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    martes 11 de junio de 2024

    El artista Oscar Larroca celebra 50 años de trayectoria

    Fragmentos (1974-2024) es el título de su voluminoso libro de imágenes y textos y de la muestra que se exhibe en el Espacio Idea hasta el 19 de julio

    Cuando aún no había cumplido los 12 años, Oscar Larroca (Montevideo, 1962) empezó a fechar los dibujos que hacía todos los días y que se habían ido acumulando sin orden ni registro. Esa sabia recomendación que le dio su abuelo Pedro le permitió a aquel Oscar niño fijar un inicio para su obra y, sin saberlo, también un inicio para su trayectoria artística. Año 1974: dictadura, Universidad de la República intervenida, Escuela de Bellas Artes cerrada. Mal año para encontrar dónde ir a aprender dibujo o pintura. Mal año para acceder a la información, para conocer artistas, para aprender de otros. Larroca se fue nutriendo de los cómics que leía, de la música que escuchaban en su casa (desde Gardel hasta los Wawancó) y de una imaginación grande como una nave. Después llegarían los Beatles, Yes, Led Zeppelin, Piazzolla, la música clásica y mucho cine de la mano de Cinemateca y su integración a la comunidad artística. Jorge Satut, artista a cargo de las exposiciones de Cinemateca Uruguaya, fue quien le dio un gran apoyo en sus comienzos.

    Un día, una vecina que era socia del Club del Grabado le mostró una carpeta con obras que ella recibía y allí tuvo su primer contacto con algo del arte nacional. Pero fue una muestra de Nelson Romero cuando tenía 15 años la que lo cautivó. Después se fascinó con Salvador Dalí. El surrealismo había entrado en su vida y siguió allí alimentando sus creaciones.

    Pasaron 50 años de aquel primer dibujo y el arte de Larroca se volvió versátil, cambiante, inclasificable, original y personal. Pasaron muchas influencias, investigaciones, libros y muestras individuales. En su juventud hizo performances, afiches, historietas; ilustró libros y notas de prensa; trabajó en diseño de vestuario para teatro. A los 19 años exhibió sus primeros dibujos en la galería de Cinemateca Pocitos. Y de allí en más expuso en París, Nueva York, Barcelona, Viena y Buenos Aires, además de en Montevideo. En 2011 obtuvo el Premio Figari por su trayectoria artística.

    Su arte irreverente tuvo como insignia el concepto de “representación”. Y justamente una representación del conjunto de retazos de su obra y de sus experiencias vitales se reúnen en Fragmentos (1974-2024), un libro voluminoso y potente en imágenes y textos, con diseño de Rodolfo Fuentes (en venta en la librería Linardi y Risso). Al mismo tiempo, y hasta el 19 de julio, se exhibe en el Espacio Idea (San José 1116) una muestra con el mismo nombre con una treintena de obras seleccionadas. “Siempre me interesó todo lo que tiene que ver con las diferentes formas de acercarse a la realidad, con la representación de la realidad. Siempre me convocó ese tema, qué nos representa y dónde y en quién delegás esa representación”, dijo el artista a un grupo de visitantes que lo acompañó en una recorrida por su muestra.

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    Somos nuestra memoria, / somos este quimérico museo de formas inconstantes, / ese montón de espejos rotos. Estos versos de Jorge Luis Borges, el poeta, abren el libro de Larroca, que además de estar hecho de fragmentos de medio siglo creativo contiene también textos fragmentarios de críticos y periodistas que han escrito sobre su obra. El más extenso está a cargo de Pedro da Cruz, crítico y artista visual, que repasa, y valora, los momentos más destacados de su camino artístico.

    Es asombroso todo lo que podía hacer con un bolígrafo un adolescente de 17 años con un mundo interior turbulento. Solo hay que mirar la primera obra del libro, La muerte del rey (1979), con figuras diabólicas que quieren llevarse el alma del monarca antes que los rezos de los religiosos. Ya en la década de los 80, la mezcla de imágenes realistas y surrealistas se hacen más potentes. Un puño cerrado y muy apretado deja ver los huesos de los nudillos (Autodestrucción I, 1983). Ese dibujo de grafito sobre papel ganó el segundo premio en el XXXI Salón Municipal de Artes Plásticas de Montevideo.

    Las obras en el Espacio Idea están montadas sobre un agradable fondo azul-violáceo. En el recorrido con los visitantes, Larroca se detiene frente a uno de los dibujos a color que seleccionó para la exhibición. Es del músico Frank Zappa y está cabeza para abajo, pero el artista explica que existe otro Zappa que está derecho. “En 1985, hice una muestra individual en Sala Cinemateca. Expuse dos Zappa iguales, pero uno lo coloqué invertido. Al otro día de la inauguración me avisaron que se había desplomado el otro Zappa porque no había aguantado la tanza que le puse. Al final quedó solo uno en la sala”. En el libro están ambos, el caído y el invertido. Zappa tiene una mirada profunda, a él le hubiera gustado la anécdota y la obra.

