera y a sus anécdotas. Apenas menciona el premio que le darán el lunes siguiente, al mediodía en la Intendencia de Montevideo. Una rareza: “Visitante Ilustre de Montevideo”.

    Hace muchísimos años que vive casi permanentemente en Maldonado, en la ruta 12, en una chacra anclada en el formidable entorno de la Laguna del Sauce. Desde allí, lucha por la defensa del ambiente, por la salud del planeta, donde lo llamen o donde sea necesaria su permanente acción artística. Pero este arquitecto, que ganó el Gran Premio de Pintura Nacional de Argentina en 1998 y el Primer Premio en la Bienal de Tokio de 1975, también pinta, y su obra se puede ver en la colección permanente del Malba. Siempre pintó, y lo hizo con colores intensos, en series con pequeñas y complejas variantes, vinculadas a sus visiones naturales. Pintó sobre paisajes urbanos, sobre el campo, sobre figuras de Argentina, sobre temas más complicados. Pintó una recordada y mítica serie de ombúes, árboles frondosos, densos, firmes, extravagantes figuras de colores imprevisibles, sobre un campo solitario. Pintó también sus acciones.

    Obligado por el periodista, recuerda sus comienzos y su lucha por sobrevivir. “Gané una beca para ir a París. Allí estuvimos un tiempo, fui por un año y me quedé” dice con cierta picardía, siempre contando menos de lo necesario pero con la frase justa para que uno siga de largo. “En París pasamos hambre”, larga como para que el interlocutor tenga algo para digerir, valga la expresión en ese contexto cargado de tentador aroma a milanesas con papas fritas.

    “¡Marchen cuatro canadienses!”, gritó un mozo en el preciso momento en que García Uriburu contaba sus peripecias europeas, emparentadas con el pop art. “Nos pagaban doscientos dólares que duraban hasta el 20 del mes, luego arroz y a sufrir”. Así fue hasta que empezó a vender sus cuadros, a realizar sus “Coloraciones”, a ser conocido y valorado por el público más exigente. Pero París también fue una fiesta. Conoció a Andy Warhol y a Salvador Dalí, aunque no tenía “mucho tiempo para sus extravagancias”, pues había que “laburar”. “Tímido, introvertido” dice apenas sobre el estadounidense. Otro día, ya avanzado su trabajo, apareció Joseph Beuys, figura clave del arte conceptual. Participó en la coloración del Rhin. Sus acciones realizadas desde 1968 hasta 2010 por todo el mundo, incluyen también fuentes en parques y centro de ciudades y, por supuesto, gestos provocativos.

    Vuelve a mirar hacia afuera, a hablar de Maldonado, de su vida cotidiana (“no tengo taller, tengo un lugarcito donde pinto”), de su yoga, del Museo (“Colección de Pintura y Escultura Nacional”) que fundó en pleno centro, instalado en el histórico Cuartel de Dragones. Está preocupado por una mancha en el techo. Por la mancha, el revoque caído y el agua que cae por la pared cuando llueve. Búsqueda lo recorrió un rato antes. Tuvo que sacar algunos cuadros porque corren riesgos de deteriorarse. Son obras importantes. El entrevistado habla de ellas con entusiasmo. Gracias a su aporte y al de amigos o conocidos que valoraron su interés por el arte uruguayo, en especial, los primeros y grandes escultores, desde Juan Manuel Ferrari y José Belloni hasta el legendario José Luis Zorrilla de San Martín. Allí hay valiosos originales en yeso de muchas obras que componen el paisaje escultórico montevideano. También hay cuadros de Rafael Barradas y de José Cúneo, entre otros.

    Como un símbolo ante el valioso patrimonio, hay un cuadro suyo, solo uno, al fondo, cargando de color los oscuros bronces. Le preocupa mucho el museo. No es para menos: es el único en su estilo. Parece mentira que un argentino haya hecho esta obra, inaugurada en 1997 y cerrada a cal y canto en semana de Turismo, cuando el centro de Maldonado está repleto de visitantes que no pueden ir a la playa porque ya hace frío.

    Al pasar habla de los árboles que plantó a lo largo de la Avenida 9 de Julio, de la performance que hizo en el Riachuelo en 2010, apoyado por Greenpeace. “Doscientos años de contaminación, le pusimos”, comenta. Y ríe como un niño que realizó una travesura. Así es este gran artista contemporáneo que sigue en la lucha. El lunes 9 de abril, emocionado, sentado en la mesa de “acuerdos” de la Intendencia de Montevideo, rodeado de algunos amigos, recibió el brevísimo homenaje. Su visita fue fugaz. Y volvió a sus pagos, donde hay una laguna y todavía queda mucha agua por colorear bajo los puentes.