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    El Atlántico avanza hacia la costa y cambia la vida en la desembocadura del Amazonas

    El nivel del mar en la desembocadura del río con mayor caudal del mundo ha aumentado 12,4 cm en tres décadas, lo que ha provocado la erosión de las zonas ribereñas y ha alterado la economía local, según un análisis inédito. Las lluvias y sequías intensas en la Amazonía cambian la interacción entre la desembocadura del río y el Océano Atlántico, creando mareas altas y salinizando la costa. Las consecuencias de estos cambios se observan en la disponibilidad de las especies más pescadas en la costa amazónica. También están íntimamente relacionadas con la deforestación en el continente: para 2050, una reducción del 45% de la selva podría hacer que la pluma del Amazonas llegue con menos fuerza al Atlántico

    Periodista de InfoAmazonia

    La desembocadura. Nos encontramos en el escenario donde se enfrentan dos grandes fuerzas de la naturaleza: el río Amazonas y el océano Atlántico. En la temporada de lluvias, es el río el que avanza más hacia el mar. Luego, en la sequía, es el mar salado el que comienza a ganar la batalla.

    El rastro del río más grande del planeta llega, en su período de mayor caudal, entre febrero y abril, hasta 1000 km hacia el interior del Atlántico. Cuando esta huella, también conocida como la pluma del río, llega al mar, arrastra una gran cantidad de nutrientes. Influenciada por la Corriente Marítima del Norte de Brasil, se desplaza hacia el Caribe llevando alimento a la profusa biodiversidad de los ambientes coralinos de esta parte del Atlántico.

    En este festín de microorganismos y sedimentos que transporta el río Amazonas viven miles de especies, y de ellas dependen toda una sociedad y una economía. La mezcla de las aguas del Amazonas y del Atlántico no sólo dio origen a una de las regiones más hermosas del planeta, sino también a una cultura costera amazónica poco conocida tanto en Brasil como en el mundo. Cuando hablamos de la Amazonía, pensamos en la selva, pero no en la diversidad de paisajes de su litoral. Mucho menos en su mar de aguas turbias.

    En esta sociedad ligada a los peces, a los manglares y al ritmo de la marea, los pescadores, los recolectores de crustáceos y la industria pesquera tienen un papel protagónico. Más cerca de la costa se encuentran los pescadores artesanales y quienes se dedican a la captura de camarones y cangrejos de agua salobre. Un poco más adentro en el mar están las embarcaciones industriales, que arrastran las redes en busca del camarón rosa, la merluza amarilla y los bagres migratorios.

    Pero este equilibrio entre el río, el mar, el hombre y la naturaleza está cambiando rápidamente. El calentamiento global intensifica el ciclo hidrológico en la Amazonía, provocando lluvias y sequías más extremas. Los momentos y las cantidades de agua del Amazonas que llega al Atlántico ya no son tan regulares.

    Osiel Barbosa Balieiro, conocido como “Bicudinho”, un pescador de la playa de Goiabal, sabe que, cuando encuentra en la red la merluza amarilla, la sarda, la lisaza y otros peces de mar, el agua salada, de color más claro, está ganando terreno. Pero cuando él y sus compañeros regresan de la pesca con peces de agua dulce, aquellos que se reproducen en la desembocadura del Amazonas, como la gurijuba, el dorado o la manitoa (tres tipos de bagre), es señal de que el río está prevaleciendo con su coloración fangosa.

    Bicudinho tiene 49 años y lleva 32 viviendo en Goiabal, una playa de unos 40 km en Amapá, el estado más al norte de Brasil. Cuenta que ha sido testigo de grandes transformaciones a lo largo de estos años: la principal fue el avance de las mareas. A partir de 2013, dice, comenzaron a ocurrir con mayor frecuencia las «mareas lanzantes». Son las mareas de «agua grande» que avanzan sobre la costa. Casas, posadas y otros atractivos turísticos fueron destruidos por el mar. Muchos residentes ya se han ido de Goiabal, y casi solo quedan pescadores.

    “El agua salada va empujando”, dice Bicudinho.

