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    La productividad es “un drama” para Uruguay, afirma funcionario del grupo Banco Mundial

    El país debe incentivar la competencia, recurrir a la “monetización de activos” públicos y generar una “clase media empresarial”, afirma el vicepresidente para Europa y América Latina de la Corporación Financiera Internacional, el brazo para el sector privado del Banco Mundial

    Aunque hace más de una década trabaja para el Banco Mundial (BM), y de varios años en contacto con la región, Alfonso García Mora, vicepresidente para Europa, América Latina y el Caribe de la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés) —el brazo para el sector privado del grupo BM—, no conocía Uruguay. Llegó la semana pasada para la firma de la operación de financiamiento del futuro ferry totalmente eléctrico de Buquebus por la importancia que le asigna a esta “operación azul”, pero también por los tiempos políticos del país. “Está en una coyuntura ideal para tomar decisiones relevantes y disruptivas” que le permitan a su economía crecer más y enfrentar el “drama” de una productividad estancada, lo que, según él, se lograría por la vía de la “innovación” y poniendo a competir a sectores como el bancario.

    “¿Es necesario un banco que tenga 45% de cuota de mercado en un mundo como el actual? Obviamente no”, afirma, aludiendo al Banco República. Para él, tampoco tiene sentido la participación estatal en áreas como la electricidad o las telecomunicaciones. El argot del BM en estos tiempos habla de hacer una “monetización de activos”, que puede implicar vender o abrir parte del capital de las empresas públicas —“pseudo privatizar o privatizar parcialmente”— y, con los recursos disponibles, realizar obra civil, escuelas o lo que realmente se precisa, porque allí es donde el sector privado no llega.

    “Tiene que haber un impulso para que haya mayor competencia” y “generar una clase media empresarial”, que fue la base del “milagro” del sudeste asiático, postula este español con un doctorado en Economía Financiera por la Universidad Autónoma de Madrid que conoce de primera mano esa región porque también trabajó allí para el grupo.

    Sobre estos temas conversó con Búsqueda en la entrevista que se resume a continuación.

    —Llegó a Montevideo para asistir a la firma de la operación por el barco ecológico de Buquebus en la que la IFC da una garantía parcial del crédito bancario. ¿También le interesó venir por el momento político?

    —Vine para reunirme con personas del sector público y privado, hacer una pregunta y transmitir nuestra visión. La pregunta es: ¿qué más puede hacer el grupo BM por Uruguay y para el desarrollo del país? Es una pregunta legítima por el momento (político), pero también porque el país tiene un enorme reto: conseguir crecer un 3,5 o un 4% (anual), en lugar de 2,5 o 2,8%. Para eso hace falta plantearse cosas muy desde los fundamentos, por las implicaciones que esto tiene en términos de inclusión y de desarrollo.

    En ese sentido, la idea de tener una oficina que representa a las dos partes del banco, es la nueva forma en la que el grupo está viendo el desarrollo. No es decir: “le doy un prestamito aquí al sector público para la educación o hago una inversión en Buquebus y ya está”, sino realmente ver cuáles son los desafíos y dar apoyo al país para el cumplimiento de los objetivos.

    —¿Cómo crecer más?

    —Para mí, Uruguay tiene dos cosas superimportantes. Primero, la calidad de la contrapartida: en muchos otros países no está la capacidad de innovar, y hay grandísimos problemas de corrupción o de rule of law que limitan la capacidad de hacer cosas. En Uruguay, hay una capacidad muy alta en esa contrapartida, tanto del sector público como del privado, y el país tiene un rule of law que funciona. Entonces, los basics están ahí para poder hacer más.

    Segundo, Uruguay tiene capacidad para innovar mucho más por su idiosincrasia geográfica y las condiciones naturales. Uruguay tiene que innovar para exportar al resto del mundo; es algo que estoy absolutamente volcado a tratar de conseguir, no solo en Uruguay, sino también en Jamaica o Polonia. Hay países que están haciendo cosas en el mundo que son superúnicas. ¿Innovar en qué? Buquebus es la primera inversión en un ferry eléctrico, ¡no hay otro en el mundo! Los coreanos no lo tienen, los tailandeses no lo tienen, los de Sri Lanka no lo tienen. Uruguay es el país del mundo que tiene, ahora mismo, el ferry eléctrico más importante. ¿Es tan relevante? Cuando la humanidad está comprando coches eléctricos para conseguir que el 25% de los gases de efecto invernadero se reduzca, también importa que se descarbonice el transporte fluvial, que representa un 5% del total de las emisiones. Entonces, lo que estamos consiguiendo con el ferry es mucho más. Este es un ejemplo de innovación. Hay muchos más, como el hidrógeno verde: Uruguay tiene potencial para producirlo y enseñarle al mundo cómo esta nueva forma de energía puede desarrollarse. O la creación de silicio verde. Parecen ejemplos aleatorios, pero no lo son y el denominador común es la transformación energética del mundo, la agenda climática y la agropecuaria, que es la otra gran pata, ya no solo de la trazabilidad y lo que se consiguió hacer en Uruguay junto con el Banco Mundial. Es innovar, y no tienen que ser solamente las cosas más fancy o sexies del mercado; pueden ser en proyectos más pequeños.

    —¿De qué manera la innovación permitiría hacer crecer más a la economía uruguaya? El ferry de Buquebus no mueve la aguja…

    —De acuerdo, aunque sí puede generar un dinamismo empresarial en el que la innovación sea la vía o el driver.

