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    Los desafíos “esperables” para el nuevo año

    El año 2025 va llegando a su fin, y si bien la gran mayoría de las personas y de las empresas comienza a hacer un balance de lo sucedido, particularmente prefiero proyectar hacia adelante. El pasado resulta un tanto contrafáctico, casi siempre.

    Usando el modo subjuntivo para explorar alternativas: “Si hubiera pasado X, entonces habría ocurrido Y”, no es algo que podemos cambiar. Y si bien sirve y mucho para tratar de no cometer los mismos errores del pasado, a veces e inevitablemente, vuelve a suceder.

    “El ser humano es el único que tropieza siempre con la misma piedra”, se atribuye a la obstinación, al capricho o a la esperanza de obtener un resultado diferente al repetir las mismas acciones.

    Es por eso que, a diferencia del pasado, analizar lo que puede pasar en el futuro tiene ese “no se qué”, mezcla de romanticismo con ir en busca de lo desconocido.

    El 2026 plantea un sinnúmero de desafíos para nuestro sector y para nuestro mercado. Ni más ni menos que otros años, aunque muy probablemente diferentes. Todavía estamos en vísperas del mercado climático en nuestra región, en donde Brasil arranca primero la carrera para tratar de zafar de cualquier escenario climático desfavorable.

    En el caso de nuestro vecino, los tiempos se extienden considerablemente, teniendo en cuenta la inmensidad de tierras productivas que posee a lo largo y ancho del país. La soja en Mato Grosso, por ejemplo, ya se encuentra en pleno período crítico de floración, con la trilla desde fines de enero próximo.

    Por su parte, el maíz de safrinha –que se siembra en esa zona a continuación de la soja– se va a estar cosechando para julio del próximo año. Ni hablar los cultivos más al sur del gigante sudamericano, más parecidos a los tiempos de Argentina, Uruguay y Paraguay.

    Veremos que acontece, algunos pronósticos muestran zonas con muy buenas recargas de agua, y en otras regiones la situación podría no ser tan halagüeña.

    Por otro lado, las cuestiones macroeconómicas a escala global y las ya clásicas vinculadas a la geopolítica, estarán a la orden del día. En este último caso, el riesgo siempre es Donald Trump.

    El hecho de estar dependiendo de las decisiones de una sola persona, que puede levantarse con un mal día y resolver cuestiones clave a nivel global, sigue siendo algo crítico que, sin lugar a dudas, mantendrá los niveles de volatilidad en máximos de forma permanente.

    En otro orden de cosas, pareciera más claro el panorama macroeconómico en los Estados Unidos. La decisión por parte de la Reserva Federal de ese país (FED, por sus siglas en inglés) de bajar las tasas de interés durante los meses de septiembre, octubre y diciembre (en línea con lo esperado), preparan el terreno para que el próximo titular de la entidad que va a asumir en mayo del próximo año, continúe con esa tendencia. Mucho más, si es afín a los pensamientos del actual presidente norteamericano.

    Trump ha declarado, en este sentido, que planea anunciar su nominado para el puesto a principios de 2026. El candidato nominado debe ser confirmado por el Senado de Estados Unidos antes de tomar juramento.

    Se especula con varios nombres como posibles sucesores, entre ellos Kevin Hassett y Kevin Warsh, aunque todavía no hay una confirmación oficial. Pero pareciera claro que ambos, estarían en línea con la idea de Trump de bajar más rápidamente las tasas de interés.

    Ello podría impactar en el valor del dólar estadounidense, generando una depreciación del mismo, colaborando con una mejora en las cotizaciones de los commodities a nivel general.

    Pero si hay un dato que el mercado va a estar siguiendo de forma permanente es el ritmo de exportaciones en el país del norte, tanto de maíz y mucho más de cerca en el caso de la soja. En este último, el reciente acuerdo comercial con China no logra todavía generar el entusiasmo deseado entre los operadores.

    Es que, si bien la administración con sede en Pekín está permitiendo la adquisición de soja estadounidense, el ritmo de las ventas externas de la oleaginosa dista mucho de los valores que proyecta el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés).

    Al momento de redactarse la presente columna, las ventas reales de soja de los Estados Unidos al exterior totalizaban un 46,6% de total proyectado por el USDA. Sin embargo, a esta altura del año, y teniendo en cuenta el ritmo normal e histórico de las exportaciones, se estima que las mismas deberían ubicarse por encima del 65%.

    En rigor de verdad, existen unos 20 puntos porcentuales de diferencia, que van a ser claves para determinar el nivel final de las existencias de soja estadounidense.

    En el caso del maíz, en cambio, el ritmo de ventas externas se ubica por encima de lo proyectado por el USDA. Los buenos márgenes para transformar maíz en carne podrían determinar, no solo mayores exportaciones estadounidenses del forrajero, sino también un considerable consumo interno.

    Evidentemente, el cultivo que tiene las condiciones más complejas, por lo menos por el momento, es el trigo. Con una producción mundial récord que superaría los 837 millones de toneladas para la temporada 2025-2026, parece difícil que esta vez no se acumulen stocks en el cereal de invierno.

    De hecho, las estimaciones de los principales organismos internacionales dan cuenta de una reversión en la caída de los días de abastecimiento con el nivel de existencias finales, para pasar a incrementarse.

    Si a ello le sumamos la buena performance productiva, tanto en Uruguay como en Argentina, la situación resulta complicada.

    Argentina, con una producción que estaría superando los 26 millones de toneladas, debería exportar más de 16 millones. Si Brasil importara unos 6 millones desde Argentina, restaría vender fuera del Mercosur algo más de 10 millones de toneladas, una cifra inédita.

    El escenario está planteado, los desafíos también. Hay un viejo adagio que sugiere que la cura de la ansiedad no es la tranquilidad, sino la confianza. Esta última resulta en una herramienta de extrema potencia cuando la producción va encauzándose y los precios, sin ser extraordinarios, logran generar ciertos niveles de rentabilidad en un contexto harto complejo, tanto a nivel global como a escala regional.

    En definitiva, de eso se trata. Este es un negocio productivo y tanto los precios como los costos tienen que contribuir a ayudar a que el rendimiento del cultivo genere rentabilidades positivas.

    Nadie dice que sea fácil. Probablemente la actividad agropecuaria sea una de las más riesgosas del mundo, ya que el clima no se puede manejar, al menos por el momento.

    Es por eso que hay que tratar de “anclar” todas las otras variables para no seguir aumentando el riesgo. El mejor consejo que puedo ofrecer luego de casi 30 años de profesión es: “la oportunidad, mata mercado”, y no vale la pena desaprovecharla, nunca. Feliz Navidad y un excelente 2026. ¡Salud!

    (*) El autor es director de Nóvitas, consultora especializada en el mercado de granos.

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