    En este tramo de la costa, los pescadores no necesitan un bote para lanzar las redes al mar. El terreno es tan plano que la marea hace el trabajo. Se clavan estacas de madera con una red atada en la arena, en puntos muy alejados de la playa. Los peces que trae la marea quedan enredados cuando la marea comienza a bajar.

    El mar puede retroceder y avanzar, diariamente, de tres a cuatro kilómetros en Goiabal. La playa es una de las pocas franjas de arena en todo Amapá. El resto de la costa está prácticamente cubierto por manglares.

    Precisamente por su topografía extremadamente plana y por estar en la desembocadura del Amazonas, la costa de Amapá es una de las más afectadas por el aumento del nivel del mar en todo Brasil. En promedio global, según datos del Servicio Copernicus de Medio Ambiente Marino de la Unión Europea, el nivel del mar ya se encuentra unos 20 cm más alto que a principios del siglo XX y, para finales de este siglo, las proyecciones indican que podría estar hasta un metro más alto. En la región de la desembocadura del gran río, un análisis inédito realizado para este reportaje revela que, en tan solo tres décadas, el aumento fue de 12,4 cm.

    Las principales razones del aumento del nivel, según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), son el aumento de la temperatura del mar y el derretimiento de los casquetes polares, fenómenos vinculados al cambio climático en curso.

    La erosión acelerada es uno de los signos más visibles del aumento del nivel del mar, pero la salinización de los terrenos y los arroyos cercanos a la costa también la sienten los ribereños y los pescadores. Las áreas inundadas durante más tiempo y el aumento de la salinidad del agua alteran la economía local basada en la pesca y la extracción de recursos naturales.

    En la playa de Goiabal, la mayoría de los habitantes se fueron y casi solo quedaron las casas de los pescadores.

    En la playa de Goiabal, la mayoría de los habitantes se fueron y casi solo quedaron las casas de los pescadores.

    En Goiabal viven solo siete familias, 18 personas, en su mayoría hombres. Las esposas y los hijos están en la ciudad más cercana —Calçoene—, donde hay escuelas y centros de salud. Mientras tanto, los pescadores viven en casas sencillas y pequeñas, equipadas sólo con lo necesario para trabajar, comer y dormir.

    Dormir, en realidad, no tanto. Como señaló una de las residentes, Elita Santos, quien nos hospedó en su posada en Goiabal: «Esta gente apenas duerme porque está pendiente de las mareas». Si la marea comienza a bajar en plena madrugada, los hombres salen caminando siguiendo el retroceso del mar hasta los pilotes. Al llegar a ellas, recogen los peces enredados y regresan caminando con el mar subiendo tras ellos.

    En las primeras horas de una mañana de mayo, un grupo de pescadores se asomaba en el horizonte, sus siluetas negras casi imperceptibles. Al igual que cualquier otro día, habían caminado seis kilómetros, siguiendo el vaivén de la marea. El hijo de Bicudinho, Antonio, y un compañero, Pedro, habían salido a las cuatro de la mañana mientras la marea bajaba. Regresaron principalmente con peces de río: gurijuba y piramutaba (otro bagre).

    Además de la posada de Dona Elita, uno de los pocos negocios que aún funcionan en la playa de Goiabal es el restaurante de la familia de Thiago Monteiro de Lima, de 34 años. Él y sus padres se mudaron del yacimiento de oro de Lourenço, en Laranjal do Jari, hace 12 años con la esperanza de aprovechar el turismo en una de las pocas playas de Amapá. Pero la esperanza en el nuevo negocio no se concretó. Frente a la terraza donde se sirven las comidas, nos muestra el piso de su casa. “¡Este lo rehicimos hace un año!”. Justo frente al piso de cemento están los escombros de la terraza anterior, que fue destruida por el mar.

    Para este reportaje de InfoAmazonia para la investigación Aguas Partidas, coordinada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) en colaboración con el Instituto Serrapilheira y ocho medios de la región, visitamos comunidades pesqueras a lo largo de la costa de Pará y Amapá. Escuchamos cómo se perciben estos cambios desde la perspectiva del conocimiento tradicional. También entrevistamos a investigadores que se dedican a comprender cómo estos cambios a gran escala están alterando la desembocadura del río con mayor caudal del mundo.

