Uno en el Uruguay agropecuario no se aburre nunca. Desde los conflictos sindicales, como el de la pesca o la industria láctea, hasta los esfuerzos de intervenir mercados. La verdad es que hay para todos los gustos.
Uno en el Uruguay agropecuario no se aburre nunca. Desde los conflictos sindicales, como el de la pesca o la industria láctea, hasta los esfuerzos de intervenir mercados. La verdad es que hay para todos los gustos.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLo que más me sorprende es la capacidad que tenemos como país de centrarnos en lo accesorio, cuando deberíamos poner foco en lo importante. Pasan las semanas y los meses y seguimos en el mismo trillo, es como que no queremos avanzar, o al menos discutir las cosas importantes con más madurez.

Tomemos por caso la carne bovina. Empezamos con el episodio de la suspensión momentánea de permisos para exportar ganado en pie para faena inmediata, luego con las discusiones sobre si permitir o no la importación de ganado para faena, y finalmente una propuesta de un senador de la oposición (Sergio Botana, del Partido Nacional) de prohibir a la industria frigorífica tener corrales de engorde.
En mi concepción del mundo, el mercado es el mejor asignador de recursos que existe, aunque en circunstancias muy especiales requiere de cierta regulación. Intervenir en un mercado (por loables que sean los fines) tiene que ser muy bien calculado e implementado para que sea posible justificarle a la sociedad civil los esfuerzos de la intervención. Y en ese sentido me resulta muy difícil de entender esta manía por regular lo que anda bien, o al menos regular algo de lo que nadie se queja.
La propuesta del senador Botana de impedirle a la industria frigorífica tener corrales de engorde es la última perla de esa manía regulatoria que padecemos en Uruguay.
Y debiera agregar: manía regulatoria sin un fin claro de explicarle a todo el mundo por qué hay que regular esto. Si los precios del ganado estuvieran por el piso, y hubiera pruebas fundamentadas de una mala praxis empresarial, se puede entender el planteo del tema. Pero el caso es el opuesto. Hoy nadie en la ganadería se queja de los precios ni de maniobras específicas para apretar un determinado eslabón.
Distraernos en estas discusiones bizarras nos quita el foco de las cosas de más largo plazo, que tenemos que resolver con más urgencia. A saber: cómo nos afecta que nuestros vecinos sean libres de aftosa sin vacunación, que se planteen discusiones que no hacemos, como el uso de hormonas, o cómo compatibilizar nuestra agenda ambiental con la necesidad de intensificar la productividad.
Visto desde afuera parecen esfuerzos desconectados con la realidad que se quiere afectar. Lo primero es justificar las causas que impulsan a intervenir. Pero las formas son importantes, y se debería enmarcar en la institucionalidad que representa a los actores para que la discusión tenga sentido.
Yendo al fondo de la cuestión, no entiendo por qué a la industria frigorífica se le prohibiría tener corrales. El argumento de que es para impedir que manipule el precio es difícil de justificar, por cuanto Uruguay exporta el 70% de su producción, y el que pone el precio es el mercado externo. Y si la cuenta da para el corral del frigorífico, da para el corral del productor de a pie.
Recordemos que la tabla de salvación de la agricultura del Uruguay fueron justamente los corrales, que permitieron la valoración del grano en carne, y que fue justamente la industria frigorífica la que impulsó en esa coyuntura el desarrollo del corral como herramienta productiva que luego se expandió hasta nuestros días.
Y si hoy no existiera la demanda de granos de los corrales de engorde, el maíz no valdría lo que vale, sino bastante menos. Y si lo que preocupa es el precio que recibe el productor, podemos seguir con investigar el precio de la leche que recibe el tambero o el de la manzana que recibe el productor granjero.
Si los señores ministros o legisladores están faltos de temas importantes en la agenda agropecuaria para arreglar cosas que no funcionan bien, o que representan un riesgo significativo para el país, se me ocurre una larga lista de temas para sugerirles.
Empezando porque sin datos claros y confiables no se pueden tomar decisiones, y mucho menos medir las consecuencias de las acciones. Hay un enorme trabajo por hacer en materia de información.
Estamos a las puertas de una nueva zafra de verano, con una perspectiva climática desafiante. Con precios planchados y un problema climático, que es justamente lo que no necesitamos. Mientras tanto seguimos a la espera de que mejore la oferta de seguros contra eventos extremos de clima.
Con suerte, un tercio del área de cultivos de verano tendrá cobertura de rendimiento, el resto posiblemente nada. Y corremos el riesgo de que cada zafra que no logra cubrir los costos termine en un problema financiero todavía más importante del que ya existe. Pero estos temas no son de relevancia en la agenda de la política agropecuaria uruguaya, al menos por el momento.
Por supuesto que hay muchos temas importantes que hacen al desarrollo del Uruguay agropecuario, pero es necesario tener un mínimo de coherencia en el mensaje. No hay mucho margen para equivocarse, lo que corresponde es ordenar la agenda de temas y dedicarse a las cosas que son importantes y no a las accesorias.
Como decía san Francisco de Asís, “empieza haciendo lo necesario”. Si el Uruguay político no ordena sus discusiones, el futuro será imposible.
* El autor es doctor en Gestión Agro Industrial, docente de la Universidad de Montevideo, asesor en comercialización de granos y coberturas de precios.