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    jueves 11 de julio de 2024

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    La Agencia Reguladora de la Seguridad Social

    POR

    Sr. Director:

    Seguramente, estoy cometiendo una imprudencia al escribir esta carta, pero igual me largo. Ando con las inhibiciones que nos impiden decir cosas que no deberíamos algo bajas y, por eso mismo, debería llamarme a silencio, pero, como mis inhibiciones están bajas, abandono la prudencia y me largo a la piscina sin agua.

    Quería contar que lunes y martes (24 y 25 de junio de 2024) tuve el enorme placer de participar en un taller en que se conversó a calzón quitado de la Agencia Reguladora de la Seguridad Social. Para quienes no saben de qué se trata —supongo que la mayoría de los potenciales lectores de esta carta—, es una agencia que se crea en el marco de la Ley 20.130, aprobada el año pasado, de reforma de la seguridad social.

    Imagino que para la mayor parte de los potenciales lectores el tema es superespecífico y, posiblemente, aburrido, pero pasaron cosas que me parece importante compartir. Al menos a mí me hace bien hacerlo y aquí me largo.

    Parte de la imprudencia que estoy cometiendo es que son las 7 de la mañana siguiente al taller, no comenté a nadie que escribiría esta nota y me estoy metiendo a hacer algo así como una minirrelatoría a la que nadie me llamó a hacer y no tengo claras las consecuencias de hacerla. Pido disculpas desde ya por tamaña imprudencia.

    Sé que no alcanza con disculparse cuando estoy generando un hecho consumado. Pero siento la necesidad de hacerlo y lo que quiero contar es, desde mi punto de vista, una muestra de la mejor versión que veo de Uruguay.

    El taller fue organizado (hasta donde pude entender) por Verónica, Daniel y Gustavo. Pido disculpas a otros organizadores que seguramente trabajaron en esto, pero no tengo del todo claro quiénes fueron. Lo que sé es que ellos tres tuvieron la amabilidad de invitarme.

    Creo que tengo que mencionar que Verónica es economista jefa del BID, Daniel es el director nacional de Seguridad Social del MTSS y Gustavo es economista de la OPP (Oficina de Planeamiento y Presupuesto) —supongo que es asesor y tiene un cargo importante allí, pero no lo pude determinar rápidamente googleando ni le pregunté a Gustavo cuál es su vínculo formal actual porque, como ya dije, no comenté a nadie que escribiría esta nota—.

    Participamos algo así como 30 personas variopintas. Entre los participantes uruguayos, había gente con experiencia (actual o pasada) en varias instituciones que tienen responsabilidad en seguridad social, incluyendo BPS (Banco de Previsión Social), BCU (Banco Central del Uruguay), BSE (Banco de Seguros del Estado), AFAP (administradoras de fondos de ahorro previsional), cajas paraestatales, servicios de retiros militar y policial, OPP (seguramente, estoy omitiendo algo…) y algunos participantes más que por diversas razones, en distintos momentos tuvimos interés y nos involucramos en este tema.

    Entre estos últimos, participamos varios integrantes de lo que fue la CESS (la Comisión de Expertos en Seguridad Social), que trabajó en 2020 y 2021 en la preparación de las propuestas de diagnóstico y reforma de la seguridad social. Estuvimos en este taller de lunes y martes entiendo que a título estrictamente personal y probablemente (no lo sé) sin consulta y sin comprometer a partidos y organizaciones sociales con las que estamos o estuvimos vinculados y por las que participamos en la CESS (ese fue al menos mi caso: me largué sin consultar a nadie).

    No sé si las invitaciones fueron cursadas a título personal o institucional. También participaron varios expertos de la región. En fin, no sé mucho de la organización y es una razón más por la que probablemente no debería escribir esta carta. Pero igual me largo.

    El mensaje de esta nota es que sentí que esta actividad fue una muestra de la mejor versión del Uruguay. La que a mí me reconforta y me hace confiar en que, pese a los miles de problemas, desafíos, metidas de patas (y algo más) que muchos estamos cometiendo todo el tiempo, el país tiene unas reservas humanas, institucionales y culturales extraordinarias y que debemos valorar y aprovechar.

    ¿Estoy siendo ingenuo? Probablemente, sí. Como dije, desconozco los entretelones de la organización del taller y las mil carambolas que probablemente tenga. No tuve tiempo de averiguar nada al respecto y la verdad es que quizás sea mejor no hacerlo. Escribo bajo el “velo de la ignorancia”.