    Osiel Barbosa Balieiro, conocido como “Bicudinho”, vive desde hace 32 años en Goiabal y ha sido testigo del rápido avance de las mareas

    Osiel Barbosa Balieiro, conocido como “Bicudinho”, vive desde hace 32 años en Goiabal y ha sido testigo del rápido avance de las mareas

    Aguas grandes

    Cuando escuchamos a los ribereños, muchos nos contaron que las mareas altas sólo se esperaban durante los días de luna llena. Sin embargo, en los últimos años, el cambio es notable y hay mareas de flujo tanto en los días de luna llena como en los de luna nueva.

    La percepción de los residentes concuerda con lo que se observa en los datos. Un análisis inédito, elaborado por el investigador Guilherme Couto, con maestría en modelado computacional de la Universidad Federal de Juiz de Fora, utilizó un modelo Copernicus que combina simulación numérica con observaciones satelitales para la región de la desembocadura del río Amazonas entre los años 1995 y 2025.

    Este estudio muestra una tendencia constante en el aumento del nivel del mar: en las últimas tres décadas, hubo un aumento promedio de 4,13 mm por año. En 31 años, esto equivale a un aumento acumulado de aproximadamente 12,4 cm en el nivel del mar, en promedio, en la región, según el modelo.

    Entre 1995 y 2025, más de la mitad de los años registraron un nivel del mar superior al promedio histórico, según el análisis de Couto, quien forma parte del programa de formación en ecología cuantitativa del Instituto Serrapilheira. En 2025, por ejemplo, durante todo el período, el nivel del mar en la región de la desembocadura del río Amazonas se mantuvo por encima de ese umbral. Es decir, incluso el nivel más bajo de 2025 siguió siendo más alto que el nivel más alto registrado en años anteriores a 2010.

    Los datos corroboran lo que relatan las comunidades costeras de la Amazonía: las mareas altas no solo son más constantes, sino también más prolongadas.

    https://public.flourish.studio/visualisation/30216618/

    Al observar el calendario de inundaciones en la región, es posible visualizar cómo se produjeron estos cambios.

    “Los cuadrados rojos indican que, en ese mes, el promedio mensual del nivel del agua superó la altura registrada en el 10% de los meses más críticos del período de referencia. El patrón visual confirma el cambio climático en la región: los primeros quince años del gráfico son casi por completo azules, mientras que la última década se convierte en un bloque rojo casi continuo”, describió Guilherme Couto en la nota metodológica que detalla los análisis realizados sobre el aumento del nivel del mar.

    Otro parámetro observado en el análisis de Couto es la duración y la gravedad de estas inundaciones causadas por el mar.

    “El panel inferior (sombreado en rojo) representa la gravedad. Responde a la siguiente pregunta: en los meses en que el agua superó la línea de riesgo, ¿cuánto se elevó por encima de ella? La curva ascendente demuestra que la inundación no solo dura más tiempo, sino que es cada vez más intensa en la costa”, señaló.

    Los gráficos muestran que en los últimos años se han registrado hasta 12 meses ininterrumpidos en los que se ha cruzado la línea de riesgo. El tiempo de inundación crítica costera aumenta 3,8 meses cada década.

    Un entorno, muchos ecosistemas

    El entorno de la desembocadura, con su interacción entre el río y el mar, alberga una rica biodiversidad.

    El entorno de la desembocadura, con su interacción entre el río y el mar, alberga una rica biodiversidad.

    El Amazonas es el río que más agua dulce vierte al océano en todo el planeta. Casi una quinta parte de toda el agua que se mezcla con el mar proviene de este enorme río, el 17% para ser más exactos. Por eso, cuando sus aguas se encuentran con el Atlántico, se determina el destino de miles de seres vivos. Esta dinámica de la pluma, junto con las corrientes marinas y los vientos, ha terminado por crear un entorno muy propicio para la vida.

    A lo largo de la costa amazónica brasileña, que se extiende desde el estado de Amapá hasta el de Maranhão, se encuentra una biodiversidad marina sin igual, una de las franjas de manglares continuas más grandes del mundo. Solo en Amapá se concentra el 80% de la extensión de manglares de todo Brasil. Esta explosión de vida también está íntimamente relacionada con el bienestar de las comunidades de pescadores artesanales y con el rendimiento de la pesca industrial.

