• Cotizaciones
    viernes 12 de julio de 2024

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    Pensamiento mágico

    POR

    Sr. Director:

    En un artículo del 29 de abril de 2024, titulado “The End of Magical Debt Thinking”, el economista Kenneth Rogoff alerta sobre las consecuencias que los gobernantes no comprendan el cambio de época y sigan financiando los gastos corrientes con deuda, como si todo siguiera igual que hace unos pocos años.

    Según Rogoff, “hasta hace muy poco, cualquier sugerencia de prudencia fiscal, era descartada como ‘austeridad’ por los economistas progresistas. Pero con las tasas de interés subiendo, la idea de que cualquier problema económico podía resolverse con mayor deuda pública se ha transformado en insostenible”.

    Razonar de esta forma fue muchas veces ridiculizado. El pensamiento era que los beneficios de usar deuda para cubrir los déficits más que compensaban los costos que esta podía generar.

    La noción de que las economías avanzadas podían sufrir de un exceso de deuda no era considerada. El propio Fondo Monetario Internacional (FMI), históricamente un paladín de la austeridad fiscal, apoyó paquetes de estímulo fiscal financiados con deuda.

    La realidad ha cambiado en los últimos años, haciendo que el pensamiento “mágico” choque con la dura realidad del retorno a la normalidad; las tasas están subiendo y el dinero tiene costo.

    No hay almuerzo gratis, los años de endeudarse a tasa 0 ya no existen más.

    Un estudio reciente del FMI alerta sobre las consecuencias de no entenderlo. Sus autores estiman que la relación promedio de deuda pública sobre el producto de las economías más avanzadas será del 120% para el año 2028, comprometiendo el crecimiento futuro de esas economías.

    Señala, además, que, dado el retorno a la normalidad de las tasas de interés, los países en desarrollo deben “gradual y en forma creíble reconstruir el equilibrio fiscal que asegure la sostenibilidad de la deuda soberana”.

    También, al presentar la conclusión del Foro Económico Mundial, que se celebró en Ryad a fines de abril, su presidente Borge Brende dijo que uno de los mayores obstáculos al crecimiento futuro de la economía mundial era su nivel de endeudamiento. “No vemos este nivel de deuda desde Napoleón”, dijo.

    El 6 de mayo, en El Economista de España, Mario Becedas muestra la misma preocupación: “La ingente deuda de USA es una preocupación perenne en los círculos económicos y financieros (…). Si hace unos meses fue la rebaja de la calificación crediticia de EEUU lo que avivó el debate, ahora el motivo ha sido el tirón de orejas que el FMI dio a Washington por los grandes déficits que está acumulando y la rapidez con la que crece su deuda pública”.

    En su último informe fiscal publicado el pasado 8 de abril, el FMI recoge que EE.UU. cerró 2023 con un déficit del 8,8% del PBI. En 2022 se había reducido al 4,1% del PBI tras el 11,1% del 2021. El salto del 2023 y las abultadas previsiones para 2024 y 2025 (6,5% y 7,1%, respectivamente) han vuelto a disparar las alarmas. La magnitud del problema hace que el Fondo escriba que USA muestra “desviaciones fiscales notablemente grandes”.

    Sabemos que solo EE.UU. puede tener este desastre fiscal y financiarlo. Ser la moneda de reserva mundial le permite que el mundo le absorba sus déficits y tener la deuda que tiene hoy.

    Es todo un tema de confianza, la pregunta es hasta cuándo.

    Para concluir con el informe del FMI sobre EE.UU., en él se lee: “La relajación de la política fiscal y el aumento de los niveles de deuda (…) han contribuido al aumento de los costos de la deuda pública a largo plazo, lo que ha incrementado los riesgos en otros países a través de los efectos de contagio de los tipos de interés”.

    Antes de analizar cómo nos impactará esta realidad, quisiera mencionar la opinión sobre el contexto actual del célebre economista turco Nouriel Roubini, apodado Dr. Catástrofe, pues fue quien antes y mejor anticipó la crisis financiera del 2008.

    Decían que era un loco y alarmista. Pasó a ser un profeta.

    En 2022, publicó el libro Megamenazas sobre “las 10 tendencias globales que ponen en peligro nuestro futuro y cómo sobrevivir a ellas”.

    El capítulo 1 se titula “La madre de todas las crisis de deuda” y comienza así: “Como profesor universitario y en momentos trascendentales como diseñador de políticas en el Gobierno de Estados Unidos (…) aprendí que la experiencia es mala maestra. Seguimos cometiendo los mismos errores garrafales. Una y otra vez, el entusiasmo y las políticas expansivas hinchan burbujas; una y otra vez, estallan. El Correcaminos de los Looney Tunes podía olfatear la dinamita envuelta en un papel de regalo. ¿Por qué nosotros no? Ya sea por el envoltorio o debido a la naturaleza humana, nos espera la peor crisis de deuda de toda mi vida, como si hubiéramos olvidado sus predecesoras”.

    Para Roubini, el sobrendeudamiento es global. Señala: “En las economías avanzadas los ratios de deuda son extraordinarios… el tsunami que se avecina no perdonará a China, donde el crecimiento económico impulsado por el crédito ha provocado un Himalaya de deuda”. La mayor tranquilidad es que el principal propietario de deuda americana es China.

