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    La agricultura de invierno sumará seis zafras de éxito, con buenas cosechas, diversificación y competitividad

    Es temprano para saber si los rendimientos de este año serán récord en alguno de los cultivos, pero la productividad en todos los casos estará en el podio; trigo y colza alcanzarán uno de los dos mayores resultados de la historia

    Los cultivos de invierno han pasado de ser un complemento de la soja hasta hace 10 años a cobrar un protagonismo creciente. Sostienen una sucesión de zafras de alto rendimiento que les permite competir aún con la adversidad de precios internacionales para el trigo y dólar bajo. La clave del crecimiento es el alto rendimiento en los cereales y el buen precio de las oleaginosas.

    La que se está cosechando ha sido una zafra particularmente desafiante, que empezó con una siembra irregular y una perspectiva baja de precios para los cereales, que se fue confirmando a lo largo del año. Pero los cultivos se fueron armando cada vez mejor hasta concretar un final bastante más alegre de lo que cabía prever.

    Gráficos Busqueda 20 de noviembre_01

    Las cosechadoras van confirmando buenos rendimientos y, a esta altura, las explicaciones vinculadas al buen clima deben contextualizarse. Seis zafras consecutivas que tienen un rendimiento piso de 4.000 kilos por hectárea (kg/ha) como promedio nacional indican que algo importante está pasando, y que va más allá de lo que ocurre con la meteorología.

    Una vez más, en 2025, tanto trigo, como cebada, colza y carinata están devolviendo una productividad que permite esquivar la doble amenaza de precio bajo y costos altos. En la clásica ecuación pxq, el q rescata el partido, especialmente en cereales.

    Todavía es temprano para saber si los rendimientos de este año serán récord absoluto en alguno de los cultivos, pero la productividad en todos los casos estará en el podio, y en trigo y colza sino es récord será la segunda mayor cosecha de la historia. En cebada el podio está asegurado, pero hay pocos kilos de diferencia entre el récord, el segundo o el tercer lugar.

    En trigo es altamente probable que se supere por segunda vez en la historia la referencia de 4.500 kg/ha, aunque es difícil que se superen los 5.000 kilos, algo que se logró hace dos cosechas, aunque en aquel entonces con un área menor.

    La producción 2025, con algo menos de área, será casi idéntica a la del año pasado: 1,5 millones de toneladas, el triple de lo que consumimos anualmente, de modo que quedará un saldo exportable muy cercano a 1 millón de toneladas.

    Gráficos Busqueda 20 de noviembre_02

    El año más flojo en trigo de los últimos seis fue la siembra de 2021, cuando el rinde estuvo en 3.985 kg/ha. En ese momento era un gran registro. La siembra de 2020 fue la primera en la que Uruguay superó como promedio nacional los 4.000 kilos, un piso que en esta cosecha quedará lejano.

    En cebada podría superar el récord de productividad que fue en la siembra de 2020, con 4.791 kg/ha, prácticamente igualado en la siembra de 2023, cuando se cosecharon 4.789 kg/ha. Sin dudas será la sexta cosecha consecutiva por encima de los 4.000 kg/ha.

    El diferencial de los aceites

    Las estrellas de la zafra de invierno, por su resultado económico, tal como estaba previsto, son las Brassicas, los cultivos oleaginosos, donde colza y carinata tienen los precios más destacados y son las que permiten el margen más interesante. En el caso de la colza, además, permitiendo con comodidad el doble cultivo con la agricultura de verano.

    En este caso hubo un comienzo desparejo con lluvias que postergaron las siembras y eso se notará en el rendimiento. Pero también es un cultivo que va en una mejora visible año tras año, y que tiene una brecha significativa respecto a los rendimientos en parcelas de experimentación.

