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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDice Harari en Nexus, su último libro: “A pesar de la ingente cantidad de información que tenemos a nuestra disposición, somos tan susceptibles a la fantasía y al delirio como nuestros antepasados más lejanos” (los simios). La información es clara, la esperanza de vida que en 1960 era de 68 años1, hoy es de 78 y creciendo, es obvio que si los trabajadores se siguen jubilando a los 60 años, el sistema se va desfinanciando en forma creciente. También es claro que si el dinero no alcanza se saca de otros destinos, no se podrán cumplir planes de apoyo a los niños de sectores desfavorecidos, a la educación, a la salud ni que hablar a la ciencia. Si a eso le sumamos que, por confiscar los ahorros de uruguayos en las AFAP, menos inversores se sentirán seguros para hacerlo acá y por tanto habrá menos crecimiento. También se reducirían fondos pues el financiamiento sería más caro al perderse el grado inversor.
Harari plantea que los humanos ponen en riesgo el fin del mundo por manejo irresponsable de armas nucleares o por no cuidar el ambiente, decisiones incomprensibles dada la información que se posee. Oddone sostiene que la aprobación del plebiscito no sería el fin del mundo. Es cierto, el fin del mundo no, pero sí sería catastrófico para la economía del país. Y lo absurdo es que es autoinfligido justamente por los sectores que más reclaman apoyos del Estado, que con su propuesta quedarían seriamente deteriorados.
“¿Por qué somos tan buenos a la hora de acumular más información y poder, pero tenemos mucho menos éxito a la hora de adquirir sabiduría?”, se pregunta Harari. Aplicado a Uruguay, nos preguntamos cómo es posible que los promotores del plebiscito estén engañando a la población al ocultar los efectos que tendría en muy corto plazo. ¿Es por poder? Esperemos que el pueblo uruguayo sea más sabio que ellos y no lo vote.
J. H.