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    jueves 11 de julio de 2024

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    En un mundo en conflicto, Uruguay tiene la "oportunidad extraordinaria" de ser proveedor "confiable"

    Bajo un nuevo mapa global signado por la "bipolaridad" y la "guerra fría", aumentará la escasez en términos de confianza y la región puede aprovecharlo, sostiene el economista argentino Ricardo Dessy, de Citibank

    En un mundo que tendrá conflictos “crecientes”, la regla de oro de las finanzas de no concentrar el riesgo en una única opción aplicará para el suministro de energía y alimentos. Los compradores, con pragmatismo y sin importar las alianzas o simpatías ideológicas, buscarán proveedores confiables. Esa lógica dominará la geopolítica internacional en estos tiempos y abrirá una “oportunidad extraordinaria” para países de la región, sostiene Ricardo Dessy, un economista argentino con un posgrado en Estrategia de Wharton School de la Universidad de Pennsylvania, que es director de Asuntos Públicos y Gubernamentales de Citibank para su país y el Cono Sur de América Latina.

    De hecho, piensa que Uruguay es el que “mejor puede aprovechar” ese escenario y, a su vez, dar el “salto" de competitividad y de productividad que necesita. El país está posicionado “para jugar en Primera”, insiste.

    Sobre Argentina, señala que Javier Milei hizo un “diagnóstico correcto” de los problemas macro y microeconómicos. “Ese puente dorado que se construyó con el pueblo, ¿es sostenible o no? En los primeros seis meses fue muy sostenible porque el gobierno interpretó el mandato que pedía por favor sacar de encima una inflación que estaba matando a la gente”, aunque ahora el foco de preocupación es que “la recesión no se convierta en un desempleo galopante”, afirma.

    Dessy, que trabaja en Citibank desde 1996 y es profesor en las universidades de La Plata y la Torcuato Di Tella, estuvo la semana pasada en Montevideo para participar en charlas con clientes de la sucursal uruguaya. Lo que sigue es un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

    —En un análisis reciente señaló que puede ser una buena época para las economías emergentes como proveedoras de alimentos, energía, minerales y hasta de servicios financieros, en un mundo con tasas de interés algo más bajas hacia fines de 2024. ¿Qué le hace pensar que aprovechará esa oportunidad una región que en el pasado tuvo años y hasta décadas perdidas?

    —Digo que existe la oportunidad, pero no sé si la aprovechará o no. ¿Por qué quizás hay una mayor chance? Porque es mayor el atractivo relativo que tiene la región. En el pasado siempre tuvo el atractivo de vender energía, carne, leche, petróleo, gas, y después mejoró y también ofreció software y servicios no tradicionales. Competía por productividad, y hoy se compite por escasez: lo que está generando el nuevo mundo de bipolaridad y guerra fría son contextos que aumentan la escasez en términos de confianza.

    Con relación a esta oportunidad hay un mérito endógeno de la región, que es el haber generado mayor solidez institucional, independencia de los bancos centrales, disciplina en la política fiscal y monetaria. La región se ha emprolijado, se ha homogeneizado aplicando los manuales de la macroeconomía.