    “La pluma del río Amazonas es uno de los fenómenos productivos más grandes del mundo”, afirma el ecólogo marino Eduardo Tavares Paes, de la Universidad Federal Rural de Pará, quien lleva quince años dedicado a estudiar lo que él denomina el ‘mar amazónico. Dice que su labor ha consistido en hacer una síntesis de muchos estudios, “uniendo las piezas”, como él mismo dice.

    Paes explica que esta característica única del ambiente marino de la desembocadura del río Amazonas se debe a la relación entre diferentes ecosistemas: los manglares, los arrecifes de coral y la propia pluma del río. Por eso, este mar amazónico puede considerarse un metaecosistema, es decir, un ecosistema que solo existe gracias a la interacción de otros ecosistemas. “La pluma, entre estos ecosistemas, tal vez sea la más importante; con sus nutrientes, es un ecosistema en sí misma. Y por su magnitud, es probablemente el principal modulador de la salinidad del Atlántico”, dice el investigador.

    Eduardo Tavares Paes, investigador de la Universidad Rural de Pará, afirma que sabemos muy poco sobre el “mar amazónico”.

    Eduardo Tavares Paes, investigador de la Universidad Rural de Pará, afirma que sabemos muy poco sobre el “mar amazónico”.

    La pluma, o la estela de agua dulce y nutrientes, se adentra hasta 1000 km en el mar durante los períodos de mayor descarga —por lo general, de febrero a abril de cada año—. Aporta una gran cantidad de nitrógeno y carbono disueltos, lo que garantiza la existencia de una capa de materia orgánica ideal para la supervivencia de miles de especies, como la piramutaba y la merluza amarilla, ambas capturadas en grandes cantidades por los barcos industriales con redes de arrastre.

    Un estudio coordinado por el Centro de Investigaciones sobre Biodiversidad Marina de la Región Norte (Cepnor) del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBIO), publicado en 2025, identificó 3 286 especies que habitan en la desembocadura, muchas de las cuales son especies migratorias. Teniendo en cuenta el estado de conservación de las especies, 67 de ellas se encuentran amenazadas en algún grado según la lista de especies en peligro de extinción en Brasil, principalmente peces cartilaginosos (40%), peces óseos (31%) y aves marinas (11%). Entre los peces amenazados se encuentra, por ejemplo, el dorado, especie que realiza la mayor migración de agua dulce en todo el mundo. (Lee el reportaje especial sobre este pez aquí).

    Paes señala que sabemos muy poco sobre el mar amazónico, un entorno del que dependen miles de comunidades que viven en las costas. Solo en la zona llamada “Salgado Paraense”, 40 mil familias obtienen su sustento de los manglares preservados y de la pesca en la desembocadura. El estudio de Cepnor afirma que “la pesca genera más de 3.500 empleos en la región, creando un mercado para más de 330 empresas formales y 2.796 pequeñas empresas, que generan más de 82 millones de dólares al año, solo en exportaciones”.

    A lo largo de los años, el pargo y el camarón rosa han sido los principales productos exportados de esta región, mientras que especies como el dorado y la manitoa, que son bagres migratorios con ciclos de vida entre el río y el mar, se destinan más al mercado interno.

    “Sabemos mucho más sobre la selva y lo que ocurre en la parte continental de la Amazonía. Son años de investigación sobre los aspectos terrestres de la Amazonía y pocos recursos dedicados a los aspectos marinos”, señala el investigador.

    Janaina Calado, investigadora de la Universidad Estatal de Amapá, orienta a uno de los nuevos monitores del proyecto de ciencia ciudadana.

    Janaina Calado, investigadora de la Universidad Estatal de Amapá, orienta a uno de los nuevos monitores del proyecto de ciencia ciudadana.

    Intensificación del ciclo hidrológico

    Algunos científicos, como el propio Paes y sus colegas del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), han llamado la atención sobre lo que califican como una intensificación del ciclo hidrológico en la Amazonía. Es decir, estaciones húmedas y secas más marcadas. Según estudios publicados con mediciones de estaciones pluviométricas y fluviométricas, la intensidad de las lluvias ha aumentado en las últimas décadas. Este volumen también se ha reflejado en el caudal del Amazonas.

