• Cotizaciones
    martes 23 de julio de 2024

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    Buenos Aires y Montevideo: las ciudades de los mil y un estadios

    Es un acto de justicia poética que la primera final de los mundiales, la de 1930, se haya jugado en el Estadio Centenario, que en 2030 volverá a albergar un partido de la Copa del Mundo junto con otro en Argentina

    Más que marrón, el agua del Río de la Plata debería ser verde, y no por alguna repentina similitud con los mares del Caribe o de las islas Maldivas, sino por los estadios de fútbol que se superponen a una y otra orilla del estuario en las capitales de Argentina y de Uruguay. Lo que le falta a la actual Copa América, canchas con medidas reglamentarias —en Estados Unidos se juega con el mínimo permitido por la FIFA, campos de juego insertados con fórceps en escenarios de fútbol americano—, sobra en Montevideo y Buenos Aires.

    Es sabido, pero nunca viene mal recordarlo que, de los 16 equipos que participan en la Liga Uruguaya de Primera División 2024, 13 juegan en estadios de la capital: Peñarol, Nacional, Danubio, Cerro, Wanderers, River, Miramar Misiones, Defensor, Racing, Liverpool, Progreso, Fénix y Rampla Juniors. Las excepciones son Cerro Largo (en Melo, a 400 kilómetros de Montevideo), Deportivo Maldonado (en la ciudad homónima) y Boston River (en Florida).

    Ahora bien, lo que ocurre al otro lado del Río de la Plata, en Buenos Aires, resulta aún más singular: un censo de estadios desconcertaría hasta al mayor fanático porque entre la Capital Federal y su periferia, es decir, el AMBA (área metropolitana de Buenos Aires), se superponen 67 templos de fútbol. Y es, incluso, un recuento que no incluye a los equipos que acababan de sumarse a una nueva categoría del Ascenso, el Promocional Amateur, una quinta categoría con clubes —algunos centenarios, otros flamantes— que recién en 2023 pudieron afiliarse a la AFA.

    De los 28 equipos que participan en la Liga Profesional de Argentina 2024, más de la mitad —17— juegan en el conglomerado urbano en el que viven 14 millones de los 46 millones de argentinos, es decir, un tercio de la población del país. Ocho clubes tienen sus canchas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Capital Federal (Argentinos, Boca, Huracán, River, Riestra, Barracas Central, San Lorenzo y Vélez), y otros siete del otro lado del Riachuelo y la avenida General Paz, en el Gran Buenos Aires (Banfield, Defensa y Justicia, Independiente, Lanús, Platense, Racing y Tigre). Pero, además, como el AMBA está formado por La Plata, distante a 60 kilómetros de la Capital Federal, Estudiantes y Gimnasia también forman parte de la región urbanizada con más estadios del mundo.

    En franca minoría, los 11 equipos que participan en Primera División y quedan fuera del AMBA son Central, Newell’s y Unión (provincia de Santa Fe), Belgrano, Instituto y Talleres (Córdoba), Sarmiento (Junín, Buenos Aires), Independiente Rivadavia y Godoy Cruz (Mendoza), Atlético (Tucumán) y Central Córdoba (Santiago del Estero).

    Cavani-Bombonera-Boca-gol.jpg
    Edison Cavani festeja un gol de Boca en la Bombonera.

    Edison Cavani festeja un gol de Boca en la Bombonera.

    Pero, claro, los excesos porteños y bonaerenses no terminan en Primera División. Si se cuentan los torneos del Ascenso, es decir, el Nacional y las primeras B y C, otros 10 clubes juegan en sus respectivas canchas porteñas y otros 40 son locales en sus campos del Gran Buenos Aires (GBA). Hay, además, unos pocos equipos que no cuentan con casa propia y deben alquilar para hacer de local. La lista de estadios en Capital Federal, en el Ascenso, se completa con Defensores de Belgrano, Ferro, Chicago, All Boys, Atlanta, Comunicaciones, Deportivo Español, Sacachispas, Excursionistas y Lamadrid.

    A su vez, en el GBA también están las canchas de Almagro, Arsenal, Brown de Adrogué, Chacarita, Morón, Los Andes, Temperley, Quilmes, Acassuso, Almirante Brown, Colegiales, Estudiantes de Caseros, Fénix, Justo José de Urquiza, San Miguel, San Telmo, Talleres de Escalada, Tristán Suárez, UAI Urquiza, Defensores Unidos, Flandria, Cañuelas, Villa San Carlos, Argentino de Quilmes, Berazategui, Armenio, Laferrere, Merlo, El Porvenir, Midland, Ituzaingó, Alem, Luján, San Martín de Burzaco, Dock Sud, Italiano, Victoriano Arenas, Cambaceres, Central Ballester y Puerto Nuevo.

    Una de las 18 canchas porteñas es la de San Lorenzo, en el Bajo Flores, enfrente de uno de los barrios más vulnerables. Curiosamente, el Nuevo Gasómetro es el campo más moderno de Buenos Aires, pero muchos de sus simpatizantes no ven la hora de abandonarlo. “Ya hicimos dos canchas, vamo a hacer tres, vamo a volver, al barrio que a San Lorenzo lo vio nacer”, canta la hinchada, decidida a volver al lugar en el quedaba el antiguo estadio del club, el Gasómetro original, donde San Lorenzo fue local entre 1916 y 1979, y en el que en 1985 empezó a funcionar un supermercado —ya comprado por el club para el operativo de regreso—.

