• Cotizaciones
    jueves 07 de mayo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    El cuidado del espacio público

    Sr. director:

    Cuando todo es muro, nada es ciudad

    En Montevideo hay algo que se volvió paisaje, pero que rara vez se vuelve conversación: la ocupación sistemática del espacio público a través de inscripciones. Pintadas deportivas, consignas políticas y marcas publicitarias avanzan sobre muros, veredas, árboles, columnas y puentes, configurando una capa visual constante que muchas veces naturalizamos sin detenernos a pensar en ella.

    No se trata de un fenómeno nuevo ni exclusivo de una práctica. Tampoco es homogéneo: responde a lógicas territoriales, identitarias y de pertenencia profundamente arraigadas. En muchos casos, estas marcas funcionan como señales de comunidad, de presencia y de historia compartida. Desconocer esa dimensión sería simplificar el problema.

    Sin embargo, reconocer su valor simbólico no impide advertir otra cuestión: la ciudad, entendida como espacio común, parece carecer de acuerdos mínimos sobre sus formas de uso y cuidado.

    Cuando prácticamente cualquier superficie se vuelve disponible para ser intervenida, y cuando las fronteras entre lo que admite inscripción y lo que requiere cierta preservación se diluyen, lo que aparece no es solo una mayor diversidad de expresiones, sino también una acumulación que tiende a superponerse. Esa superposición, en lugar de potenciar los mensajes, muchas veces los vuelve difusos.

    En ese escenario, prácticas muy distintas —desde una pintada deportiva hasta una campaña publicitaria o una consigna política— terminan compartiendo un mismo punto de tensión: la relación entre expresión y apropiación de lo común.

    A esta discusión se suma otra dimensión, menos visible pero igual de relevante. Aunque existen normativas vinculadas al cuidado del espacio público, su aplicación en relación con pintadas de carácter deportivo, político o publicitario aparece, en los hechos, difusa.

    ¿Por qué, aun existiendo estas regulaciones, ciertas formas de intervención —como las pintadas asociadas a entidades deportivas— parecen quedar en una zona de escasa regulación efectiva? ¿Estamos frente a un vacío normativo o, más bien, ante un desajuste entre la norma, su aplicación y prácticas culturales profundamente instaladas?

    Más que un problema de control, lo que parece emerger es una zona gris: un espacio intermedio entre la norma, su implementación y ciertas dinámicas sociales que se repiten sin que medie, hasta ahora, una conversación pública sostenida sobre sus límites y sus posibles acuerdos.

    El caso de los edificios patrimoniales vuelve esta pregunta aún más evidente. Allí no solo está en juego un soporte físico, sino una memoria material que excede cualquier identidad particular. Su valor no radica en permanecer intocados, sino en ser abordados desde una lógica de responsabilidad compartida.

    Algunas experiencias recientes de trabajo colectivo en la ciudad, impulsadas por iniciativas como Montevideo Más Linda, buscan situarse en ese punto: no como una respuesta definitiva, sino como una forma posible de intervenir desde el cuidado, la cooperación y la puesta en valor de lo común.

    Quizás el problema no sea que la ciudad esté hablada, sino que todavía estamos aprendiendo a escucharnos en ella.

    Sebastián Angiolini