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Trump necesita imperiosamente que algo le salga bien. Si por el momento no puede hacer nada para frenar las guerras, sí puede decidir sobre el rumbo de la economía interna
Trump necesita imperiosamente que algo le salga bien; no puede hacer nada para frenar las guerras, pero sí puede decidir sobre la economía interna
Habitualmente, junio es un mes en el que la plaza granaria mundial se va preparando para afrontar el tradicional mercado climático estadounidense. En rigor, el verdadero período crítico del maíz es en julio, cuando el forrajero atraviesa su floración; y agosto para la soja, cuando la oleaginosa pasa por su período de mayor riesgo en el llenado de granos.
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Sin lugar a dudas, este es el instante en el que tradicionalmente la volatilidad se incrementa y, como un cardumen de peces encerrados en una bahía, cada cazador espera para poder acechar a su mejor presa o, en términos de mercado, cada operador aguarda para aprovechar su oportunidad.
A simple vista parece sencillo, pero en la medida que las cotizaciones van evolucionando las dudas se apoderan de los múltiples cazadores de ocasión.
Hasta acá todo normal, pero imaginemos por un instante que a las variables habituales —como el devenir climático, que tiene impacto en la oferta— se les empiezan a sumar otros factores que no son propios, pero que pueden tener el mismo efecto en las variaciones de precios.
Al respecto, en diciembre del pasado año, y en esta misma columna, hacía referencia al impacto que el triunfo de Donald Trump iba a tener sobre la geopolítica en el año que estamos transitando. Lamentablemente no me equivoqué. Aunque, nobleza obliga, el presidente de Estados Unidos poco pudo lograr, al menos por el momento, de todos los objetivos que se había propuesto.
Todo parece indicar que Donald Trump se encuentra en el peor momento desde que inició su segundo mandato. Se peleó con su espada más cercana, Elon Musk. Lo que dio en llamar Liberation Day, “día de la liberación”, que imponía tarifas recíprocas a todos los países del mundo, no termina de cerrar. Hasta acá, solo con el Reino Unido logró negociar un acuerdo.
Pero lo más complejo de todo es que esa visión altruista a la que hacíamos mención en la columna de diciembre, ya comentada, sobre un primer mandatario estadounidense que tenía la firme convicción de acabar con los conflictos bélicos en el mundo no solo es algo que no está ocurriendo, sino que, muy por el contrario, está escalando.
El sábado 21 Estados Unidos atacó tres instalaciones nucleares de Irán y se sumó a la operación de Israel. Trump aseguró que el programa nuclear iraní quedó “aniquilado”, pero podría llevar a Estados Unidos y al mundo a un destino preocupante. Es probable que Irán responda atacando a las fuerzas, objetivos o civiles estadounidenses en la región y que el conflicto se intensifique.
La economía de Estados Unidos juega
El otro tema importante que enfrenta el presidente estadounidense es el económico, que no está en su mejor momento. Una deuda de más de 120% respecto al Producto Bruto Interno (PBI) da muestras claras de que es el país más endeudado del mundo.
El déficit comercial superó los US$ 910.000 millones en 2024 y si bien durante abril de este año se redujo como consecuencia de las medidas tomadas por Trump sobre aranceles, que no terminan de forjarse, siguen siendo muy altas y nadie estima que se vayan a reducir de forma drástica hasta que Estados Unidos, eventualmente, pueda producir un mayor autoabastecimiento.
Su población crece, pero solo la más anciana. La expectativa de vida se prolonga, algo que crea mayores gastos en salud y seguro social; pero la población joven, la económicamente activa, se retrae. Y, por si fuera poco, la población joven no es lo único que se retrae. En este sentido, el primer trimestre de 2025 mostró una contracción de 0,3% de la economía, por encima de lo que el mercado esperaba, y la primera caída del PBI en tres años.
Así las cosas, Trump necesita imperiosamente que algo le salga bien. Si por el momento no puede hacer nada para frenar las guerras, sí puede decidir sobre el rumbo de la economía interna.
La declaración de la emergencia energética en todo el territorio nacional y la presión sobre el titular de la Reserva Federal, Jerome Powell, para bajar las tasas de interés de referencia son un claro mensaje. También es una clara señal para nuestro sector.
Hace apenas un par de semanas, la Agencia de Protección Medioambiental de dicho país (EPA, por sus siglas en inglés) propuso un uso de aceite con base en biomasa para mezclar con diésel mineral de 5,61 millones de galones, claramente muy por encima de lo que el mercado esperaba. Esta propuesta de la EPA provocó límites de suba en el mercado del aceite de soja en Chicago el día que se dio a conocer.
Por otro lado, una eventual reducción de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal tendría también un efecto alcista para los commodities en general y los productos agrícolas en particular.
Si bien el titular de la Reserva Federal mantiene una postura independiente de las presiones de Trump, la posibilidad de que ello ocurra podría continuar ocasionando depreciaciones en el dólar y posibiliar una mayor competitividad para las exportaciones de productos que cotizan en esa moneda.
Pero, por supuesto, su magestad el clima tendrá la última palabra. En este sentido, los pronósticos para el período crítico son variados y no resultan muy coincidentes unos con otros. Pero el más reciente de la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera del 19 de junio muestra para julio lluvias por debajo de lo normal en el oeste del cinturón sojero-maicero estadounidense, con precipitaciones por encima de la media hacia el este.
Desde el punto de vista de las temperaturas, las mismas se ubicarían por encima de lo normal en buena parte del centro y hacia el norte de la zona productiva.
De nuevo, pareciera no ser tan trillado decir que va a ser un año desafiante desde todo punto de vista, en el que la demanda también tendrá algo importante para decir. No perder de vista estas variables y algunas otras que seguramente se sumarán en el camino será la clave.
* El autor es socio director de Nóvitas, consultora argentina especializada en el mercado internacional de granos.