    Existe un «efecto sinérgico» entre el mayor volumen de agua dulce que llega a la desembocadura y el calentamiento de las aguas del Atlántico. El aumento de la temperatura del océano libera más vapor a la atmósfera y, con ello, eleva la intensidad de la temporada de lluvias. Esta mayor cantidad de agua hace que el río tenga más fuerza contra el mar, pero, en realidad, la temporada siguiente, la de sequía, también es más intensa, precisamente por el calor generado por la cantidad de humedad en la atmósfera.

    El investigador Nelson Gouveia, colaborador del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) y actualmente vinculado a la Universidad de Victoria en Canadá, se ha dedicado a investigar cómo el cambio climático y la deforestación pueden estar afectando el ambiente en la desembocadura del Amazonas. Fue él, junto con colegas del INPE, quien publicó en 2019 un artículo en el que describe la intensificación del ciclo hidrológico y cómo esto se relaciona con la deforestación que ocurre en la Amazonía.

    “Estamos deforestando la Amazonía. Esto hace que el agua de lluvia permanezca menos tiempo en la cuenca. Es decir: llueve y el agua ya se escurre hacia la desembocadura y cae directamente al mar. Esto altera la resiliencia de la cuenca en esa zona, el agua se va rápidamente. Entonces, ese proceso de evapotranspiración y la formación de los ríos voladores se ve afectado”, explica Gouveia.

    Otra línea de estudio que se está profundizando busca establecer los impactos de la deforestación sobre el comportamiento de la pluma de la Amazonía en el futuro. En un artículo aún no publicado y en proceso de revisión, Gouveia y sus colegas del INPE modelaron cuál será el impacto en caso de que la deforestación vuelva a aumentar en los próximos años. Una proyección de pérdida del 45% de la vegetación de la Amazonía muestra que podría producirse una reducción del 50% en el caudal de los ríos afluentes al sur de la cuenca del Amazonas. Es decir, aunque el cambio climático pueda estar generando un aumento en las precipitaciones, a largo plazo, la tendencia es a la reducción de la cantidad de agua, señalan los investigadores.

    En la comunidad de Bacaca, en la confluencia entre el arroyo del mismo nombre y el río Amazonas, el proyecto Omara investiga los cambios a través de la ciencia ciudadana.

    En la comunidad de Bacaca, en la confluencia entre el arroyo del mismo nombre y el río Amazonas, el proyecto Omara investiga los cambios a través de la ciencia ciudadana.

    Ciencia ciudadana para comprender los cambios

    Para dar seguimiento a las transformaciones provocadas por el aumento del nivel del mar, como la erosión y el problema de la intrusión salina, investigadores de la Universidad Estatal de Amapá (UEAP), junto con el IEPA, el instituto de investigación del estado, crearon el Observatorio Popular del Mar (OMARA), en alianza con las comunidades ribereñas y costeras.

    El observatorio ya ha realizado mediciones en 72 localidades de 11 comunidades desde 2022. El proyecto, financiado por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPQ), promueve el uso de la ciencia ciudadana en investigaciones sobre los impactos del cambio climático. La práctica consiste en llevar a cabo investigaciones con el apoyo de miembros de las comunidades en la recopilación e interpretación de los datos.

    En mayo, este reportero y el fotógrafo de InfoAmazonia acompañaron a una misión del proyecto OMARA a las comunidades del Bajo Amazonas, a unos 100 km de Macapá, la capital de Amapá. Estas comunidades, a pesar de estar a decenas de kilómetros de la desembocadura del Amazonas en el Atlántico, sufren la influencia directa de las mareas altas y bajas. En la comunidad de Bacaba, en el río del mismo nombre, la investigadora Janaína Freitas Calado reclutó, durante la visita, a un joven de la comunidad para medir la tasa de erosión causada por las mareas altas.

    El nieto de su Nelito es el miembro más joven de la comunidad de Bacaba y ya disfruta del açaí.