    Y hay un factor exógeno: lamentablemente el mundo está incurriendo en conflictos geopolíticos que provocan falta de previsibilidad en el suministro de energía y alimentos. En Europa, el gas venía de Rusia y el 40% del trigo llegaba de Ucrania, Estados Unidos tiene conflictos con China, Medio Oriente está prácticamente inhabilitando el canal de Suez… Es un contexto de desconfianzas crecientes. Entonces, no es solo que tengo la oportunidad para Vaca Muerta de mandar el gas y el petróleo a los alemanes, o que Uruguay mande leche porque los farmers ucranianos están en guerra. Esto está llevando a revisiones de ciertas decisiones estratégicas de muchos años. Para Europa, falló la creencia de que reducía vulnerabilidades comprando solo a los europeos. Además, empieza a haber ruidos internos y los alemanes dicen: “¿Por qué yo me jubilo a los 67 años, cuando los españoles se retiran a los 60 o a los 55?” o “¿por qué tengo que pagar el tomate o la lechuga al triple subsidiando a los franceses, cuando comprarlos a Brasil o a Argentina cuesta mucho menos?”. El paradigma de esa unión aduanera europea cerrada se está rompiendo con todo esto. Otro ejemplo es Estados Unidos con el nearshoring: con las desconfianzas crecientes, prioriza compararle a México, que puede ser un poquito menos previsible, pero llevar a hacer el manubrio de la Harley Davidson a China porque sale cinco dólares menos, no. Porque ese es un proveedor que no es muy confiable, que en la pandemia no solo cerró dos años, cerró la fábrica con candado y dejó de mandar manubrios.

    —En el marco de esa reconfiguración, ¿América Latina pasaría a ser menos chinodependiente?

    —No, porque la región se está manejando de una forma más estratégica y menos orientada por razones económicas. De este mundo de conflictos crecientes —¿esto termina en Ucrania?—, el gran aprendizaje es diversification. No puedo quedar pegado a un solo proveedor. Así como los principios básicos de finanzas indican diversificar los portafolios, el mundo va a decir: las variables de compromiso o alianza ideológica, política, eso se muere para tener diversificación de suministros. ¡Fíjese lo que acaba de pasar en mi país! Milei, que no era simpatizante de China, acaba de pedirle que le renueven el swap (de monedas); China le renovó el swap y ahora Milei va a ir a visitar a Xi-Jinping.

    —Pragmatismo puro.

    —Exactamente. Son conflictos difíciles de dirimir; no son conflictos arancelarios. Cuanto mayor es el grado de incertidumbre, más empujan al pragmatismo. Los principios ideológicos y las alianzas se mueren en un escenario en el que no sé qué voy a comer mañana.

    —Hablemos de Argentina. Su cargo en Citibank lo señala como responsable de Economía, Asuntos Gubernamentales y Públicos. ¿En su país es más difícil encargarse de esa área que seguir lo que pasa en la economía?

    —Estoy más en la economía. En lo otro actúo con un concepto más americano y estratégico, tratando de entender cómo pueden llegar a impactar al banco las dinámicas gubernamentales. Por ejemplo, una de las discusiones que está habiendo en Washington es sobre la inteligencia artificial. Y por eso Citibank tiene 200 años, porque tiene estos comités estratégicos que discuten lo que pasará en 10 o 20 años. Me acuerdo de haber participado hace muchos años de una discusión en la que alguien vino y dijo: “La principal competencia de ustedes es el celular”. Y nosotros: “No, si tenemos sucursales, tenemos el branding, los clientes van invitados al teatro o a ver tenis. ¿Cómo me puede ganar un celular?”. Bueno, no ganó pero compitió, y hoy los jóvenes ni saben qué es hacer una cola en un banco y por el celular hacen inversiones, transfieren, pagan.

    —¿Qué balance hace de estos seis meses del gobierno de Milei?

    —Tiene el diagnóstico correcto.

    El problema de Argentina es macro y microeconómico. El problema macroeconómico lo resolvieron todos los países de la región; la estabilidad fiscal, monetaria y de precios ya se logró. Pasó a ser, para alguien que busca un empleo en una organización global, decir: “Yo sé inglés”. Hace 30 o 40 años saber inglés era un activo diferenciador, ahora es una condición necesaria. La estabilidad macroeconómica pasó a ser eso: una condición necesaria. Si no sos prolijo con las cuentas ni levantes el teléfono, porque el desorden macroeconómico lleva a dinámicas disruptivas y a la imprevisibilidad que, como decía antes, es lo opuesto a lo que el mundo busca hoy. El mundo quiere socios de confianza: “¿Me vas a mandar leche en polvo hoy? Sí. ¿Y dentro de cinco años?”.