    Va a estar cerca del récord de la siembra de 2021, cuando alcanzó 1.813 kg/ha. Es difícil una estimación de promedio, porque la dispersión de rendimientos es muy alta, y puede que permanezca en niveles similares a los del año pasado. Pero mientras trigo y cebada no llegan a los US$ 200 por tonelada, la colza está casi en US$ 500, y la carinata sobre los US$ 550 por tonelada.

    De modo que una facturación cercana a los US$ 1.000, se alcanza por dos vías, sacando 2000 kilos de oleaginosas de US$ 500 o sacando 5.000 kilos de un cereal de casi US$ 200 por tonelada.

    Pero aunque con facturaciones similares por hectárea, entre los cereales y las oleaginosas hay dos grandes diferencias. La primera: el productor que se destaca con las oleaginosas logra un premio fuerte en el margen, e inversamente, el cerealero que se queda en el entorno de los 4.000 kilos –otrora un gran rendimiento– puede terminar con las cuentas en rojo.

    Por otro lado, el costo de un trigo o cebada que apuntan a un muy alto rendimiento se ubica algo por encima de los US$ 800, aproximadamente US$ 100 por hectárea más que las oleaginosas. De modo que el aumento fuerte del área de colza y carinata de este año, queda demostrado, fue una decisión correcta por parte de los agricultores.

    La batalla por las hectáreas

    En la anatomía de la cosecha 2025 se observa un dinamismo con varias peculiaridades. Mientras la principal zafra de Estados Unidos alterna entre maíz y soja en áreas similares, las campañas de invierno de Uruguay muestran cambios importantes de un año para otro.

    Observemos por ejemplo la 2025. Claramente el agricultor acentuó la apuesta a la colza, con otro factor importante: la carinata parece ser una opción destinada a crecer fuertemente si mantiene el premio en el precio que la deja arriba de US$ 550 por tonelada. “La nueva soja” en memoria a los años en los que el poroto de verano volaba, y la carrera por hacer soja parecía de Fórmula 1.

    La suma de colza y carinata más que duplicó el área del año anterior, y la gran mayoría de los que hicieron esa apuesta acertaron.

    Salvo casos de muy bajos rendimientos, las oleaginosas dejarán el mejor margen promedio y, con el sobre precio, la carinata estira el pescuezo para ganarle levemente a la colza.

    Pero la biología manda, no se puede sembrar lo mismo dos años seguidos. La alternancia entre cereales y crucíferas es importante. Por lo tanto, hay otra batalla por las hectáreas cerealeras en las que el trigo con las condiciones actuales le empieza a ganar a la cebada. Y lo hace por dos vías: una es el rendimiento. El techo del trigo es cada vez más alto. El trigo en Uruguay se ha despegado de los rendimientos de Argentina o de Estados Unidos, y ha generado una cierta brecha con la cebada de unos 300 a 500 kg/ha.

    Y por otro, las exigencias de calidad de cebada son tales que el precio termina muchas veces conformando por la ecuación entre la que es apta para malteo y la que queda como forrajera.

    La fortaleza del sector corralero permite una buena valorización de la cebada forrajera, hoy entorno de US$ 180 por tonelada, frente a los US$ 195 de la que es para maltear.

    Pero el propio proceso de cuestionamiento por detalles de calidad, como el calibre o el eventual exceso de proteína, el trigo ofrece más kilos y más simples de colocar. Si no hay problemas graves, el trigo es trigo.

    Mantiene así un área estable superior a las 300.000 hectáreas, mientras la cebada bajó su superficie 37%. Colza y carinata ganan 100.000 hectáreas de 103.000 a 203.000 hectáreas. La misma cantidad pierde la cebada, de 270.000 hectáreas en 2024 a 170.000 hectáreas este año.

    El trigo se mantiene como el patriarca de los cereales de invierno, duplicando en área al cultivo maltero luego de que en años anteriores las áreas casi se igualaran.

    Otro cambio potencialmente muy relevante es el surgimiento de otros cultivos: la camelina, el lupino, las arvejas. La competitividad de la agricultura de invierno de Uruguay no solo se ha construido en base a altos rendimientos: se va convirtiendo en un portafolio de cultivos que se va transformando de acuerdo a las relaciones de precios y la evolución de la demanda.

