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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMi reconocimiento a Ricardo Martins, doctor en Sociología y especialista en relaciones internacionales y geopolítica.
En su última edición (24 de setiembre), la sección de Cartas al Director de Búsqueda recoge su magnífica nota titulada “Derechos humanos y geopolítica” (p. 45).
Su tesis es tan clara como irrefutable: “Los derechos humanos pierden toda autoridad moral y política cuando su aplicación depende de la identidad del infractor y no de la naturaleza de la violación (de aquellos derechos)”.
Esta afirmación ha sido corroborada en los hechos una y otra vez. En tiempos recientes, la reacción del vasto universo de las organizaciones de derechos humanos frente a los episodios del 7 de octubre, acaso se erija en su prueba más conspicua. Nos explicamos: ante algunas de las más aberrantes violaciones de derechos humanos en tiempos recientes —quema de niños vivos, extracción de senos y violaciones en y con público (todo ello filmado por los propios perpetradores, ni las SS habían llegado a esos extremos)—, las organizaciones de DD.HH. guardaron el más absoluto silencio.
¿Por qué? Porque las víctimas eran judías. Ahí comprendí que había dos clases de derechos humanos: derechos humanos clase A y derechos humanos clase B. Es decir, bebés clase A y clase B, y vaginas clase A y clase B. Aprendí que las vaginas de todas las mujeres del mundo merecen el amparo de los derechos humanos; salvo cuando se trata de la vagina de mujeres judías, a quienes la protección de los derechos humanos por alguna razón no les resulta extensible.
Justo es decir que, a partir de ese punto de partida, la nota del Dr. Martins se explaya en una serie de desarrollos, a nuestro juicio, menos compartibles. Así, afirma el corresponsal que “Israel es un caso emblemático de preocupaciones en materia de DDHH” —único país de la región donde mujeres árabes acceden a la magistratura o son embajadoras o logran integrarse al ejército—, o que “la UNRWA desempeña un papel fundamental en la ayuda humanitaria y en la educación de los refugiados palestinos” —para nosotros, la UNRWA, con un presupuesto acumulado desde su existencia que supera los billones de dólares, emplea más personal que todas las restantes entidades de la ONU destinadas a atender refugiados conjuntamente consideradas.
En suma: si bien podemos tener matices interpretativos respecto a estos últimos desarrollos del Dr. Martins, en modo alguno alcanzan a conmover la solidez de su planteo inicial. Toda violación de los DD.HH. atenta contra la dignidad humana y, por ende, es condenable, quienquiera que fuera su infractor, incluida (por supuesto) la propia Hamás.
En momentos en que nuestras organizaciones presuntamente defensoras de los DD.HH. promueven una marcha contra el genocidio, el infanticidio y todo cuanto “-cidio” ande en la vuelta, el mensaje del Dr. Martins se nos hace un llamado de atención tan oportuno como saludable: no confundamos terroristas con aterrorizados, ni a los violadores de DD.HH. con sus violados.
Jonás Bergstein