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    Economistas y política

    Por Lector

    Sr. Director:

    Exactamente: hoy quiero hablar de economistas, de política y también de asco. Conozco excelentes profesionales de la economía que no sé si irán a votar la papeleta blanca del Sí el 27 de octubre. Se trata de personas que no solo saben, sino que tienen incorporado a su ser y a sus conocimientos la honestidad moral e intelectual como tatuaje en la frente que los distingue. Pienso ahora en Sofía B., en Gustavo B., en Gabriel L. y en Luis L. Ninguno de ellos ha hecho ni hace cola para ver si ocupan un carguito en caso de que el Frente Amplio gane la Presidencia de la República.1

    La economía de todos los días. Pero economistas, lo que se dice economistas cotidianos, son muchos y muchas que no han pasado por la Facultad de Ciencias Económicas. Así, sería bueno que el futuro gobierno nombrara un consejo asesor integrado exclusivamente con representantes de los jubilados, jubiladas, pensionistas y pensionistas a la vejez e invalidez que deben arreglárselas con menos de $ 22.268 para llegar a fin de mes, ayudando, además, muchas veces a sus familiares más cercanos, entre los que suele haber niños y niñas.

    ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo saben también hacerlo aquellos trabajadores y trabajadoras que ganan menos de $ 25.000 mensuales, o un poquito más de 30.000? Los gobiernos de todos los colores tienen una gran deuda con ellos y con ellas. Muchos y muchas han construido este país y una enorme cantidad lo siguen haciendo en este mismo momento. ¿Cuándo se les pagará lo adeudado a ellos y a ellas y a sus familias? ¿Para qué diablos sirve el “grado inversor” si durante décadas la situación sigue incambiada? ¿Quiénes les están confiscando los bienes y servicios que no tienen?

    (Pero atención: tampoco nosotros, integrantes de la llamada “clase media” u otros incluso “media alta”, somos inocentes ante la situación en la que ellos deben diariamente resistir. En los hechos, también con nuestras conductas sociales o políticas hemos permitido y/o permitimos que permanezca incambiado lo central del modelo de país imperante).

    111 iluminados nos miran por sobre sus hombros. Empezaré diciendo que, entre las varias cosas que me llamaron la atención de los firmantes del tristemente célebre documento, me dejó paralizado encontrarme con el nombre del jamás bien ponderado Fernando Calloia. Con el mayor de los respetos: ¿cómo y quién lo revivió? ¿Quiénes se creyeron que el pueblo se ha olvidado del desastre que fue su actuación al frente del Banco República y, sobre todo, quiénes se creyeron o quieren hacernos creer que el susodicho sabe algo de seguridad social?

    En cuanto al documento, no parece ser producto de un gran esfuerzo intelectual, sino que, por el contrario, repite como loro una gran parte de la canción escrita y musicalizada por el Dr. Rodolfo Saldain. Así, a uno se le revuelve el estómago al leer que “la mayoría de los trabajadores seguirán sin alcanzar su jubilación a los 60 años, sobre todo los de menores ingresos, especialmente las mujeres”. En mi pueblo fraybentino dirían “¡qué rostros de piedra!”. Pero, señores 111, la inmensa mayoría de ustedes ocupó destacados cargos de gobierno entre el 2005 y el 2019 y en los hechos hicieron nada o muy poco para solucionar esta grave situación. ¿Por qué invierten alegremente la carga de la prueba? Son ustedes los principales responsables de que estas cosas sucedieran y sigan sucediendo.

    Agregan que “el plebiscito termina castigando a las y los trabajadores de menores ingresos por su efecto sobre el salario mínimo nacional, y no logra cumplir con la promesa de mejorar a futuro las pasividades mínimas”. Ya se ha sostenido mil veces que esto no es pensamiento puro, sino elucubración nocturna de intelectuales posiblemente mal aspectados.

    Sobre lo primero es sabido que el salario mínimo suele resolverse en cada rama de actividad y —lo más importante— sostener lo que sostienen equivale a decir que el movimiento sindical bajará sus brazos en la lucha sobre este tema. Pero lo que suena a burrada es cuando dice que “no logra mejorar a futuro las pasividades mínimas”. Ya lo he preguntado varias veces: ¿cómo es posible que se diga eso y al mismo tiempo se señale que la reforma que promovemos tendrá un costo imposible de pagar? Obviamente, sea el número que sea, serán cientos millones de dólares que irán a parar a los bolsillos de 308.000 uruguayos y uruguayas que están por debajo de los $ 22.268. ¿Cómo es posible que “cueste” mucho y a la vez “no mejore” a las personas hacia las cuales se dirige el beneficio?

    La continuación de un probable derrape político. “El plebiscito prohíbe el ahorro individual y promete pasividades cuyo pago no se va a poder sostener en el futuro”. Estamos ante otra burrada gigantesca más. Lo que se prohíbe es el ahorro “con destino jubilatorio”, y, por lo tanto, cada cual podrá ahorrar en todos los demás medios que quiera. Y si cientos de miles no podrán ahorrar es precisamente por los sueldos a veces de hambre que se pagan o por otros datos de la situación económica social que no permiten generar esa capacidad de ahorro. ¿Los 111 firmantes tendrán algo que ver con la existencia de esta situación?