    Para la cebada, que logra un producto altamente diferenciado y ha ampliado la capacidad industrial, hay seguramente un desafío más comercial que agronómico para crecer en un ambiente mucho más competitivo.

    Lo que ven los protagonistas

    Para el productor y gerente general de Greising y Elizarzú, Carlos Dalmás, la cosecha viene retrasada y por ahora hay datos muy parciales. Hubo muchos problemas de implantación en colza y, por lo tanto, los resultados son desparejos. Los que se implantaron bien suelen superar los 2.000 kg/ha de rendimiento en la franja de 2.000 a 2.100 kg/ha. Mientras los que tuvieron problemas de implantación se ubican en una franja entre 1.300 y 1.800 kg/ha.

    Factiblemente el rendimiento en colza a nivel nacional se ubicaría en 1.600 kg/ha, pero eso por la heterogeneidad de siembras y lo importante del área.

    En trigo y cebada los cultivos estiraron el llenado de grano por los fríos, y eso se traduce en rendimientos altos.

    Los problemas de calidad son menores. Aunque aparece algo del temido Fusarium en trigo, algo que hace tiempo no aparecía, por algún episodio de lluvias con altas temperaturas. Va a afectar un poco el rendimiento, pero no la calidad, porque es grano que no se llenó. “No van a ser rendimientos récord, pero andarán cerca”, consideró.

    El agricultor Gabriel Carballal enfatizó en los cambios tecnológicos que están ocurriendo y coincide en la dispersón de rendimientos de colza, cultivo en el que “la productividad este año va de 1.000 a 3.000 kg/ha, con epicentro en los 2.000 kg/ha”.

    El presidente de la Asociación Agro-Ppecuaria de Dolores (AAD), Enrique Carlos Oyarzábal, ve muy interesantes los resultados que van a darse en los cereales. Le preocupa la demora en la cosecha “prácticamente al 20 de noviembre no tengo 1 hectárea cosechada ni de trigo, ni de cebada, ni de colza, ni de carinata, eso me pone muy ansioso”, explicó.

    Se mostró preocupado por los rechazos en la cebada, donde se ven problemas de calibre y hay gente ansiosa que cosechó grano verde. Los mejores resultados los ve en trigo.

    “Hace mucho que no teníamos una primavera con las lluvias tan bien distribuidas y con un despeje rápido tras las lluvias que permitieron muy buena luminosidad. Hay variedades que aumentan potenciales, hay manejos que también han cambiado. Tal vez falta más encalado para levantar más los rendimientos. Hay muchos suelos con menos de 5,5 de pH, lo que revela un problema de acidez en los suelos que hay que pensar cómo se va a resolver”, analizó.

    El presidente de la AAD entiende que hubo situaciones de subfertilización, por momentos de altos precios de los fertlizantes nitrogenados, cuando se aplicó lo justo de fósforo y correcto el potasio, que tuvo precios más accesibles.

    Competitividad agrícola uruguaya

    En opinión de Carballal, “hay un muy buen manejo de la fertilización, que no es necesariamente aplicar más”. “Sería bueno ver qué porcentaje del área se maneja con fertilización variable y agricultura por ambientes. Es una proporción que viene creciendo fuertemente y allí se está corrigiendo nitrógeno, fósforo y potasio. Aplicamos nitrógeno en cebada con valores de NDVI, porque había zonas desparejas. Usamos el índice para aplicar más fertilización donde había más plantas y viceversa. Eso impacta tanto en el rendimiento como en la calidad. De esa manera se evitan excesos de proteína que generan rechazo por parte de las malteras”, planteó.

    Agregó que todas esas tecnologías que se están utilizando están generando un diferencial para Uruguay. Obligados por la heterogeneidad de suelos ha llevado a ambientar los campos potenciando las zonas mejores y ahorrando en las zonas de menos potencial.

