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    Es momento de no especular con los precios

    Mientras la guerra comercial desatada por Donald Trump sigue con capítulos cada día más bizarros, las definiciones que nos interesan siguen haciéndose esperar. Si bien nadie entiende muy bien cuál es la dinámica de negociación que quiere imponer Estados Unidos al resto de los países en términos comerciales, el desorden interno al momento de manejar algunos aspectos de la política agrícola tiene implicancias para los productos que son de nuestro interés

    Empecemos por lo obvio, la soja. Es el principal producto agrícola de exportación de Estados Unidos y su mejor cliente externo es China.

    Aparte de eso, en los últimos años, producto de la imposición de una agenda verde con un fuerte sesgo hacia los biocombustibles, se realizaron enormes inversiones en molienda de soja para mantener ese curso. Ese es un cambio nada menor, porque modifica la matriz de productos exportados por Estados Unidos.

    No menos importante es que esas inversiones, como todas las inversiones industriales, requieren de reglas claras y un horizonte de previsibilidad, y nada de eso le está dando Donald Trump al sector de oleaginosos de su país.

    Por supuesto, como parte de la negociación en curso entre China y Estados Unidos, los productos agrícolas son un aspecto central –se especula un acuerdo similar al realizado en la primera presidencia de Trump–, pero hoy el mundo es muy distinto al de 2018.

    Brasil es considerablemente más importante en las exportaciones de soja a China. Eso nos deja nuevamente de cara lo que ocurra con la definición de la política de biocombustibles de Trump, un factor clave para definir el ánimo del mercado en los próximos meses.

    Maíz. Con el maíz pasa algo similar. Estados Unidos destina casi 40% de su producción para producir etanol, por ende, cualquier cambio para mal en la mezcla con gasolina tendrá implicancias en el mercado.

    Sume a eso que Brasil va rumbo a una muy buena cosecha de maíz (actualmente en curso) y con el cultivo sembrado en Estados Unidos, en buenas condiciones y sin riesgos evidentes con el clima, es difícil ver un panorama alcista de los precios en el corto plazo.

    Y si bien el mundo sigue consumiendo maíz a una tasa prodigiosa, no se va a quedar sin el cereal en lo inmediato.

    Rentabilidad y capacidad financiera. Una mirada de más largo plazo nos expone otro problema: la rentabilidad de la producción agrícola en el mundo y la salud financiera de los principales compradores.

    Un aspecto preocupante es el deterioro sostenido de las finanzas de los agricultores –en un promedio general– a nivel global, que no la están pasando bien en términos de rentabilidad, y que de forma creciente genera dificultades de pago de créditos.

    En el caso de algunos compradores, especialmente de gobiernos, la capacidad financiera también está comprometida, y esto provoca cambios en la forma de comprar. Se compra lo imprescindible y en el menor plazo posible. Esto hace difícil el proceso de descubrimiento de precios, y con ello complica una labor central, que es de poder hacer coberturas de precios eficientes.

    Uruguay no escapa a este proceso. Queda mucho trigo sin vender de la cosecha pasada, y la ventana para colocarlo se va cerrando con precios que no convencen.

    Con la soja pasa algo parecido. Muchos productores, a pesar de haber conseguido un muy buen rendimiento de los cultivos, quiere especular para ver si el futuro les da mejores precios.

    Como bien dice un famoso hombre de los agronegocios uruguayos: “con el margen del cultivo no se juega”.

    No parece ser un año para especular mucho con precios que no dependen solamente de la oferta y de la demanda, sino que dependen sobre todo de la voluntad de políticos que están enfrascados en otros conflictos.

    Trump y los biocombustibles. Nadie espera que un tema tan importante como la política de biocombustibles en Estados Unidos tenga cambios drásticos, pero Trump ha dado muestras de que le importan poco las consecuencias de largo plazo, especialmente en temas vinculados con el medioambiente.

    A favor de una solución amigable, es que una parte importante de sus votantes son agricultores, que no verán con buenos ojos más daños de los que ya tienen que enfrentar con el clima y los mercados.

    Pero también hay que reconocer que el mundo es otro, y la preponderancia de Estados Unidos en el comercio agrícola internacional es cada vez menor, mientras que otros actores como Brasil toman creciente protagonismo.

    Y Brasil crece en su producción de soja al equivalente de la producción de Uruguay en un año. En una economía global que no crece como debe, lo que no precisamos es más oferta, porque es garantía de precios bajos.

    Agricultura uruguaya. Los agricultores uruguayos están en plena siembra de cultivos de invierno. El trigo seguirá siendo el líder, y tiene por delante el desafío de una mayor competencia con Argentina, que va a sembrar más trigo y va a llegar a la cosecha con un stock muy significativo sin vender.

    La cebada viene mejorando en sus precios, pero está lejos de ser lo que se pretende. Y la canola –y sus parientes–, si bien tiene un cuadro de oferta y demanda global más auspicioso, tiene deberes por hacer para seguir mejorando en cuanto a rendimientos.

    De los tres granos de invierno, la canola es la que tiene mejor pronóstico en cuanto a la conducta futura de los precios.

    La volatilidad seguirá estando presente, y la prudencia indica que es mejor asegurar precios en cuanto haya una oportunidad.

    Sin un problema serio con el clima que afecte la cosecha del trigo en el hemisferio norte, o el desarrollo del maíz y la soja en Estados Unidos, la probabilidad de que los precios cambien de forma significativa en corto plazo es baja.

    Esto no quiere decir que no exista la esperanza de que eso ocurra, pero en todo caso toma más relevancia el hecho de no especular indebidamente con los precios. Si la cosecha es buena nos compramos al menos seis meses de precios estables (y bajos), que hipotecan lentamente nuestra rentabilidad.

    * El autor es doctor en Gestión Agro Industrial, docente de la Universidad de Montevideo, asesor en comercialización de granos y coberturas de precios.

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