Es necesaria una disrupción climática para que los precios de estos dos granos suban. Estas disrupciones serán gradualmente más frecuentes, pero el cambio climático es todavía un proceso gradual; golpeó a la India y dio un respiro en Uruguay.
India restringió la exportación de arroz en julio de 2023 debido a preocupaciones sobre la disponibilidad interna y los precios. La decisión se tomó en un contexto de incertidumbre climática con el fenómeno de El Niño, que podría haber afectado las lluvias monzónicas y, por lo tanto, la producción de arroz.
Las restricciones a la exportación se mantuvieron durante 14 meses, hasta que el gobierno indio decidió levantar la prohibición y permitir la exportación a partir de setiembre de 2024. Esto se produjo después de una buena cosecha y un aumento en las reservas de arroz del país, que alcanzaron 32,3 millones de toneladas en setiembre de 2024. A partir de ese momento el stock de arroz de India se disparó.
Las reservas públicas de arroz de la India alcanzaron un máximo histórico de 48,2 millones de toneladas métricas el 1° de septiembre, según datos oficiales publicados el miércoles 17. Este volumen representa un aumento de más del 14% en comparación con el mismo período del año pasado, y supera con creces el objetivo gubernamental de 13,5 millones de toneladas para el 1° de julio, informó el portal Planeta Arroz. Han pasado de no exportar a inundar el mercado.
Según la Asociación de Exportadores de Arroz de la India, se espera que los envíos internacionales crezcan casi un 25% interanual, alcanzando los 22,5 millones de toneladas, el mayor volumen jamás exportado por la India.
“El crecimiento de las exportaciones no ha impedido la acumulación de arroz en los almacenes, resultado directo de la cosecha récord del año pasado”, dijo un comerciante de Nueva Delhi vinculado a una empresa comercial agrícola global.
La llegada de la nueva cosecha, prevista para el próximo mes, podría suponer un nuevo desafío para el gobierno indio, que ya enfrenta presiones de almacenamiento con el volumen actual.
Para los productores uruguayos ha sido pasar del paraíso de un precio excelente que disimulaba los altos costos en dólares a una siembra de enorme incertidumbre. En Brasil, a lo largo de setiembre el precio del arroz fue bajando hasta quedar bastante por debajo de los US$ 12 por bolsa de 50 kilos, es decir US$ 240 por tonelada, lo que confirma la necesidad de rendimientos superiores a los 9.000 kilos para cubrir los costos arroceros uruguayos.
En arroz y trigo la demanda crece lento y eso es algo estructural. En tanto el clima no complique a la oferta, el precio estable y flojo de estos granos es muy difícil de revertir.
La situación sería similar en el maíz sino tuviera dos destinos clave adicionales a estos granos: el biocombustible y la alimentación animal.
El trigo vuelve a ser abundante
Mientras el arroz siente la presión de una fuerte cosecha en Asia, el panorama en el trigo es igualmente complejo por sobre oferta. Y el informe de setiembre del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés) ratificó la sobreoferta global del cereal de invierno. Tras los temores que causó el inicio de la guerra, la oferta se ha restablecido y los precios van en un gradual descenso, que aprieta cada vez más a los productores locales.
En el hemisferio norte está terminando una cosecha récord, y se viene una gran cosecha en Australia, en el sur, y una de mediano desempeño productivo en Argentina y Uruguay.
El informe mensual del USDA de setiembre corrigió hacia arriba la producción de varios países trigueros clave. La de Rusia fue de 83,5 millones de toneladas (Mt) a 85 Mt, la de Ucrania de 22 Mt a 23 Mt, la de Unión Europea de 138,25 Mt a 140,10 Mt; y sus importaciones reducidas de 6,50 Mt a 5,50 Mt.
Las estimaciones de cosecha en Canadá también fueron elevadas de 35 Mt a 36 Mt. Y si venimos al sur, la producción y las exportaciones de Australia fueron elevadas de 31 Mt a 34,5 Mt, y de 23 Mt a 25 Mt. Un alivio muy parcial es la baja de la cosecha argentina, de 19,7 Mt a 19,5 Mt, pero sus exportaciones fueron sostenidas en 13 Mt.
En suma, la cosecha mundial de trigo pasó a ser estimada en 816,2 Mt, contra los 806,9 Mt estimados en agosto. Así, el stock estimado a mediados del año próximo pasó a 264 Mt, frente a los 260 Mt del informe de agosto y a los 261,1 Mt que esperaban por los privados.
El trigo de la próxima cosecha se puede colocar a US$ 195 por tonelada en este momento. Es prácticamente el mismo precio que se ha pagado en los últimos dos años.
Es decir, un grano clave para el oeste –o dos si sumamos a la cebada– no puede esperar precios favorables; y el que es clave en el este está en la misma situación.
En el fondo, lo que sucede es que la tecnología está aumentando los rendimientos y la producción a una velocidad mayor a la del crecimiento del consumo. El consumo crece poco, por dos factores: el crecimiento poblacional global se va haciendo más lento, y la mejora en el ingreso lleva a la sustitución de los granos básicos por otros productos: más proteínas, frutas, verduras, entre otros.
Además, son precios fuertemente políticos, en particular Rusia, que se ha convertido en exportador principal y tiene en el grano no solo una fuente de recursos, sino también una herramienta para generar alianzas políticas.
En el mundo ya hay suficiente inestabilidad como para que no interese a nadie la inquietud social que generan las subas de precio de trigo y arroz, en parte factores que desataron la Primavera Árabe de 2008.
Los altos precios internacionales de la carne, y la diferenciación que Uruguay ha logrado, permiten a la ganadería cruzar esta lógica de peso fuerte. La agricultura también lo pudo hacer en 2022 y 2023, por factores aleatorios, como guerras o sequías que afectan a los competidores. Pero en la zafra 2025-2026 ninguno de estos factores aparece como para rescatar a los cereales más básicos de la dieta.
La muy alta productividad del arroz puede permitir a algunos productores sostener los cultivos. También el arroz en Uruguay tiene alto nivel de diferenciación, pero esos logros tienen límite.
La producción de trigo también ha mejorado mucho en los rendimientos que consigue. Tiene caminos de diferenciación abiertos, por ejemplo, a través de Urutrigo. Pero no es fácil la generación de más valor en competencia con los trigos más duros, de zonas más frías como las del sur de Argentina o los trigos italianos que dominan el mercado europeo.
El maíz logra una situación más favorable gracias al gran momento de la ganadería. Y la soja juega en el límite, porque también tiene un mercado mundial saturado.
El anhelo de una moneda nacional cada vez más fuerte, en coincidencia con una fase de precios internacionales agrícolas débiles, va a resultar en un desafío fuerte para un sector que transita por 20 años de transformaciones radicalmente positivas. Las trayectorias futuras de las áreas sembradas de trigo y arroz darán las primeras señales respecto a su capacidad de competir en la doble adversidad del precio externo y el tipo de cambio local. Por delante está un mundo en el que es mejor negocio alimentar aviones que seres humanos vulnerables.