    Eso en la macroeconomía. Ahora, el gran problema en la Argentina es microeconómico y está en la función de producción, en la competitividad. La productividad es baja, producir es caro y traer los limones de Tucumán al puerto de Rosario es más caro que mandarlos a Estado Unidos. Ese arreglo micro es lo que da las diferencias competitivas hoy, ya que la estabilidad macro dejó de ser el diferenciador. ¡Todos los países de la región mataron la inflación! Perú, Paraguay, Chile, Brasil, Uruguay… todos encontraron esa fórmula! La diferenciación tiene que venir por calidad, precio y previsibilidad. Ese cambio es más largo e implica la oferta, que se logra con progreso tecnológico, con capital, con educación.

    ¿Cómo saco los limones de Tucumán más baratos? Tengo dos opciones. Una, terminar de hacer el tren que llega al puerto, porque hoy se exporta por camión, pero hay muchas restricciones sindicales y de infraestructura. La otra es que el Mercosur se ponga a trabajar en temas de productividad, que son los que realmente pueden poner a nuestros países en un podio global de proveedores de energía y alimentos, y entre todos hacer la inversión para sacar por el puerto de Atacama. No es una propuesta, es un ejemplo.

    Milei este problema lo tiene en el diagnóstico. Sabe que lo macro, sin ser fácil, es el más sencillo de arreglar porque lo arreglaron todos. Es como una apendicitis para la medicina: anestesia, hay que trabajar, pero se saca sin gran riesgo. El micro es el mayor problema. Y eso es la Ley Bases: aumentar el nivel de desburocratización, desregular, darle mayor flexibilidad al mercado de trabajo, ir a un tipo de cambio único, sacar los cepos, mejorar la previsibilidad fiscal arreglando el sistema previsional, darles un poco más de agilidad a algunas decisiones ejecutivas, el tema de privatizar… Yo no soy fanático de las privatizaciones, pero claramente las empresas públicas tienen que dejar de competir en recursos con la pobreza infantil. No sé si es la solución privatizar, pero es mejor la regulación.

    Creo que lo que están viendo los mercados es que el gobierno tiene el diagnóstico correcto —macro y micro— de que esta es la gran traba para Argentina para salir adelante.

    —Recién empezó el ajuste y la economía se contrajo 5% en el primer trimestre. ¿Hasta cuándo durará la paciencia de los argentinos con el nuevo gobierno?

    —Es un muy buen punto.

    El primer problema de Milei es que es nuevo en política: no tiene partido y no tiene experiencia en el sector público. No tiene ni siquiera formación política, como un CEO que se fue a hacer un máster en la Kennedy School… Eso trae problemas de gobernabilidad: tiene nada más que el 10% de los senadores y el 15% de los diputados.

    Por otro lado, Milei tiene dos activos muy fuertes. Primero, un apoyo del mundo que viene de lo que antes llamé el vector exógeno: “Argentina, te necesito jugando la Champions League, no la Liga de Ascenso, por todo ese petróleo, gas, cobre, litio, alimentos que tenés ahí…”. Segundo, tiene el soporte de la gente. El presidente determinó prioridades y el primer acierto en términos de leer la demanda popular fue “matemos la inflación”. Por eso liberó los precios rápido y eso explica la dinámica de 25% de inflación en diciembre y el 4% ahora, en mayo, una baja realmente histórica. Ahora, eso tiene costos y puede estar habiendo un atraso cambiario difícil de cuantificar. Eso se puede ver en dinámicas de consumo simple, como que los argentinos estamos yendo a comprar a Chile. En una lectura de lo urgente, quizás hace falta una corrección en el tipo de cambio. En términos de mediano y largo plazo, las verdaderas correcciones de competitividad no se hacen con devaluaciones, se logran expandiendo la oferta.

    Lo que veo es una dinámica asimétrica en términos de tiempo.

    —¿Cuánto durará ese soporte?

