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    Aunque da pérdida, como la mayoría de los servicios postales públicos, el Correo Uruguayo es “estrella ascendente”

    Los correos estatales enfrentan una crisis estructural a escala global, y solo unos pocos lograron adaptarse al cambio tecnológico

    La Administración Nacional de Correos (ANC) —el Correo Uruguayo— es una empresa estatal que históricamente opera con pérdidas; aunque fueron menores a las del ejercicio anterior, el año pasado rondaron el equivalente a US$ 38,5 millones. Esos números llevan cada tiempo a que surjan voces del ámbito político y empresarial que reclaman cerrarla.

    Estos números del Correo Uruguayo no son un caso aislado. La mayoría de los operadores postales nacionales del mundo atraviesan una crisis estructural que trasciende los números rojos. Según información de la Unión Postal Universal (UPU) a la que accedió Búsqueda, la mayoría tiene pérdidas que responden a un doble desajuste: la disminución de densidad y rentabilidad del negocio de las cartas, y la falta de actualización de los marcos estratégicos y regulatorios para acompañar el cambio tecnológico y las nuevas demandas. A ello se suma un rasgo decisivo: la obligación de proveer un servicio universal. Eso significa que los correos públicos deben cubrir todo el territorio —incluidas zonas remotas y no rentables—, mientras las empresas postales privadas operan selectivamente en áreas donde el negocio les da ganancias, en competencia allí con los operadores estatales.

    En febrero pasado, antes de dejar su cargo como presidente, Ivo González defendió a la entidad en diálogo con Búsqueda. Como servicio descentralizado, el Correo Uruguayo tiene “muy buenos clientes del Estado”, pero, al mismo tiempo, “también hay mucha gente que integra el poder político de este país que habla con un gran desconocimiento, ninguno tiene idea de que la pesquisa neonatal la traslada el Correo. Yo diría que muchos de ellos no saben nada de lo que hace el Correo. Pero sí hablan de cerrarlo”.

    Un desacoplamiento medible

    Entre 2006 y 2023 el Producto Interno Bruto (PIB) global creció 75%, mientras los ingresos postales reales avanzaron 23,7% y los ingresos globales apenas 4%. El desacople fue cercano a 70% para un operador mediano. Solo uno de cada siete correos estatales en el mundo mantuvo el ritmo o superó a la economía de su respectivo país.

    Según el economista principal de la UPU, la causa principal del desacople no está en la tecnología, sino en la inercia estructural de los modelos postales. “Lo que explica esa desconexión —dijo en diálogo con Búsqueda— es que la mayoría de los operadores históricos no diversificaron lo suficientemente bien sus actividades y mantuvieron una gran dependencia del negocio de cartas y de la comunicación escrita. Eso perjudicó muchísimo la correlación entre sus ingresos reales y el crecimiento real de la economía”.

    El informe de la UPU señala que uno de los factores que explica casi la mitad de las diferencias en el desempeño de los servicios postales —un 46%— es la dependencia del correo tradicional: los operadores que reducen su volumen de cartas tienden a crecer más rápido. Por cada 10 puntos menos de participación del correo ordinario, el desempeño mejora entre 0,5% y 0,6% al año.

    El economista añadió que existen casos atípicos. “Hay ciertos correos en el mundo, como los de Francia, China o Alemania, donde la diversificación fuera del negocio de cartas hacia la paquetería, los servicios financieros o los servicios digitales les permitió crecer o incluso crecer más que la economía real de su país. Pero eso —advirtió— es más bien la excepción que la regla”.

    Sobre el caso francés, destacó que el éxito no fue casual: “Allí hubo una adaptación del marco, una visión fuerte del gobierno sobre lo que quería de su correo, orientada a la diversificación y a servicios cada vez más amplios y digitales. Se creó un ecosistema postal internacionalizado, y el resultado fue un éxito sin paliativos en términos de crecimiento real de los ingresos postales frente a la economía del país”.

    Leapfrog y “brotes verdes”

    Para América Latina, África y Asia emergente, el economista de la UPU sugiere un leapfrog, saltar etapas: donde la base postal es débil, replicar lentamente los modelos de países avanzados lleva a la irrelevancia. Recomienda aprovechar la capilaridad territorial y la confianza ciudadana para ofrecer desde el inicio servicios digitales, financieros y de identidad. Ese salto —dijo— es muchas veces un factor de supervivencia para el correo.

    Como ejemplo regional, mencionó a Brasil, donde “la infraestructura postal puede funcionar y los ciudadanos confían en ella”, lo que —afirmó— “ha jugado un papel importante en el crecimiento económico y la inclusión social del país”.

