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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLeyendo algunos de los programas de los partidos y escuchando algunos de los discursos de campaña, una cosa salta a la vista (más allá de consideraciones puntuales): la ausencia de grandes temas, de visiones, de ideales, de llamados a la superación (o, por qué no, al heroísmo). Los contenidos se circunscriben a propuestas —buenas, en su mayoría— pero de poca dimensión y relativa trascendencia.
Nada transformador. Nada que entusiasme. Con lo cual, tampoco hay grandes diferencias entre unos y otros.
Creo que esto obliga a preguntarse por qué. ¿Por qué pasa esto? ¿Será porque los partidos y los dirigentes son chatos, no aspiran a más? ¿Se vaciaron de idealismo y de entusiasmo? ¿O será que están leyendo correctamente a la sociedad? Que es ella la que no aspira a más. La que perdió las ilusiones. ¿Dónde está el problema? ¿Dónde está el vacío?
En parte es un fenómeno que se da en las democracias maduras que no enfrentan realidades críticas, traumáticas o amenazantes. Se van haciendo complacientes. Pierden el heroísmo.
Pero me parece que, en nuestro caso, también se nos entibió la capacidad de soñar, de aspirar a algo más que un buen pasar (“pasarlo bien” se ha convertido en el deseo estándar).
La aparición en el centro de la campaña de una propuesta (también central del partido proponente) consagrada a las mascotas no puede dejar de llamar a la reflexión: ¿será que estamos tan bien? ¿O será que nos ganó la frivolidad?
Cuando oímos decir (y decimos) que la campaña política está muy aburrida, ¿quiénes son los aburridos, “ellos”, “los políticos”, o nosotros los votantes?
No es algo bueno una sociedad que no sueña, que no tiene ideales, que no aspira a más, donde no se siente el desafío de potenciar la existencia, de apuntar lo más alto posible. No solo de mi desarrollo personal. También de lo que puedo contribuir al bien de toda la sociedad.
Es horrible lo que Yamandú Orsi dijo en Buenos Aires de los uruguayos. Que somos lentos, que no tenemos intensidad. Si es eso lo que ve, su campaña tendría que estar enfocada a cambiarlo.
Creo que detrás de todo esto hay un cambio de convicciones. Una pérdida de valores. Un abandono de la creencia en que el ser humano tiene un sentido. Su vida tiene un sentido dado por la realidad de su creación y por la vocación de su meta: la realización de su persona en el contexto de un bien común, que lo llama.
Hemos sustituido eso por la noción, perezosa, de ser fruto de una casualidad que va rumbeando según lo pase bien, reclamando, para ese bien pasar, que satisfagan sus aspiraciones inmediatas, a las que se llama “derechos individuales”.
Ignacio De Posadas