El manejo integrado, con foco en el vector, utilizando insecticidas en el tratamiento de semillas y foliares, además de trampas y un monitoreo permanente, son las claves para combatir a la chicharrita. Así lo resumió el fitopatólogo Marcelo Carmona, de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en una actividad organizada por ADP.
La presencia de esta plaga (Dalbulus maidis) que afecta al cultivo de maíz, ha crecido de forma importante en Argentina y está en Uruguay, fundamentalmente en la región litoral-norte. Carmona advirtió que los inviernos más cálidos “son ideales” para la chicharrita, por lo general soporta hasta 4° C o 5° C, aunque si las hembras están infectadas es probable que soporten algo más”.
Una hembra puede poner hasta 600 huevos, y los pone solo en el maíz, por eso remarcó que “es clave eliminar al maíz guacho”. “Es increíble, pero hay que eliminarlo, hay que manejarlo y hacer un sistema de alerta poblacional. Saber si en tu zona está la chicharrita, si está refugiada o no, y en los primeros maíces que se van sembrando, colocando estas trampas monocromáticas amarillas, pegajosas, para saber cómo va entrando a los cultivos”, dijo.
Sostuvo que los productores deben comprender que “hay que manejar el vector”, porque una vez que está instalada la enfermedad, al tratarse de bacterias sin pared o de virus, “es imposible tomar decisiones”.
Si bien la chicharrita genera problemas productivos, “no es un tema como para dejar de sembrar maíz”, dijo Carmona, de todos modos consideró que “es un tema del que hay que ocuparse”.
Enumeró varias recomendaciones: “hay que tener cuidado con las pérdidas de cosecha de maíz; evitar dejar maíces guachos, que son claves porque el vector sobrevive, se nutre y se multiplica en maíces; elegir los híbridos que mejor se han comportado”.
De acuerdo con las investigaciones de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres de Tucumán (Argentina), los insecticidas que usan los semilleros para maíz, si bien pueden manejar algunos otros insectos, para chicharrita “no alcanzan”. Planteó que “hay que generar investigación y permisos para que se utilicen mayores dosis en el tratamiento de semilla o incluso a nivel foliar”.
También dijo que “es muy importante la coordinación de la región, ponerse en contacto con los vecinos para saber qué híbrido siembran, en qué fecha, si tienen maíces guachos o no, y cuáles son sus estrategias”. Afirmó que “de esta situación se sale con una estrategia colaborativa”, no con una estrategia unilateral de cada lote, y “eso es lo que lo hace difícil a esto”.
El fitopatólogo explicó que cuando no hay más maíz, el vector “se va a los montes, a los cultivos de servicio, a las gramíneas, al sorgo de Alepo”, donde no se multiplica ni se nutre, solo se refugia. “Pero lo podemos detectar a través de trampas o del propio monitoreo”, remarcó.
Daños de la chicharrita
Los daños que genera la chicharrita en los cultivos de maíz son muy variados. Carmona explicó que hay daños que causa el vector, porque “pica y succiona”, y le saca sabia al maíz. El segundo daño es que “el adulto hembra pone los huevos en el envés, en el mesófilo, tiene que raspar, dañar a la hoja y poner ahí los huevos”, señaló.
El tercero es que “excreta cosas azucaradas, y ahí también puede haber un hongo que se llama Fumagina, que no interviene en la vida del maíz, pero sí le tapa la hoja e impide la fotosíntesis”. Y el daño “más importante” que genera el Dalbulus maidis, es la “incorporación de estos cuatro agentes del complejo de achaparramiento en la planta de maíz”, ya que “puede incorporar uno, dos o todos, porque puede transmitir dos bacterias sin pared y dos virus”.
Explicó que, al igual que todo daño de virosis o de bacterias sin pared, “provoca acortamiento entre nudos, a veces exceso de espigas, amarilleo, pérdida de cloroplastos, los márgenes se ponen púrpura hacia adentro, un menor número de granos y especialmente menor peso y tamaño de granos”.
Carmona consideró que la genética “influye mucho”, pero al mismo tiempo lamentó la “falta de conocimiento”, porque “no hubo un programa de mejoramiento sostenido en el tiempo por parte de los semilleros”. También dijo que “se empieza a ver que hay híbridos que se comportan mejor que otros, al menos en rendimiento”.
Dijo que “muchas veces hay plantas, cultivos o híbridos que parece que están con muchos síntomas, y finalmente el híbrido no cae tanto”. En cambio, señaló que “hay otros que tienen pocos síntomas y el rinde cae mucho”.
Principios activos
En general hay varios principios activos que se pueden usar, como Tiametoxam o Imidacloprid, informó Carmona. Agregó que en Obispo Colombres se probó llevar las dosis a los niveles que se usan en Brasil, que son el doble de las que se utilizan en Argentina para combatir la chicharrita. Esas experiencias con Tiametoxam demostraron que “no hubo problemas de fitotoxicidad, pero usando una proporción mayor de Imidacloprid algunos híbridos podrían verse afectados”, comentó. Por lo tanto, dijo que “hay que conocer bien eso previamente, y hacer un test fisiológico de semilla antes de aumentar las dosis”.
Consultado sobre los insecticidas foliares, respondió: “cuando uno monitorea y encuentra una o dos chicharritas por planta, todavía está en condiciones de pensar en insecticidas foliares, pero cuando encontramos por ejemplo cinco o más –se han encontrado hasta 200 o 300 por planta– ya no tiene mucho sentido aplicar, porque no tendrá éxito”.
Recomendaciones en Uruguay
La Dirección General de Servicios Agrícolas (DGSA) del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca, con el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria y la Facultad de Agronomía, en conjunto con el sector privado han elaborado una serie recomendaciones para el manejo de la chicharrita en el cultivo del maíz, donde también se incluyó por parte DGSA la autorización de nuevos ingredientes activos para el tratamiento insecticida tanto en semillas como en aplicación foliar (ver cuadro).
Entre los puntos clave de manejo aparece la regulación de la cosechadora para reducir al mínimo las pérdidas por la cola y bajar la población de maíz guacho, que actúa como reservorio no solo para las plagas sino también para los patógenos. Se recomienda la utilización de herbicidas de las familias FOP o DIM, en función del tipo de resistencia a herbicidas, en chacras propias y monitorear chacras vecinas. Es fundamental que se controle en estados tempranos para lograr mayor eficacia (V3-V4).
Se debe evitar la siembra en chacras con alta presencia o que tuvieron pérdidas importantes por la enfermedad. A la vez, indica que el maíz tardío es más susceptible a enfermarse debido a la dinámica poblacional de la plaga. Y se recomienda acortar al máximo la ventana de siembra, sincronizando en la medida de los posible con productores vecinos.
El momento más susceptible del cultivo para la llegada de la chicharrita y el inicio de la enfermedad es a partir de emergencia y hasta V4, por lo que se recomienda un muestreo semanal aleatorio de los cogollos de 10 plantas consecutivas en 10 zonas de la chacra, desde la emergencia de la plántula hasta el estado vegetativo V8-V10 (Hruska & Peralta, 1997).
Considera que se debe tratar las semillas con insecticidas, al tiempo que recomienda la planificación de la aplicación de insecticidas de acuerdo con la reinfestación de las chacras, mediante monitoreo permanente especialmente enfocado en hojas nuevas y rotando ingredientes activos. Se señala que la enfermedad no tiene tratamiento, solo es eficaz la prevención.