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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPido a usted que se publique mi carta, pues con la cruzada de campaña que hace el candidato del MPP para la presidencia me siento directamente aludido y debo contestar.
Cuando aún era presidente el doctor Tabaré Vázquez, una importantísima empresa italiana me contactó para apoyarla técnicamente para megaobras en la Argentina. Por la participación púbico-privada cotizaron varias obras y ganaron la obra del arroyo Maldonado, un túnel gigantesco construido por la modernísima técnica de premoldeados y hormigones proyectados, que ya habíamos usado aquí. Asociados con una de las mayores empresas argentinas, del ingeniero Macri, y financiados por el Bepfa Bank de Alemania, el banco de desarrollo que financió el desarrollo de Alemania del Este y de muchos países del este de Europa, ese proyecto fue un éxito total, se acabaron las inundaciones en el Bajo de Buenos Aires. Y los financistas me miraron entonces con interés. ¿No se podría hacer algo en Uruguay?
La empresa italiana era enorme y de mucho prestigio, en su origen fue quienes terminaron en Rusia el ferrocarril transiberiano, y estaban interesados. Pero el banco tenía un tema: como los estudios de prefactibilidad eran a niveles altísimos, costaban del orden de 50 millones de dólares. Así que una obra de infraestructura debía de ser de más de 1.000 millones de dólares para que le interesara analizarla al Bepfa Bank.
Viendo la historia, no podía ser en carreteras o vías férreas. Pero por nuestra historia de amistad con especialistas canadienses, para puertos como Mbopicuá, Nueva Palmira y terminales que estudiamos en el litoral y en el océano, una idea de lo que podría ser un puerto de aguas profundas en la boca del Río de la Plata empezó a crecer.
Como jugando, como en una partida de ajedrez, contactamos a la mayor consultora logística americana, a navieras, a transportadores fluviales, y podía funcionar. Necesitaba también una revolución en las leyes y los reglamentos para hacer la navegación interior libre, como en Europa, pero iban cayendo las piezas. Una inversión inicial de más de 2.000 millones de dólares, sustentable, calificada como Platino en la escala por su impacto en la sociedad y en el ambiente. Al fin, los argentinos, los italianos, el Bepfa Bank y nosotros presentamos una iniciativa según la ley.
Presentamos por ventanilla de entrada, y cuando el gerente general argentino me preguntó con quién había que hablar para moverlo, le dije que nunca habíamos tenido que hacerlo para ningún trámite ante el Estado. Que ya nos llamarían los técnicos. Ya lo habíamos hecho con el puerto de la Terminal Logística Mbopicuá, en gobiernos de Lacalle y Batlle. “¡Qué lindo poder trabajar así!”, me contestó.
Pero me equivoqué. Cuando asumió el presidente del MPP (que le ganó a Astori), un gerente de puertos me llamó de parte del ministro que autoriza los puertos privados para preguntar en qué iba el gobierno en el proyecto. Como le dije que en nada, más que en compartir el desarrollo del país y de la región y en los nuevos impuestos que generaría una actividad de 100 millones de toneladas de carga, más las zonas industriales portuarias, como si fuera otro Róterdam para la región de Argentina, Paraguay, Bolivia, Mato Grosso, no me llamaron más. Cuando insistimos, una corta carta desestimaba todo: el anteproyecto, los estudios de factibilidad técnica, la sostenibilidad ambiental y social y la factibilidad económica, un esfuerzo de meses desde Uruguay, Argentina, Italia, Canadá, Estados Unidos y Alemania, con un equipo de primera línea que como yo se había entusiasmado con el proyecto. Los americanos decían que sería el mayor puerto de la costa este de América del Sur.
La carta breve del gobierno decía que como ya lo había pensado el gobierno antes (lo que era mentira) no se consideraba como iniciativa privada. Y se archivaba.
No insistimos. Mala suerte, deberíamos esperar a un gobierno honrado, menos corrupto.
Pero no pasó, todo fue para mal, porque después el Bepfa Bank dejó de existir y una oportunidad dorada para Uruguay se perdió. Perdimos unos 100.000 puestos de trabajo directo y perdimos más de 10 millones de nuevos puestos de trabajo en toda la región que se crearían para nuevos cultivos, nuevas ganaderías, nuevas minas, nuevas fábricas y talleres, cuando con esta terminal ganara competitividad toda la región riquísima del centro de Sudamérica, al conectarse con el mundo más rápido y hasta un 50% más barato. No pasó lo que sí pasó con la construcción del superpuerto de Yangshan de Shanghái, en la boca del río Amarillo. Toda la China creció 30%.
Como decía mi bromista tío Juancito: “Cuando alguien me dice ‘confíe en mí que yo soy honesto’, ¡yo meto la mano en el bolsillo y agarro bien la billetera!”.
Ing. José Martín Zorrilla