    Las complicaciones propias de Uruguay parecen haberse convertido en fortalezas. “Los altos costos obligan a agudizar el ingenio, usar más tecnología y aparecen herramientas nuevas de manejo, junto a materiales genéticos de muy alto potencial, tanto en trigo como en cebada. También en sanidad hay un muy buen nivel técnico, y eso se va notando. El productor también trabaja siempre con un agrónomo, y eso se nota en el manejo de los cultivos, no deja de ser importante”, explicó.

    Carballal ya ha avanzado en la cosecha de colza y cebada. En el “boca de urna” de la cosecha los resultados son “de buenos a excelentes, podríamos decir muy buenos para todos los cultivos”, indicó. Agregó que la canola tuvo “muy buenos resultados y sin problemas de calidad”.

    En la cebada dijo que siempre está la calidad de recibo para una variedad. “Es algo recurrente, hay que pensar el tema de calidad de la cebada, porque todos los años hay una proporción demasiado alta. Es un tema a conversar con las malterías”, consideró.

    Estimó que la canola debe estar cerca de los 2.000 kg/ha como el rendimiento más común, en un rango de 1.700 a 2.000 kg/ha, pero hay algunas chacras que llegan a 2.600 kg/ha. Si eso se cumpliera como rendimiento promedio nacional sería récord.

    También en la carinata, cultivo emparentado con la canola, se están viendo resultados muy buenos, parecidos a las colzas, pero con un muy buen precio. Sigue siendo el más rentable de todas las opciones de invierno, y el año que viene espera que tenga un crecimiento en área.

    Señaló que en la cebada el rendimiento está muy por encima de lo que parecía. “Esperábamos 4.700 kg/ha y luego de cosechar los potreros estuvieron arriba de 5.000 kg/ha. El llenado de grano fue excelente”, destacó.

    Carballal explicó que en trigo “lo que viene sonando es que está teniendo rendimientos excepcionales y puede pelear un récord”. Confirmó que los productores de la zona núcleo con frecuencia están superando los 5.000 kg/ha.

    “Es un muy buen comienzo, aunque falta mucho, pero se ven cultivos excepcionales, que venían bien, pero en el tramo final mejoraron muchísimo. Los períodos reproductivo y de llenado de grano fueron muy buenos”, valoró.

    Los cultivos aceleraron su productividad en el tramo final del ciclo. “El llenado de grano es la clave, porque es donde logran expresar el manejo, la nutrición, la genética, y si el clima es bueno en el tramo final las virtudes se expresan multiplicadas”, analizó.

    “Con los suelos generalmente limitados que tenemos, somos muy clima dependientes. Y este año, con una lluvia por semana, luminosidad, gradientes de temperatura fríos en la noche y cálidos durante el día, se dio todo perfecto para el llenado de grano”, explicó.

    El ingeniero agrónomo recordó que “muchas veces erramos las estimaciones por esa flexibilidad del llenado de granos”. “Algunos años los cultivos vienen muy bien, pero puede faltar agua en la última etapa y luego decepcionan, y viceversa. Este año los cultivos no se ven exuberantes, están correctos, pero esos granos pesan mucho más de lo habitual, hay más granos, y más peso de cada grano, y eso se lo debemos al clima de los últimos 60 días, que ha sido perfecto para cultivos de invierno”, insistió.

    Más allá del clima estimó que “hay un 2% de mejora de rendimiento por genética por año en casi todos los cultivos, esa es la tendencia”, analizó. Pero también puntualizó que “luego hay que tener las condiciones para que la genética se exprese”.

    “El productor uruguayo tiene una capacidad de adaptación que pocos agricultores en el mundo tienen. La combinación de primera y segunda y de tantos cultivos, y pastoreo mezclado con agricultura es algo que en el exterior llama mucho la atención, y es una respuesta a las limitaciones de suelos, de costos que tenemos”, explicó Carballal.

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