    El nieto de su Nelito es el miembro más joven de la comunidad de Bacaba y ya disfruta del açaí.

    Janaína trabaja en el frente de movilización de las comunidades y le mostraba al nuevo investigador ciudadano, Diogo Araújo da Costa, de 16 años, cómo colocar un celular en una estación metálica fija cerca de la orilla del río. Las fotos recopiladas son enviadas por los monitores a un grupo de WhatsApp junto con la información sobre los cambios en la topografía causados por la erosión de las mareas. El estudiante, que cursa noveno grado, también deberá registrar en una ficha del proyecto la frecuencia de las mareas de flujo.

    En Bacaba, Nelito Corrêa da Costa fue el pionero de la comunidad al heredar las tierras de su abuelo. Cuando nuestro equipo de reporteros llegó a la aldea, habitada por 33 familias, los restos de una gran fiesta en celebración de los 70 años de Nelito aún se veían esparcidos por el centro comunitario. Celebraron la historia de la comunidad, que perdura en la memoria del patriarca. En una conversación en la cocina de su casa, donde su nieto de apenas un año disfrutaba de un asaí, él señala los impactos de los cambios climáticos a lo largo de su vida.

    En su opinión, «hace mucho más calor» y la frecuencia de las mareas altas es mucho mayor. «Aquí ahora es constante», dice señalando el agua que se ve por debajo de las tablas suspendidas de su casa. Por eso, dice apoyar el proyecto de ciencia ciudadana promovido por la universidad. «Es muy importante entender qué está cambiando», afirma.

    Por un lado, a Corrêa le preocupa esta intensidad de la marea. Pero, por otro, él y sus familiares han observado un aumento en la producción de asaí, cuya variedad presente en esta parte del Amazonas depende de terrenos inundados para dar el fruto, hoy valorado internacionalmente. Como la marea se ha mantenido más alta durante más tiempo, la cosecha de asaí es mejor.

    Aldemir Santos Corrêa, de la comunidad de Nossa Senhora de Nazaré, en el río Amazonas, en Amapá, ve cómo la marea sube por debajo de las tablas de su casa.

    Aldemir Santos Corrêa, de la comunidad de Nossa Senhora de Nazaré, en el río Amazonas, en Amapá, ve cómo la marea sube por debajo de las tablas de su casa.

    En la comunidad de Nuestra Señora de Nazaret, a unos 10 kilómetros de Bacaba, se encuentra la confluencia del río Macacoari con el Amazonas. Allí, Aldemir Santos Corrêa cuenta que, en los últimos años, algunas casas tuvieron que ser desalojadas debido a la erosión. Mientras hablaba con InfoAmazonia, la marea subía por debajo de las tablas de su propia casa. Una de las hijas de Aldemir, de 9 años, escuchaba asustada lo que su papá nos contaba: «En 15 años, esta parte del territorio ya no existirá». En la escuela a la que asiste, los investigadores de Omara instalaron una regla para monitorear el ciclo de las mareas, una forma de involucrar a las generaciones más jóvenes en el esfuerzo por comprender cómo su territorio está en plena transformación.

    El papá de Aldemir, Paulo Edilson Corrêa, conocido como el señor Martinho, es el más antiguo de la comunidad. Él confirma la percepción de que las lluvias, las crecidas y las sequías ya no siguen un patrón regular. “Estamos a finales de mayo y tenemos una gran cantidad de agua”, observa. Al igual que sus primos de la comunidad de Bacaba, señala que ahora ha sido posible cosechar açaí durante todo el año. “El verano es más corto”.

    La geógrafa Valdenira Ferreira Santos, investigadora del IEPA, es una de las fundadoras de OMARA y estudiosa de la trayectoria de los cambios que se están produciendo en la desembocadura del Amazonas y, en especial, en la costa de Amapá. «Lo que podemos observar es que existen ciclos, que se relacionan con los ciclos de El Niño y La Niña. Pero la intensidad de estos ciclos está aumentando», señala al describir las inundaciones y las sequías extremas que se están enfrentando en la Amazonía.

    Ella enfatiza la importancia de seguir realizando mediciones para saber qué podría suceder con las comunidades, las actividades económicas y la biodiversidad en la región. «Con las mediciones, confirmamos lo que los ancianos están contando. Nuestro trabajo es dar visibilidad a este conocimiento», dijo.