    El contraste entre zonas del mundo es marcado. El Índice Integrado de Desarrollo Postal 2025 muestra una mediana global de 50,8 puntos; los países industrializados promedian 94,4, Europa, Asia-Pacífico 46,4, África 36,3 y América Latina apenas 32,3, más de 60 puntos por debajo de la región líder. Por países, Suiza encabeza la lista, por décimo año, con 109,9 puntos.

    Entre los “brotes verdes”, la UPU destacó a Uruguay, junto con Ucrania y Sri Lanka, como uno de los tres países que más progresaron en 2024. “Uruguay es muy fuerte —dijo el economista—, tiene un equipo tecnológico muy bueno, gente muy capacitada que contribuyó mucho a esos cambios. Hay que ser bueno en el mundo digital, y el equipo del Correo Uruguayo lo es”.

    Uruguay fue reconocido por la UPU como una de las “estrellas ascendentes” del desarrollo postal mundial, por los avances “excepcionales” del Correo Uruguayo en fiabilidad, digitalización y eficiencia operativa durante 2023-2024.

    La hoja de ruta, sugiere el economista: consolidar identidad y comunicaciones seguras, pagos e integración con trámites del Estado y logística inteligente para pymes exportadoras, con inversión continua y respaldo político.

    La confianza y el papel del Estado

    El experto de la UPU remarcó que “una infraestructura postal que funciona bien es también un factor de inclusión de poblaciones vulnerables, de acceso a servicios financieros y de impulso para pequeñas y medianas empresas que quieren desarrollar sus negocios e incluso exportar fuera de su país”.

    Agregó que uno de los mayores activos de una empresa postal es la confianza de los ciudadanos: “Si una infraestructura postal mejora, puede entrar en actividades de negocio donde la confianza es primordial. El ciudadano sabe que puede confiar más en el actor postal que en otros, y que sus datos están más preservados”.

    En todo caso, destacó, el primer responsable de las pérdidas de las empresas postales públicas suelen ser los gobiernos. En muchos países, lamentó, las autoridades no se interesaron en la cuestión postal porque tenían otras prioridades o la consideraban poco atractiva.

    Pese a los déficits, los Estados mantienen a los operadores por sus externalidades sociales y estratégicas: última milla, pagos, identidad, inclusión digital y resiliencia ante crisis. El objetivo —dijo— es que la infraestructura postal funcione bien, se desarrolle y preste los servicios que necesitan ciudadanos y empresas para facilitar el crecimiento económico.

    “Una red postal bien gestionada puede facilitar hasta 7% del PIB en efectos directos e indirectos; el aporte directo clásico ronda entre 0,5% y 1%”, puntualizó.

    Fragmentación, costos y tiempos

    La red postal internacional se volvió mucho más compleja, según datos de la UPU, un organismo especializado de Naciones Unidas. Antes de la pandemia funcionaba con entre 30 y 50 corredores de alta frecuencia; hoy son más de 150. Esa dispersión encareció costos y alargó los tiempos. Entre febrero y mayo de 2025, el correo ordinario internacional cayó 67% en volumen frente a 2019 y 75% en piezas rastreables. En los envíos urgentes, la baja fue de 43% y 59%, respectivamente.

    Solo la paquetería mostró cierta resistencia: el tonelaje quedó 16% por debajo del nivel previo al Covid-19, pero la cantidad de envíos creció 38%. Aun así, los plazos se estiraron: el correo exprés pasó de nueve a casi 14 días de entrega promedio, y el resto de los envíos, de 17 a 21 días. Las empresas privadas, en cambio, logran despachar paquetes entre China y Estados Unidos en menos de cuatro días.

    La presión también se siente en los precios. En casi dos mil rutas, las tarifas son 30% a 40% más altas que antes de la crisis, y en los corredores entre Asia, África y América Latina se quintuplicaron. El recurso a vuelos chárter elevó 25% las emisiones y aumentó la huella de carbono hasta 19% en rutas intercontinentales.

    IA y mirada de futuro

    La inteligencia artificial (IA) no desplaza al correo: lo redefine, asegura el economista de la UPU. Mejora la experiencia del cliente, la eficiencia logística y la gestión. Operadores europeos ya aplican robotización, ruteo dinámico y sistemas inteligentes de atención y prevención de fraude. La amenaza real —advirtió— es la inacción. “Los correos que no integren la IA acelerarán su pérdida de relevancia en los próximos años”, señaló.

    Para el especialista, la enseñanza que deja el sector postal vale también para otras industrias de red —energía, transporte, telecomunicaciones—: diversificar no basta si los nuevos productos no se integran entre sí ni con los datos del cliente. En su opinión, “la competencia ya no es solo el courier vecino, sino las plataformas que orquestan ecosistemas”.

    En ese escenario, la IA conecta módulos, personaliza servicios y reduce fricciones. Con visión regulatoria, inversión y diversificación, la vieja infraestructura analógica puede transformarse en un activo estratégico para el desarrollo.

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