    —Por un tiempo va a durar, en la medida que se haya reducido la inflación significativamente, y creo que la gente se lo va a reconocer.

    También es cierto que hay un hastío respecto de un populismo de muchos años. La gente empezó a darse cuenta de que había un discurso que se agotó. La gente descubrió que sí, es cierto, hay más Estado y más empleados públicos, pero había cada vez más pobres, más impuestos, más regulaciones. Ahora, cumplir lo que Milei prometió va a llevar mucho más tiempo de lo que la gente originalmente estimó. Entonces, ese puente dorado que se construyó con el pueblo ¿es sostenible o no? En los primeros seis meses fue muy sostenible porque el gobierno interpretó el mandato que pedía por favor sacar de encima una inflación que estaba matando a la gente. Eso lo está honrando por ahora. Ahora la preocupación migra a lo que es el desempleo; y cuidado, porque estamos en una fuerte recesión, que también contribuyó a que la inflación se desacelerase fuertemente. El gran problema es que esa recesión no se convierta en un desempleo galopante que le haga perder ese mandato.

    En ese debate de si Uruguay debería ir solo, creo que hay una oportunidad extraordinaria para todo el Mercosur para ser el gran proveedor del mundo en cantidad. Sería una dinámica súper estratégica para América del Sur, porque no tiene problema de envejecimiento, no tiene problemas de conflictos bélicos, no tiene conflictos socio-políticos serios

    —Uruguay, como dijo, ordenó su macroeconomía, pero no juega en las grandes ligas. ¿Qué debe hacer para ascender de categoría?

    —Uruguay empieza a sufrir los costos de los pilotos de Fórmula Uno, es decir, en la vida está todo balanceado. La prosperidad y jugar en las grandes ligas también tiene sus costos. Es más difícil jugar en la Champions League que en el Nacional B de Argentina. Sé que Uruguay tiene 10% de pobreza, y no quiero decir que no sea un problema, pero ha resuelto muchos problemas y, en proporciones, es el país con la mayor clase media de la región. Es el país con mejor ESG (environmental, social and governance) en términos de gobernabilidad y sustentabilidad, y es extremadamente amigable con lo ecológico, que son las demandas que vienen. Es un país que no tiene problemas de corrupción ni de transparencia. Es decir, no ha resuelto solamente el tema macro, es un país que está posicionado para jugar en Primera.

    A Uruguay le está faltando hacer un salto de la competitividad, de productividad. En mi opinión, creo que Uruguay es el que mejor puede aprovechar esta oportunidad y dar ese salto al mundo de ofrecerse como proveedor confiable y proveedor de paz, que es otro de los términos estratégicos que está sobre las grandes mesas decisoras del mundo. ¡Uruguay —y toda la región— es un embanderado en la paz!

    Además, Uruguay y la región tienen otras variables estratégicas: han resuelto el problema previsional. Este es el gran problema que viene en el mundo; hay un envejecimiento poblacional. En Japón se venden más pañales de adultos que de bebés. Eso deteriora la productividad y la competitividad.

    Uruguay ya ha abierto una ventana y por eso recibió muchas inversiones. Como dije, el mundo no está comprando previsibilidad macroeconómica, porque eso está en casi todos los quioscos y dejó de ser escaso; lo que pasó a ser escaso es un suministro previsible y confiable, de largo plazo, de alimentos y de energía. Ahí está la gran oportunidad para dar el gran salto. Por eso, en ese debate de si Uruguay debería ir solo, creo que hay una oportunidad extraordinaria para todo el Mercosur para ser el gran proveedor del mundo en cantidad. Sería una dinámica superestratégica para América del Sur, porque no tiene problema de envejecimiento, no tiene problemas de conflictos bélicos, no tiene conflictos sociopolíticos serios. Más por mérito exógeno que endógeno, es un momento extraordinario y por eso, esta vez, debería aprovechar. El crucero está pasando frente a la isla con el náufrago.