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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn una reciente presentación universitaria a la que tuve oportunidad de asistir se analizó el tema del derecho humano y los cambios que desafían a lo que se dio en llamar el estado del bienestar.
Allí se señalaron situaciones vinculadas con una gran variedad de temáticas, procurando también vincularlas con medidas que teóricamente se habrían aplicado en los últimos 20 años de gobiernos de las diferentes tendencias políticas.
Se indicó que el bienestar debe vincularse con lo material, lo subjetivo y lo relacional, organizándolo alrededor de las personas y sus trayectorias.
Se señaló la importancia de invertir en capacidades, prevenir riesgos, acompañar transiciones y establecer métodos de protección.
Se mencionaron temáticas tales como la situación de calle, los problemas de salud mental y la forma de reintegración a la sociedad de quienes han estado presos.
De cualquier manera, en lo personal, me genera preocupación la mención de la palabra estado, cuando preferiría referirlo como sociedad del bienestar.
Me preocupa enormemente lo que es el Estado uruguayo, que quizás no sea muy diferente del de otros países en estos aspectos, pero que es una estructura absolutamente burocrática en la cual no se establecen claros responsables por las acciones y los resultados y se eterniza la presencia de quienes lo integran, sin exigencias de formación adecuada y de concreción práctica de resultados.
Confío mucho más en la voluntad de las personas, en su entorno familiar y en la educación que buscan obtener que en el Estado como proveedor de satisfacciones a ese nivel.
No se trata, a mi entender, de desconocer la responsabilidad del Estado en la protección de los derechos humanos ni en la atención de quienes necesitan apoyo, sino de cuestionar que el bienestar deba depender fundamentalmente de sus prestaciones.
¿No deberíamos aspirar, más que a un estado de bienestar, a una sociedad del bienestar?
Una sociedad en la cual las personas, las familias, la educación, las organizaciones sociales y el Estado asuman sus responsabilidades, procurando que cada uno contribuya, desde sus posibilidades, a la construcción del bienestar colectivo.
Y en ese contexto, un Estado que no sustituya innecesariamente la responsabilidad de las personas pero que sea capaz de cumplir adecuadamente sus funciones, con responsables claramente identificados, formación apropiada y evaluación de los resultados obtenidos.
Ricardo Álvarez