    Como dice el refrán, “cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”.

    Es importante señalar que, para Uruguay, el único cambio negativo no fue solo el aumento de las tasas de interés a nivel mundial. El otro fue el fin del boom de los precios de las materias primas que beneficiaron nuestra producción entre 2004 y 2014.

    Hay que ir muchos años atrás para encontrar un shock externo tan bueno como fue la suma de la suba de los precios de nuestras materias primas, más el dinero casi a costo 0. Diría más, creo que Uruguay nunca tuvo un contexto externo tan bueno como el de esos 10 años.

    Hoy en día no solo hemos vuelto a la normalidad con la suba de las tasas de interés, sino que también los precios de nuestras materias primas han bajado a valores históricos.

    La teoría, el sentido común y la buena administración indican que lo lógico sería ahorrar en la época de las vacas gordas para gastar en los períodos no tan buenos. Nada de eso hicimos.

    Los países, cuando reciben viento de cola, suelen cometer siempre el mismo error: pensar que estos cambios van a durar para siempre. La política transforma bonanzas transitorias en problemas permanentes vía el aumento del gasto.

    La misma reacción que tuve cuando vi los datos sobre los déficits americanos y su nivel de deuda (perplejidad y preocupación), la tuve cuando leí el artículo de Juan Carlos Protasi en la edición124 de Portfolio, en el que muestra que el gasto público real del Uruguay aumentó 97% desde el 2005 hasta el 2023.

    Sí, leyó bien, se duplicó el gasto en términos reales en una economía que no crece. Y lo que es peor, los resultados en educación, salud y seguridad están a la vista. Espero que ya no queden dudas de que la solución no es más gasto, sino mejorar su calidad con los mismos recursos.

    Es importante señalar, además, que casi la totalidad del aumento en el gasto fue del 2005 al 2019. Nos duele reconocerlo, pero debo admitir también que del 2020 a hoy siguió aumentando el gasto, aunque a una tasa de crecimiento menor.

    Por último, quiero mencionar que el nivel del gasto actual no solo es alto en comparaciones internacionales para economías como la nuestra, sino que, además, no es sostenible para una economía que en los últimos 10 años creció solo al 1% promedio anual.

    No es casualidad.

    La pregunta que surge es cómo hemos financiado este brutal aumento del gasto público, y, si con el contexto internacional antes señalado, podemos seguir haciéndolo por las mismas vías. ¿Qué pasaría con el financiamiento si se aprueba el referéndum de la seguridad social?

    Los gastos se financian por una combinación de inflación, impuestos y deuda. Del 2005 al 2019, a pesar del boom externo ya mencionado, no solo no ahorramos, sino que, además, aumentamos los impuestos y la deuda.

    La reforma tributaria del 2007 fue el mayor mazazo a la clase media en décadas. Lejos del slogan de que paguen más los que tienen más, cazaron en el zoológico y el grueso del aumento de impuestos fue absorbido por los trabajadores, los jubilados y las pequeñas y medianas empresas.

    Del 2020 al 2024, con un contexto externo desfavorable (Covid-19, sequía, suba de tasas, etc.), se bajó la inflación y algunos impuestos a las pequeñas y medianas empresas, pero se continuó recurriendo al endeudamiento para financiar el Estado.

    Los números macro del Uruguay muestran que hoy es imposible pensar en aumentar el gasto público, y menos financiarlo con más impuestos o deuda.

    El Estado actual, financiado con impuestos regresivos y más deuda, soluciona el hoy e hipoteca el mañana. Este accionar nos lleva inevitablemente al bajo crecimiento económico que tenemos hoy y a la inviabilidad del actual estado de bienestar.

    Como economista debo observar los riesgos y sus consecuencias. Tanto el contexto internacional como la realidad local muestran que el próximo presidente va a tener que tomar decisiones de fondo y no seguir pateando la pelota para adelante.

    Sería muy poco inteligente pensar que el marco internacional no nos va a afectar y que el interno no nos condiciona. Ya estuvimos en una situación similar. Meses antes de la crisis, en la época del presidente Batlle y de Atchugarry, las agencias calificadoras de riesgo nos habían mejorado el rating de nuestra deuda y nadie sospechaba lo que se iba a venir.

    La intención de este artículo es alertar a tiempo para poder corregir y cambiar el rumbo. Gobierno nuevo, necesidad de generar recursos nuevos, pero, por favor, no vía más gasto, impuestos o más deuda; sí optimizando las ineficiencias en el gasto del Estado y en el sistema tributario. Hay mucho gasto duplicado e ineficiente para corregir y también hay exoneraciones tributarias que no se justifican.

    No será un camino fácil. Para evitar la motosierra mañana, hay que usar la cirugía fina hoy. Pero por sobre todo requiere mucha visión y coraje político. Implica cortar privilegios y pisar callos de corporaciones amigas.

    Hay que intentarlo, pues no hacerlo, a sabiendas, no solo sería un acto de irresponsabilidad, sino también de tremendo egoísmo para quienes hoy con su trabajo sostienen el país; y con las futuras generaciones, que no tienen por qué pagar nuestros errores.

    Eduardo Ache