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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMe voy a referir a dos asuntos que fueron tratados en la edición pasada de este semanario, del 9 de abril. En una carta (hay cuatro anteriores) que versa sobre políticas culturales, Ricardo Lanzarini expresa: “Como artista he tenido que enfrentar que me procesaran y me dejasen sin trabajo por mi actividad artística, no me han seleccionado nunca para la Bienal de Venecia ni me han otorgado premios como el Nacional o el Figari, no he expuesto en el MNAV y ni siquiera me dan una entrevista allí ni en la Dirección Nacional de Cultura, he presentado propuestas culturales relevantes, desde mi conocimiento y experiencia, las cuales terminaron encajonadas. Muchas veces me he preguntado, debo admitir que con cierta ingenuidad o idealismo: ¿por qué?”.
Precisión: Lanzarini fue procesado por la Justicia en 1995 (como no lo aclara, el lector puede suponer que fue en dictadura) y el tribunal de apelaciones revocó la sentencia. Sobre la pérdida del trabajo por razones artísticas, desconozco la situación. Lo demás es muy sincero en cuanto a expresar expectativas personales que no se concretaron; sin embargo, sus planteos críticos a la política cultural del MEC no deberían fundamentarse en la falta de reconocimientos que enumera. Creo que alguien lo tiene que decir.
En su columna del mismo día, Oscar Larroca, otro artista plástico, expresa: “Manuel Esmoris (...) propuso algunas medidas reparatorias en torno a los desempeños profesionales de los artistas: la polémica subvención oficial. Una solución que corre el riesgo de caer en la burocratización y el servilismo de sus beneficiarios, pero que renace hoy, más que nunca, en un contexto signado por los cambios tecnológicos y los cambios profundos en las pautas de consumo cultural”. Se refiere al contenido de una carta de mi autoría publicada en febrero pasado en este medio y me despierta algunas preguntas.
1) ¿Por qué es polémica la subvención? Larroca da por sobreentendido que alguna vez hubo polémica al respecto, pero no conozco antecedentes ni de propuestas ni de debate sobre ellas. Si se refiere a cosas sucedidas en otros países, me gustaría conocerlas por razones de interés profesional. En Barcelona, que es un medio que conozco, las subvenciones no son polémicas; son bien recibidas y se perfeccionan edición tras edición. Instrumentar becas para los artistas visuales me parece prioritario. Al teatro independiente se le otorgó una cifra similar a la que cuestan estas becas: US$ 700.000. Me dirijo aquí a los lectores de Búsqueda, pero especialmente al ministro José Carlos Mahía, a la directora de Cultura María Eugenia Vidal y a Martín Craziun, coordinador del Instituto de Artes Visuales.
2) No me doy cuenta de cómo una subvención como la que propuse se convierte en burocracia y servilismo. Los artistas no se burocratizan porque no van a formar parte del MEC, no pasan a ser empleados, firman un contrato. Se les da una beca y no tienen obligaciones para con quien la otorga, más que producir al menos cada dos años una exposición o evento similar (salvo causa justificada por procedimientos específicos). La beca dura 20 años para la mayoría, durante los cuales los artistas pueden hacer lo que se les cante, incluso manifestarse contra el MEC, tanto de forma artística como en expresiones escritas, orales y todas las que existen.
3) La frase “en un contexto signado por los cambios tecnológicos y los cambios profundos en las pautas de consumo cultural”, ¿a qué se refiere y qué relación tiene con la propuesta de becas o subvenciones?
4) La necesaria “burocracia” —o sea, empleados públicos— para materializar las subvenciones consiste en el trabajo por un lapso de entre tres y cuatro meses de dos personas (dos porque no se puede trabajar solo en estas cosas) a medio tiempo o menos, para armar la propuesta de llamado y definir jurados (ambas cosas deben ser públicas); una vez que las sentencie el ministro o ministra, llevar a cabo una importante difusión, recibir los documentos de los postulantes, preparar los materiales necesarios para la actuación de los jurados y asistirlos en sus labores; tras el fallo del tribunal, realizar el trámite para que el ministro o ministra lo refrende, comunicarse con los premiados y transmitirles de qué forma van cobrar la subvención, para lo que antes debe crearse el mecanismo. El seguimiento es sencillo: requiere que se supervise el cumplimiento de los pagos por el MEC y recibir las constancias de las exhibiciones o similares de los artistas, lo que compromete la continuidad de la subvención. La baja de la beca supone otra resolución ministerial.
Otro tema que plantea Larroca en su espacio-columna de Búsqueda es que el Museo Nacional de Artes Visuales de esta administración le suspendió la realización de dos muestras que venía curando desde la administración anterior. Comparto con él que no es de buena gestión cancelar los proyectos que se heredan. Cuando estuve en la Comisión de Patrimonio, la administración anterior había decidido que el Día del Patrimonio sería para Carlos Vaz Ferreira, y eso se cumplió. Lo que no me parece pertinente es que daños personales como el mencionado sean parte de un texto de opinión que tiene regularidad y en parte compromete al semanario. Soy lector de Búsqueda desde 1984 y no he visto que los columnistas se refieran a asuntos de interés estrictamente personal.
Por último, la columna de Oscar Larroca, en modo de vuelo de dron, pinta un paisaje histórico de las realizaciones y acontecimientos referidos a las políticas culturales. Y ahí omite decir concreciones importantes realizadas, la mayoría, durante los tres gobiernos del Frente Amplio. Solo utilizando la memoria me cabe citar la recuperación del pabellón propiedad de Uruguay en la Bienal de Venecia que estaba abandonado; la ley de cine y la duplicación de los montos para subvenciones de películas; la creación de los Fondos Concursables y su permanencia durante 20 años; la creación de los Fondos de Incentivo Fiscal con una permanencia similar; el modernísimo nuevo complejo de Cinemateca, con tres salas; la ley de teatro independiente; la asignación de US$ 700.000 para su desarrollo; la recuperación de casi todas las salas de artes escénicas del interior del país, donde hoy se presentan espectáculos complejos como el ballet del Sodre; la culminación de las obras e inauguración del nuevo Auditorio del Sodre; el crecimiento exponencial de las fiestas tradicionales, tanto en número como en cantidad de participantes; la creación de movidas como Boliches en Agosto y Noche de los Museos y hay más, como la restauración del Teatro Solís, obra de la Intendencia de Montevideo cuando el intendente era Mariano Arana. Pero Larroca usa el espacio institucional del semanario para citar chismes de las redes sociales que dicen que en los Fondos Concursables no hay ganadores mayores de 50 años, cosa que no se encarga de contrastar con datos oficiales, como suele hacer Búsqueda. Un detalle a resaltar, la columna tiene muy buena redacción.
Manuel Esmoris
Maestría en Gestión
Universidad de Barcelona