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    Cisplatinomics

    Sr. director:

    El 20 de enero de 1817 el general Carlos Federico Lecor, barón de la Laguna, entró en Montevideo al mando de un ejército portugués. No lo recibieron a los tiros sino los notables, entre ellos Nicolás Herrera y Lucas Obes, integrantes de lo que la historiografía bautizó como el Club del Barón: gente pragmática que había hecho la cuenta y concluido que con Artigas había desorden y con Lecor, contratos. Nació así la Provincia Cisplatina, un nombre que resume que éramos "el lado de acá del Río de la Plata".

    Dos siglos después, el Club del Barón sesiona en São Paulo. En mayo, Orsi trajo a su canciller desde Roma y a su ministro de Economía desde un desayuno ADM para cortejar empresarios brasileños de la banca, la minería, la celulosa y la soja. Oddone, que en enero de 2025 miraba el frente fiscal de Brasil con cautela, hoy lo mira con ternura. Este lunes Orsi se reunió con Lula en Nueva York, a la sombra de la ONU, que es donde los países chicos van a que los grandes los reciban; y dirigentes del Frente Amplio ya pidieron respaldar la reelección de Lula frente a Flávio Bolsonaro. Es decir: una fuerza política uruguaya hace campaña en una elección en la que hasta el idioma nos es ajeno.

    Pero esto no se debe a su tradicional militancia transfronteriza, sino a un hecho que horrorizaría al Tea Party.

    BTG Pactual se quedó con todo el HSBC por más de doscientos millones de dólares; el grupo JHSF, el de los hoteles Fasano, con el Enjoy de Punta del Este, más cuatrocientos de reformas; MBRF amplió el frigorífico de Tacuarembó; Ramax entró en Sirsil; BrasPine junta cerca de veinte mil hectáreas en Rivera. Uruguay XXI informa que casi un tercio de las consultas de inversión que recibe vienen de Brasil, cuyo capital ya suma 4.400 millones de dólares. Banco, casino, frigorífico y campo: los cuatro puntos cardinales de la soberanía, hoy con RUT brasileño, adquirible vía PIX.

    Llamémoslo por su nombre científico: Cisplatinomics.

    Ya lo intentamos con Argentina. Durante años hicimos de Uruguay la caja fuerte de los ahorristas del otro lado del río, con secreto bancario y tasas amables, y llamamos "plaza financiera" a lo que era un servicio de custodia. En 2002 el Porteñomics quebró, el corralito del vecino le cerró la puerta a sus ahorristas y los depósitos salieron corriendo por la nuestra: feriado bancario, la banca intervenida, un dólar que más que se duplicó y una crisis importada que se cobró en Montevideo. Aprendimos que quien vive de la solvencia de su vecino la paga con su fiebre.

    La paradoja es que ni siquiera hace falta el comercio para depender. Brasil compra algo más del 14% de nuestras exportaciones de bienes, menos de lo que la retórica supone. No es que Brasil nos compre. Es que nos compra en cuotas, un banco a la vez y ni siquiera cobramos el dividendo. Desde diciembre de 2023 Uruguay creció al 1,6% anual, contra 2,4% de Brasil, según el monitor de la Universidad Católica. Dependemos del ciclo del vecino y crecemos menos que el patrón.

    Cuando en 1828 dejamos de ser Cisplatina fue por mediación de Inglaterra, que nos concibió como estado tapón para que Brasil y Argentina no se devoraran entre sí. Un tapón sirve mientras separa. Casi dos siglos después estamos logrando lo que Dom Pedro no pudo: volver a ser Cisplatina.

    Lecor, al menos fue claro y vino con uniforme.

    Dr. Tomás Bonetti