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    martes 23 de julio de 2024

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    Raúl Ronzoni I

    POR

    Sr. Director:

    Corrían los primeros meses del año 1971, cuando, recién recibido de abogado, entré por primera vez en un viejo edificio de la Ciudad Vieja, en la que estaban instalados los "juzgados de Instrucción" (que así se denominaban, por entonces, las sedes judiciales encargadas de las primeras instancias de los juicios penales). Era un mundo nuevo para quien esto firma, pero tenía bien en claro que en esos juzgados especializados debería manejarme profesionalmente, pues el Derecho Penal había sido, entre las múltiples materias que componían la carrera de Abogacía, la que había despertado mi mayor interés. Fue en una de esas primeras incursiones profesionales que conocí a Raúl Ronzoni, quien por ese entonces se desempeñaba como receptor en uno de esos juzgados (su función era tomarles la primera declaración a las personas presuntamente responsables de un hecho delictivo). Y quiso el destino que, más allá del vínculo ocasional entre ese abogado que recién se estrenaba en el ejercicio de su profesión y un empleado judicial, ya con una mayor experiencia en su función, se generara un vínculo de franca amistad. El tiempo fue pasando y, en algún momento, Raúl dejó su trabajo en el Poder Judicial, y aunque quien esto escribe siguió firme en su tránsito por los juzgados penales, aquella relación amistosa se vio reducida a algún encuentro ocasional, en algún bar de la Ciudad Vieja. Algunos años después (creo que en el año 1991), recibo un llamado telefónico suyo, en el que me pide cierta información sobre un caso penal, y me informa que tenía la posibilidad de escribir sobre temas judiciales en Búsqueda. Lo alenté para que pudiera concretar esa posibilidad, y a los pocos días vi en una de las páginas del semanario (del que yo era asiduo lector desde hacía mucho tiempo) la primera de sus habituales e insuperables columnas sobre temas judiciales, que solo su reciente y lamentable fallecimiento ha puesto fin.

    No era tarea fácil recoger material para sus notas, en ámbitos en los que —por muchos años— imperó el "secretismo" como norma inamovible. Sin embargo, Raúl (con los contactos que había ido consolidando desde las entrañas mismas del sistema) se las ingeniaba para tener siempre la información precisa sobre lo que ocurría en las sedes judiciales y, en especial, para ofrecer una opinión seria, certera y valiente sobre los delicados asuntos que en estas se ventilaban. Eran las suyas columnas muy bien escritas, y tenían la virtud de ser accesibles en su comprensión, aún por aquellos lectores que no tenían una formación jurídica. Y con un detalle realmente sorprendente: a pesar de estar radicado desde hacía unos cuantos años en España, sus fuentes de información desde nuestro país (o los contactos que él mismo se proveía, por diversas vías) le hacían estar permanentemente al día de todo lo que pasaba en nuestro complejo ámbito judicial.

    Pero no fue esta su única faceta destacable. Con el paso del tiempo, el periodista de fuste dio paso al exitoso autor de varios libros. Algunos (Asesinos & Cía. y Criminales) relacionados con su amplia experiencia en el ámbito judicial; pero también otros, con un muy bien manejado perfil biográfico (Anchorena. La leyenda del patricio aventurero o Mercedes Pinto. Indómita y seductora). O también Viejos son los trapos, en el que pasa revista a la vida y trayectorias de diversas personas de edad avanzada (digámoslo así, delicadamente), entre ellas la de quien esto escribe, y que considero que es el más completo y gentil perfil biográfico de mi persona.

    Y no sería sincero si no añado en este postrero recuerdo mi agradecimiento por haber promovido —por su propia iniciativa— mi ingreso a las páginas de Búsqueda, en el año 2018, para hacer periodismo escrito por primera y única vez, tras mi larga y variada trayectoria en varias radios de nuestro país.

    La distancia nos hizo perder, lamentablemente, un contacto más frecuente... pero ¡su recuerdo será imperecedero!

    ¡Adiós, amigo! ¡Que haya paz en tu tumba!

    Prof. Dr. Amadeo Ottati Folle