    Los trabajos a partir de fotografías fueron una constante. En 1993, cuando hacía dibujos para la revista Arte y Diseño del diario El País, le encargaron retratos de todos los columnistas y colaboradores. “Me dieron una foto de Jorge Abbondanza en blanco y negro de 10 centímetros de alto. Era buena, pero le faltaba información que le agregué”. De ese agregado surgió un retrato hiperrealista del famoso crítico de arte que también forma parte de la muestra. “Trabajé con muchas fotos e hice reproducciones de obras de fotógrafos de gran tamaño. Con Manolo (Manuel Espínola Gómez) teníamos la inquietud de ver qué rescataba cada uno de la imagen hecha por otro, hasta dónde se podía llegar, cuánto se podía atravesar. Esto nos llevaría al hiperrealismo en el arte”.

    Una de las obras de mayor destaque es Meninas, un enorme cuadro torresgarciano, un alejamiento y acercamiento a Las meninas de Velázquez hecho con diferentes técnicas: dibujos en color sobre cartulina, dibujos en carbonilla sobre tela, dibujos propios que después Larroca fotografió. El resultado es, nuevamente, impactante y un buen símbolo de Fragmentos.

    Si algo tienen tanto la muestra como el libro es un anclaje en la infancia, o por lo menos un ida y vuelta hacia momentos de ruptura con ese momento de la vida o de recuerdos y homenaje. Allí están Lorenzo y Pepita maniatados y de ojos vendados, un corte abrupto con la época infantil. Mucho más reciente es su obra Cuando el niño era niño, de 2024, que recuerda el poema de Peter Handke, Nobel de Literatura 2019, que recitó Bruno Ganz en Alas del deseo, película de Wim Wenders. En esta obra, una especie de librero infantil, hay collages semiocultos, un lapicito, recortes de diarios intervenidos por dibujos y filigranas que van relacionando recuerdos. Otra de sus obras recientes también recopila pedacitos de historietas, dibujos de niños y uno especial que recuerda el trineo de El ciudadano, de Orson Welles. “Es una especie de baúl de cosas viejas, de los sueños rotos”, dice el artista.

    En 2005, en la misma sala donde ahora está exponiendo, también Larroca tuvo una muestra llamada Fragmentos, donde usó la técnica del craquelado. “Cuando estuve en París me llamó mucho la atención cómo el tiempo dibuja su propia impronta sobre el óleo. De allí salió la idea de las cabezas craqueladas y el cambio en el color. El viaje a Europa significó un cambio cromático”, explica.

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    Café Sorocabana, 2017

    Café Sorocabana, 2017

    Están sus caricaturas de personajes de la culturay sus dibujos para la prensa, muchos de ellos publicados en el libro Gráfica ilustrada(2018) y sus espectaculares obras para la muestra Santas Pascuas (2011), donde el simulacro llega a su máximo esplendor con personajes del cómic y de la cultura pop mezclados con figuras políticas. También mezcladas están sus palabras y no se sabe quién dijo qué.

    Cuidado: arte erótico

    En 1985 Larroca expuso su primera muestra erótica en la Sala Cinemateca y sorprendió con sus dibujos de partes de cuerpos femeninos insinuantes, provocadores. De aquellos años es La mudanza (sueño daliniano) con un ejército de hormigas que suben por la pierna de una mujer hacia su clítoris. Un año después, el Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo lo invitó a exhibir estas obras en su Salón de Exposiciones que daba a la calle Soriano. Cuando la muestra se estaba colgando, le llegó la información de su contenido al entonces intendente, José Luis Elizalde, que terminó prohibiendo la exhibición por considerar que algunos de sus dibujos eran obscenos. La noticia de esta censura provocó un escándalo en aquellos primeros años de regreso a la democracia. Finalmente, unos meses después se pudo exhibir en la Biblioteca Nacional.

    Los ecos de aquella censura continuaron en un dibujo de 1987 que expuso en la Alianza Uruguay-Estados Unidos en una muestra con personajes reales y de historietas. En esa ilustración aparece la cola de un chanchito asomándose por el marco. “Es un homenaje a Elizalde, por eso se ve el chanchito que se escapa”, dice risueño Larroca. La obra se llama Ni en la historieta. Y lo dice todo.

    El destino quiso que aquellas obras regresaran hoy a celebrar el medio siglo de arte de su autor. Larroca vendió su colección erótica al Instituto para el Estudio del Arte Latinoamericano de Estados Unidos y con ese dinero pagó el libro Fragmentos.

    En 2001, Larroca expuso una segunda muestra erótica en Barcelona, en la Asociación Catalana de Entidades Artísticas. “No quería que se contaminara con la primera muestra y con todo lo que había sucedido”, dice ahora. El catálogo tuvo textos de Coriun Aharonian y de Amir Hamed, con poemas de Carlos Rehermann.

    Para que el festejo de este medio siglo dedicado al arte sea completo, la muestra está acompañada de visitas guiadas con el artista todos los jueves hasta el 11 de julio a las 18.30. Y además Larroca está acompañado de otros artistas. El jueves 20, a las 18.30, Leo Maslíah brindará en el Espacio Idea un recital de piano. El jueves 11 de julio los actores Rogelio Gracia y Leonor Svarcas leerán Nomenclatura y apología del carajo, de Francisco Acuña de Figueroa, el mismo texto que Walter Reyno y Nidia Telles leyeron en la Biblioteca Nacional cuando la obra erótica pudo exhibirse.

    Hay mucho para ver en la exposición y en el libro de Larroca. Mucho más de lo que se ve a simple vista en ese “montón de espejos rotos”, al decir del poeta, que componen sus obras.