    Erosión causada por las mareas altas en las casas a orillas del arroyo Bacaba.

    Erosión causada por las mareas altas en las casas a orillas del arroyo Bacaba.

    Los impactos en la pesca

    La transformación de la desembocadura implica cambios para uno de los sectores más importantes de la economía de la Amazonía brasileña: la pesca. Pará es el segundo estado con mayor actividad pesquera de todo el país, solo superado por Santa Catarina. El estado tiene un alto consumo regional y también exporta pescado a otros estados y subproductos como la vejiga natatoria, conocida como «grude», muy valorada por empresas extranjeras, especialmente chinas.

    En Pará, tres especies fundamentales para el sector pesquero están vinculadas al ritmo de las mareas: la manitoa, la merluza amarilla y el dorado. Sin mencionar otras especies como los camarones rosados y el camarón regional de agua dulce, que están muy presentes en la gastronomía y desempeñan un papel importante en los ingresos de las empresas pesqueras del estado.

    Apoliano Nascimento, presidente del sindicato pesquero de Pará, se queja de los costos operativos del sector.

    Apoliano Nascimento, presidente del sindicato pesquero de Pará, se queja de los costos operativos del sector.

    La profesora Bianca Bentes, de la Universidad Federal de Pará (UFPA), explica que, a pesar de la falta de datos, es muy probable que haya una disminución en la mayoría de las especies pesqueras explotadas en la desembocadura del Amazonas. Recuerda que hace unos 20 años, cuando realizaba su tesis de maestría, aún era posible encontrar el camarón regional en los arroyos de Belém, incluso en los que se encuentran dentro del campus de la Universidad Federal de Pará. Hoy ya no.

    “De hecho, algunos municipios de esa zona, que solían celebrar el festival del camarón, ya no lo hacen porque no hay camarones. ¿Cuál es nuestra hipótesis? Que se está produciendo una salinización. O bien están desapareciendo, muriendo de hecho, o bien se están trasladando a otros lugares”, dijo Bentes.

    La investigadora cree que algunos hechos recientes revelan que los peces y crustáceos han respondido a los cambios en el medio ambiente. La cosecha récord de manitoa en 2025 fue uno de los ejemplos que citó. Para Bentes, la industria pesquera en la desembocadura obtuvo este buen resultado debido a la sequía extrema que se produjo en toda la cuenca amazónica el año anterior. Como los peces migratorios se guían por el caudal del río para salir de la desembocadura y remontar el río, las manitoas habrían interrumpido su migración debido a la sequía.

    La flota de barcos de Apoliano Nascimento. La mitad de las 24 embarcaciones llevan dos años sin funcionar.

    La flota de barcos de Apoliano Nascimento. La mitad de las 24 embarcaciones llevan dos años sin funcionar.

    El presidente del sindicato de la industria pesquera de Pará (Sinpesca), Apoliano Oliveira do Nascimento, discrepa de la hipótesis planteada por la profesora Bianca Bentes. Según él, las capturas del sector siguen disminuyendo y no se podría afirmar que las variaciones se deban a cambios climáticos. Para él, los costos de combustible y mano de obra son la principal causa de la contracción del sector. Los cambios en la normativa para la exportación de camarón a los mercados estadounidense y japonés, según él, también afectaron directamente el negocio.

    Considerado uno de los principales empresarios pesqueros de Pará, Apoliano es dueño de 24 embarcaciones, de las cuales, afirma, la mitad ha estado fuera de servicio en los últimos dos años. “Hoy en día, poner en operación un barco cuesta 300 mil reales. Ese es el costo de pasar 50 días en el mar. El hábitat pesquero del camarón en la costa norte es inmenso. [...] El precio de nuestro producto no ha seguido el ritmo del costo de la operación”, dice el presidente de Sinpesca.