    “El plebiscito tiene impactos negativos inmediatos y compromete seriamente la capacidad del Estado de destinar recursos a otras políticas prioritarias”. Este párrafo creo que demuestra que quienes redactaron el documento (que obviamente no fueron los 111 firmantes) pueden haber estado bajo los efectos de alucinógenos al escribirlo. Ya he demostrado en cartas anteriores en Búsqueda con números precisos cómo será el escenario posplebiscito durante los próximos 15 años —conforme, además, con las proyecciones del Centro de Investigaciones Económicas (CINVE)— y ya he denunciado en el número anterior de Búsqueda que quien indujo “los supuestos generales” jurídicos a partir de los cuales se tornó inevitable el inflamiento de los números “del BPS” fue el mismísimo Saldain. (No, señores y señoras “académicos y economistas”, será al revés de lo que ustedes dicen: gracias al triunfo del plebiscito el futuro gobierno tendrá dinero suficiente para combatir la mal llamada pobreza infantil casi de inmediato).

    “El plebiscito convierte en intocables los privilegios de la Caja Militar”. Esto tal vez sea bastante más que una burrada y pueda estar al borde de la mala leche, porque el único reaseguro que hay en la papeleta a plebiscitar alude a las leyes 16713 y 18395, que, como todo el mundo verdaderamente académico sabe, no tienen absolutamente nada que ver con la caja militar. (¿Por qué metieron tanto la pata? Por otra parte: ¿no les suena a los redactores el nombre del exdiputado Darío Pérez? ¿Era acaso representante del PIT-CNT?).

    Para dar por cerrado el tema “de los 111” solo una pregunta: ¿por qué no debaten con quienes defendemos el Sí? ¿Qué fundamento democrático y racional tienen? ¿O forma parte de una compadreada irreverente que desprecia, en el fondo, a quienes pensamos distinto? ¿O, en el extremo, temen que las razones que esgrimen se caigan como un castillo de naipes?

    El asco como protagonista en el final de la campaña. No diré ninguna novedad si digo que nuestros adversarios y enemigos —porque hay que saber que también hay enemigos que no juegan lealmente— están con un chucho bárbaro. Aterrados, ateridos, con un terror pánico a que triunfe la papeleta blanca del Sí. Tal vez por eso, u otras razones que no alcanzo a comprender, la cancha se ha venido embarrando a pasos agigantados.

    ¿Es posible que una actividad que debería ser muy noble pueda llegar a provocarnos asco? ¿Puede descomponernos y alcanzar a darnos ganas sinceras de vomitar? Yo, que estoy lejos de la actividad partidaria desde 1990, no había sentido esas sensaciones ni sufrido literalmente tales malestares.

    Comencé mi militancia en la juventud socialista en 1977/78, fui luego independiente, y en 1982 ingresé a la UJC primero y enseguida me pasaron al Partido Comunista. Siempre entendí que personalidades intachables como el general Liber Seregni, los doctores Crottogini y Villar, Rodney Arizmendi, José Pedro Cardoso, Juan Pablo Terra, Hugo Rodríguez —entre tantos otros— se habían unido personal y políticamente para cambiar el país haciéndolo mejor, más humano, libre y solidario.

    A la luz de algunos hechos que estoy viendo tengo todo el derecho a pensar que por lo menos algunos de los que dirigen la “fuerza política” están muy lejos de perseguir aquellos ideales y muy probablemente no piensan en otra cosa que en ocupar puestos relevantes en la estructura de poder del FA y, si pueden, en el próximo gobierno. ¿Será posible que sean capaces de cualquier cosa con tal de conseguirlo? ¿Adónde quedó el amor al prójimo y aquello de que hay que “endurecerse sin perder la ternura”?

    ¿De dónde vengo y a dónde quiero llegar con este final? Como es por todos conocido, a nivel de bases frenteamplistas hay un fuerte movimiento a favor del Sí, que es muy probable que creció exponencialmente con el documento de los 111. A raíz de estos movimientos de autoconvocados por el Sí se han multiplicado las reuniones informativas en varios lados. Lo que provoca asco es ver que —aunque sean afortunadamente pocos— existan ciertos militantes, por lo general del MPP o de Fuerza Renovadora,2 que estén actuando como dueños de algún Comité de Base, impidiendo la realización de reuniones “informativas” sobre el Sí.

    ¿En dónde quedó la libertad de acción? ¿Qué libertad pueden tener ciertos compañeros y compañeras si siquiera se les autoriza a usar un local que, por definición, debería ser común? ¿Qué tienen para decir Fernando Pereira y los integrantes de la Mesa que conduce al FA? Sería bueno para la política nacional, no solamente para el Frente Amplio, que esos atropellos desaparezcan.

    Si no lo hacen a tiempo, no se enojen después si acudimos a la poesía al final de nuestros dichos, para decir, por ejemplo, junto al admirable César Vallejo: “ (…) Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte. (…)”.3

    Adolfo Bertoni

    Expresidente de la ATSS

    CI 3.289.304-5

    Notas:

    1 Obviamente incluyo a quienes asesoran al comando de Afirmá tus derechos: Antonio Elías, Jorge Notaro y Carlos Viera. Agrego, además, a José Rocca.

    2 Me consta que son una minoría, pero existen y lastiman. Conozco muchos emepepistas y votantes de Bergara que están, aunque callados, con el Sí, y otros que, sin que vayan a votarlo, respetan las acciones de quienes lo promovemos.

    3 Poema LXXV de Trilce.

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