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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn el artículo 77 ap. 3 de nuestra Constitución se consagra la representación total integral, dentro de, como somos, una república democrática y republicana (artículo 82), conceptos bastante claros desde que no hay un gobierno directo —salvo los plebiscitos—, no somos una monarquía y no hay régimen de partido único.
Muy bien, ¿claro, no? Pues no, dado que siempre hay un pero. En las pasadas elecciones departamentales y municipales, el Frente Amplio se hizo del gobierno departamental de Lavalleja por 95 votos de diferencia sobre el segundo partido más votado, el Partido Nacional, lo que conlleva automáticamente la mayoría absoluta de ediles de la Junta Departamental.
Sí, como se lee, por 95 votos se obtiene mayoría absoluta en el órgano legislativo departamental. Esto es totalmente ilógico e irracional y por supuesto poco o nada de representativo y menos de integral, y este mismo razonamiento se aplicaría a cualquier otro partido político que hubiese triunfado por esa ínfima diferencia de sufragios, debe quedar claro.
Pero las sorpresas no terminan con este hecho. En la localidad de San Bautista, en el departamento de Canelones, ocurrió algo peor, ya que dos candidatos a alcalde, uno del Partido Colorado y otro del Partido Nacional, empataron (¡!) en sufragios y se definió increíblemente por sorteo (¡!). Esto recuerda a los jueces de fútbol, que antes de comenzar un partido lanzan una moneda al aire frente a los dos capitanes de los respectivos equipos para saber cuál atacará hacia un lado y cuál hacia el otro.
¿Representatividad? Casi es posible decir que lo mejor hubiera sido que se dividieran el período de gobierno. Pero esto pasa aquí, en la mejor democracia de América —según dice algún organismo que el 99% de la población desconoce—, en la República Oriental del Uruguay, no en una remota islita del océano Pacífico que hace menos de un año se independizó de su potencia colonial.
Bien se dice que de lo sublime a lo ridículo hay un pequeño paso. Y también, que como el Uruguay no hay.
Dr. Esc. César Eduardo Fontana