    El BID, con el liderazgo de Verónica, nos trajo a varios expertos de la región en supervisión de seguridad social. Aprendimos de la experiencia de varios países que han pasado y están pasando por desafíos similares —aunque para nada idénticos— a los que tenemos y tendremos en los próximos años en Uruguay.

    Pudimos preguntar y expresar algunas opiniones sobre lo que nos estaban trasmitiendo. Fue muy enriquecedor.

    No quiero entrar en detalles, aunque estaría tentado a hacerlo, porque supongo que terminaría de aburrir a los pocos lectores que hayan tenido la paciencia de llegar hasta aquí, pero quiero destacar el excelente clima de la actividad y algo que, desde mi punto de vista, es central y distingue al Uruguay: entre los participantes había posiciones muy diferentes, y algunos piensan que antagónicas (yo no estoy tan seguro de que lo sean, pero eso es harina de otro costal), sobre el tema en cuestión.

    No es nada novedoso que Rodolfo Saldain no coincide en sus puntos de vista con Hugo Bai (integrante del Instituto Cuesta Duarte, supongo que con un cargo importante allí). Volvieron a discrepar, como lo hacen usualmente en diversos foros públicos y entrevistas periodísticas. Mi punto aquí es que lo hicieron, como siempre, con altura, respeto, inteligencia (ambos son finos analistas de la seguridad social) y con su calidez humana de siempre.

    Dato anecdótico, pero nada menor para mí: durante buena parte del taller estuvieron sentados juntos y noté que se comentaban cosas (yo estaba algo más lejos) en lo que me pareció (sospecho por el lenguaje corporal) que en forma fraterna, como siempre.

    También tuve el gusto de oír un comentario muy sustantivo de Jimena (exintegrante de la CESS en representación del Frente Amplio). Marcó sus acuerdos y, sobre todo, diferencias con varias de las cosas que se habían mencionado en el taller (mención aparte: estoy totalmente de acuerdo con las puntualizaciones de Jimena y, para quienes me conocen, saben que no compartimos filiación política).

    De nuevo, creo que no es del caso aburrir al lector con los “detalles” del tema específico (mucho más que detalles, en realidad, y por eso van las comillas), aunque, para quienes nos “entretenemos” con estas cosas, sí que valen mucho la pena. Pero mi punto es otro: compartimos la actividad personas con diversas visiones e incluso intereses (para mi gusto todos legítimos) y lo hicimos en un ambiente fraterno y superproductivo. Ese es el Uruguay que quiero. Es sólo eso lo que quería decir.

    Es altamente probable, certeza debería decir, como dije al principio, que esta carta sea una enorme imprudencia. Creo recordar (mi memoria flaquea) que alguno de los organizadores me comentó que la idea era tener una actividad fuera de los focos de la prensa para poder conversar a calzón quitado. Es natural, a mi entender, que la prensa se interese en cosas como esta y también entiendo y comparto la intención de hacer una reunión donde los participantes pudieran hablar con total libertad. A mi entender, ambos intereses y puntos de vista son totalmente naturales. No veo contradicción en eso.

    Parte de mi imprudencia al escribir esta nota es que estoy haciendo pública una reunión que, si entendí bien, se trataba de que no estuviera bajo los reflectores de la prensa. Creo que no lo estuvo en los hechos, y con esta nota no hago más que decir a posteriori que la actividad tuvo lugar. Supongo que debe haber muchas reuniones similares todo el tiempo. A mí me parece muy bueno que existan. Algunas tendrán mucha prensa y otras no. A mi entender, ambos tipos de reuniones sirven y cumplen fines distintos y complementarios.

    Solo espero que mi imprudencia e incontinencia verbal no complique demasiado la vida en estos días a quienes menciono en esta carta. No pretendo tener un protagonismo que no me corresponde ni puedo tener en este momento por razones personales y que no vienen al caso. Pero imagino que algunos periodistas, en el legítimo derecho de informar, empezarán a llamar por teléfono para indagar en lo que comento y, sobre todo, en lo que no comento. Me disculpo una vez más con los aludidos (y con quienes no mencioné) por quizás complicarles un poco la vida. Espero que no sea demasiado.

    Álvaro Forteza