    Lo relevante del tema es que entre la cancha actual y la vieja, en Boedo, hay menos de tres kilómetros, y sin embargo para los hinchas es como si se tratara de otra ciudad, casi de otro país. Para ellos es tan importante San Lorenzo como Boedo, el barrio en el que vive la mayoría de los hinchas. Su voluntad para volver a jugar en lo que denominan “tierra santa” incluye una reivindicación: el Gasómetro fue demolido en 1981, durante la dictadura. En 2012, después de que decenas de miles de hinchas se movilizaran hasta la plaza de Mayo, el lugar de los grandes reclamos por justicia en Argentina, la legislatura porteña aprobó una “ley de restitución histórica” para que el club pudiera negociar con el supermercado la compra del terreno.

    Estadios-Racing-e-Independiente.avif
    Estadios de Racing e Independiente, separado por pocos metros.

    Estadios de Racing e Independiente, separado por pocos metros.

    Como si el hombre pudiera cambiar de familia y de religión pero no de equipo ni de estadio —por algo San Lorenzo busca volver adonde quedaba el viejo Gasómetro—, los simpatizantes de Boca están alistados en la misión de quedarse en la Bombonera. Es un estadio con capacidad reducida, para menos de 55.000 espectadores, pero la mayoría de los hinchas lo siente como parte de su identidad y se niega a la mudanza que algunos dirigentes proyectaron hace años.

    Así como el grupo musical Soda Stéreo definió a Buenos Aires como “la ciudad de la furia”, también podría haber cantado sobre “la ciudad de los estadios”. Las canchas de Racing e Independiente, los guapos de Avellaneda, parecen mellizas, están separadas por 200 metros. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, los empleados ingleses de los trenes y los primeros criollos fundaron un club casi en cada estación: Lanús, Banfield, Quilmes, Temperley, Arsenal (Sarandí), Los Andes (Lomas de Zamora), Arsenal (Sarandí), Defensa y Justicia (Florencio Varela), El Porvenir (Gerli), Talleres (Remedios de Escalada), Brown (Adrogué), Berazategui y San Martín (Burzaco), más Independiente y Racing, podrían fundar “La Superliga de la Zona Sur”.

    Cada estadio tiene su detalle. Un equipo de Primera C, Victoriano Arenas, juega en una especie de península que forman las contaminadas aguas del Riachuelo, por lo que un auxiliar recoge en bote las pelotas que vuelan por encima del travesaño en cada partido. El terreno de Lamadrid queda enfrente de la única cárcel porteña, la de Devoto, desde donde, del otro lado de las rejas, los presos gritan los goles de los equipos visitantes. Y también están los clubes que durante la crisis de los 90 perdieron sus campos: fue cuando los excluidos del sistema, sin lugar donde dormir, ocuparon las canchas de Central Ballester y Muñiz para fundar primero un chaperío, después una villa, más tarde un asentamiento.

    Semejante cantidad de canchas más la pasión de los hinchas —y la depreciación del peso argentino, claro—, generan una seducción irresistible para muchos extranjeros: cada vez más turistas aterrizan en Ezeiza para experimentar la atmósfera de los partidos de la Liga Profesional y las categorías del Ascenso. La oleada de fanáticos, en especial europeos, se acrecentó tras la explosión por los festejos de Catar 2022, cuando 5 millones de porteños y bonaerenses salieron a las calles para recibir a la selección. Además, la acumulación de fútbol casi todos los días y a diferentes horas (la Policía, para garantizar la presencia de efectivos, pide que no se jueguen partidos en simultáneo) facilita los planes de los turistas para multiplicar sus visitas a los estadios.

    Estadio-Monumental-Buenos-Aires-AFP.jpg
    Estadio Monumental.

    Estadio Monumental.

    Tim van Beek, un fanático de fútbol de Países Bajos, aprovechó a visitar las maravillas naturales de Argentina pero con clara predilección por el fútbol. “En mis dos viajes estuve en las cataratas del Iguazú y en el glaciar Perito Moreno, pero a la cancha de San Lorenzo fui cinco veces. Me hice fanático: en mi país veo videos de su hinchada en YouTube”, dice. Respecto a la violencia que caracteriza al fútbol argentino, Van Beek aclara: “Nunca me sentí en peligro pero, por la ubicación de algunos estadios, a algunos se puede ir solo y no pasa nada, como Vélez y Atlanta, pero en otros sí es indispensable asistir con un guía local, como San Lorenzo”.

    Justamente, los turistas suelen asistir a los estadios con guías locales: cada estadio tiene su especialista, que antes del partido les cuenta la historia y la idiosincrasia del equipo. Quien los recibe en San Lorenzo es Fabián Navatta: “Vienen muchos alemanes, holandeses o escoceses, y dicen que Buenos Aires es la meca del turismo del fútbol. Les gusta mirar a la gente, les sacan fotos a las tribunas y se van enloquecidos. Encima, por el tipo de cambio, les resulta barato, y el Mundial potenció el interés. A veces los partidos son aburridos y yo me preocupo y me digo ‘uh, la van a pasar mal’, pero los tipos igual están encantados. No les interesa tanto el fútbol: sacan fotos a la gente, al alambrado, a las entradas, a la policía, a las luces, a las uniones de cemento. El otro día vinieron austríacos y holandeses a ver un partido que terminó 0 a 0 pero igual se fueron felices, cantando las canciones”, agrega.

    Si esta cultura de conocer o coleccionar estadios en algunos países del mundo se llama groundhopping —saltar de un estadio a otro—, también podría denominarse Río de la Plata hopping. Es un acto de justicia poética que la primera final de los mundiales, la de 1930, se haya jugado en el Estadio Centenario, que en 2030 volverá a albergar un partido de la Copa del Mundo junto con otro en Argentina. En honor a la capital mundial de estadios, debería ser en Buenos Aires.