    En el famoso Mercado Ver-o-Peso de Belém, uno de los principales centros de distribución de pescado de todo Brasil, otro empresario, conocido como Gil da Pesca, también se queja de las condiciones de trabajo, pero señala cambios en la estacionalidad. Su negocio es la venta de la merluza amarilla, una especia muy apreciada y que se puede encontrar en alta mar, a lo largo de casi toda la costa amazónica, desde Maranhão hasta Amapá. Durante años, la temporada de pesca de esta especie se concentraba en los períodos más secos, a partir de mayo. Ahora, no solo la merluza amarilla aparece fuera de temporada, sino que también es difícil encontrar ejemplares grandes como los que se veían en el pasado, explicó el empresario durante un encuentro en Pedra do Peixe, el punto tradicional de llegada de los barcos pesqueros en Belém.

    Bianca Bentes, profesora de la UFPA, afirma que las poblaciones de peces en la desembocadura del Amazonas están probablemente disminuyendo.

    Bianca Bentes, profesora de la UFPA, afirma que las poblaciones de peces en la desembocadura del Amazonas están probablemente disminuyendo.

    La forma como trabaja Gil consiste en proporcionar recursos financieros a los barcos pesqueros. Por eso, a los empresarios que como él equipan las flotas se les llama armadores. En el caso de la merluza amarilla, Gil financia barcos medianos que pasan semanas en alta mar y luego comparten las ganancias de las capturas. Es un negocio de riesgo, ya que la cantidad pescada puede no compensar el capital invertido. Al igual que Apoliano Nascimento, Gil se queja de los costos que implica operar un gran número de barcos. Con la menor cantidad de peces y los precios del combustible, las cuentas no cuadran.

    Son todavía muchas las dudas sobre cómo los cambios que están ocurriendo en la desembocadura del Amazonas, o cómo el aumento del nivel del mar y el cambio climático afectan la vida cotidiana de los pescadores artesanales —como los que visitamos en Goiabal— y de los empresarios y armadores como Apoliano y Gil.

    Muchas de estas preguntas sin respuesta también impulsan a los investigadores a estudiar y alertar sobre los impactos de estas transformaciones. Son reales y parecen acercarse cada vez más a la vida de las comunidades y a la economía que depende de la interacción entre el Amazonas y el Océano Atlántico.

    Referencias científicas

    • Servicio Marino de Copernicus

    (Consultado en julio de 2026)

    https://marine.copernicus.eu/pt

    • Contribución del caudal del río Amazonas al nivel del mar regional en el océano Atlántico tropical

    Por Pierrick Giffard et al. (2019)

    https://www.mdpi.com/2073-4441/11/11/2348

    • Servicio de Información sobre Sitios Ramsar: el estuario del Amazonas y sus manglares

    (Consultado en agosto de 2026)

    https://rsis.ramsar.org/ris/2337?__goaway_challenge=meta-refresh&__goaway_id=f64ef1081acf82c59eb149afc35a015a

    • Una expedición científica registra megadunas submarinas, cañones gigantes y una enorme biodiversidad en el fondo del mar - Sitio web de la UFRA

    (consultado en julio de 2026)

    https://novo.ufra.edu.br/index.php?option=com_content&view=article&id=4035&catid=17&Itemid=121

    5 – Meta-ecosistemas: un marco teórico para una ecología espacial de los ecosistemas

    Por Michel Loreau et al (2003)

    https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1046/j.1461-0248.2003.00483.x

    6 - El papel de la pluma del río Amazonas en la intensificación del ciclo hidrológico

    Por N. A. Gouveia et al (2019)

    https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1029/2019GL084302

    7 - Puntos críticos de biodiversidad y especies amenazadas bajo la influencia humana en la plataforma continental amazónica

    Por Alex Klautau et al (2025)

    https://www.nature.com/articles/s41598-025-11261-x

    8 - Intensificación del ciclo hidrológico del Amazonas en las últimas dos décadas

    Por M. Gloor et al. (2013)

    https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/grl.50377

    9 - La pérdida proyectada de la selva amazónica altera la circulación del Atlántico tropical y el intercambio de calor en la superficie debido a la reducción del aporte de agua dulce

    Por N.A. Gouvea et al (Preimpresión - 2026)

    https://assets-eu.researchsquare.com/files/rs-9752662/v1/6f8b6752-66ed-480f-81c1-5fe58051fe1b.pdf?c=1782788418