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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA fines de los años 70, en mi condición de exiliado tuve la oportunidad de trabajar para el gobierno de México durante tres años, en un proyecto de Transporte Masivo de Pasajeros para el Área Metropolitana de la Ciudad de México, que en esos años ya tenía 20 millones de habitantes. Con el apoyo de técnicos norteamericanos que nos envió el intendente de los Ángeles, aprendimos una metodología de planificación de trenes livianos, a nivel, por debajo o elevados, con sus ventajas, costos y problemas. Sobre todo, aprendimos a calcular la cantidad de pasajeros que tomarían cada línea, en cada hora pico y según qué destino, y con esos datos calcular la capacidad del sistema.
Ya me olvidé de todo aquello, y estoy seguro de que los técnicos de nuestra Intendencia de Montevideo y nuestro Ministerio de Transporte están mucho más capacitados, pero como ciudadano me quedó la convicción de que el tramo de trenes enterrados que se proyecta hacer por debajo de 18 de Julio es un tremendo riesgo, no es una prioridad para nuestro país, no justifica el enorme sacrificio financiero para la intendencia ni el comercial para 18 de Julio. Es que no hemos visto los estudios técnicos de demanda que expliquen para qué diablos quieren esos pasajeros llegar 10 minutos antes al embudo de la Ciudad Vieja, o expliquen cómo se extiende la red por otras avenidas o por qué en lugar de las inefables ciclovías no se ponen los amables tranvías que funcionan en tantos centros históricos. En fin, que una herramienta muy linda como es el Presupuesto Participativo, que se usa para que la gente opine sobre la colocación de un semáforo, debiera usarse también para opinar sobre la construcción de un metro subterráneo de 300 millones de dólares por debajo de 18 de Julio.
Daniel Heide
Arquitecto