    Hay también otros temas que son fundamentales para mover la tasa de crecimiento potencial de Uruguay. Uno es la competencia; eliges un sector y encuentras un oligopolio o un monopolio público. Es un problema, porque genera que no haya mayor actividad empresarial en sectores claves. Podríamos empezar por el sector financiero: ¿es necesario un banco que tenga 45% de cuota de mercado en un mundo como el actual? Obviamente no. ¿Está esta estructura de mercado bancario limitando la capacidad de fintech o desarrollos de marketplace para financiar a pymes? Sí porque, con grandes operadores, tienes un crowding out enorme. Hablo del sector bancario, pero hay otros. Tiene que haber un impulso para que haya mayor competencia empresarial en el país. Y competencia no significa necesariamente darle la riqueza al sector privado o a las familias ricas, ¡no, no es eso! Es generar mayor dinamismo empresarial, lo que crea más empleo y más oportunidades de crecimiento.

    Soy un obsesionado con la competencia porque creo que es el drama de América Latina, no solamente de Uruguay. Cuando ves la productividad de los últimos 30 años es un drama. Y es un drama porque les falta competencia. Coge el país que quieras de América Latina y tienes un oligopolio, y tienes un problema enorme de empresas que no terminan de crecer. Hay empresas grandes superbuenas, que pueden competir internacionalmente con cualquiera, y luego tienes un montón de microempresitas; y en medio, vacío. Como vicepresidente para Asia veía justo lo contrario. ¿Cuál fue el milagro de Asia? Generar una clase media empresarial.

    Uruguay puede ser la cuna de innovación de América Latina; tiene calidad humana para hacerlo, tiene la renta per cápita para hacerlo, tiene tamaño para hacerlo, tiene posición para hacerlo. Solo es cuestión de asignar más eficientemente los recursos.

    —Parece difícil incorporar mayor competencia en sociedades con tradición fuertemente estatista como la uruguaya. ¿Cómo hacer ese clic?

    —Soy un convencido sobre el papel que debe jugar el Estado y no pienso para nada en que deba desaparecer. Pero sí creo que debe asignar los recursos públicos, que son limitados, ahí donde son necesarios. Es algo que hay que explicar bien al ciudadano medio y que me encantaría que los políticos abrazaran. No se trata de disminuir el rol del Estado, sino de que esté allí donde no está el sector privado y donde realmente genere un mayor impacto en términos de desarrollo. Vuelvo sobre el mismo ejemplo: ¿tiene sentido un sector bancario público? Hoy en día, para nada, a lo mejor 40 años atrás lo tenía. ¡No hace falta! De hecho, con esa estructura de mercado en este país hay una penetración del crédito del 30% del PIB. Si haces un análisis cuantitativo de desarrollo de un país y crédito sobre el PIB, el outlier es Uruguay. ¿Cómo es posible que este país tenga el desarrollo que tiene solamente con un 30% de crédito sobre el PIB? Hay un potencial que estás dejando en la mesa. Si ese 30% se llevara al 60% que tienen Colombia o Perú —no digo al 90% de Chile—, ¿cuál sería el impacto multiplicador en el PIB? Enorme. Ahora, ¿por qué no hay un mayor crédito sobre el PIB? No solo por la estructura del mercado (bancario), sino porque la falta de competencia en muchos sectores hace que no haya dinamismo empresarial y, por tanto, no haya demanda de crédito. Si hubiera, se podría avanzar en la creación de empleo y en la inversión, que es un segundo gran tema. ¡En este país la inversión debería estar en el 25% sobre el PIB, como está en el sudeste asiático, y no en el 17%! Al final, tú inviertes si crees que realmente vas a generar una rentabilidad futura. Tienes que generar el dinamismo para que esos flujos de inversión se produzcan.

    Vuelvo a su pregunta: arraigo al sector público. El sector público no va a desaparecer. ¿Pero tiene sentido tenerlo en la electricidad o las telecomunicaciones? No, hoy en día esos sectores no se necesita tenerlos públicos. ¡Invierte en educación, ahí realmente necesitas inversión pública! Invierte en protección social; ¡este país tiene una tasa de pobreza enorme para su nivel de desarrollo! Ahí hay una labor que hacer. Está el crimen; ¡ahí tienes un papel para el sector público, donde debería invertir mucho más! Que el sector público tenga que estar presente en áreas donde hoy en día el sector privado puede suministrar el mismo servicio, ¿para qué? Véndelo o monetízalo, coge esos recursos y ponlos allí donde sea necesario.

    —¿Habla de privatizar?

    —Privatizar tiene una connotación muy mala. Ahora en el BM hablamos de monetización de activos… No necesitas perder el 100% en una empresa; mantén el control, si quieres, porque para algún sector que consideras estratégico, está bien. Pero tienes otro 49% que podrías sacarlo a la bolsa o venderlo al sector privado. Es decir, puedes pseudo privatizar o privatizar parcialmente, y esos recursos los puedes utilizar en obra civil, para hacer escuelas, para hacer hospitales o lo que creas que realmente se necesita.

    —¿Lo que propone no es, con otro nombre, la misma receta de menos Estado planteada por los organismos internacionales décadas atrás?

    —No es un Estado más reprimido, es el mismo peso del Estado, pero enfocado donde tiene mayor impacto social. Insisto: soy un total convencido del rol del Estado, absolutamente, y también de la regulación. No planteo aquello del Consenso de Washington de desregulación, privatización, neoliberalismo, bla, bla, bla, sino de un mercado que debe ser absolutamente regulado, con un rule of law, y con una presencia del Estado en aquellas áreas donde los privados no llegan. Un mercado competitivo no es un mercado neoliberal y salvaje, sino uno donde hay reglas de competencia y hay más de un operador. Al final es: ¿quién queremos que se beneficie?, ¿el consumidor o el productor? Esta es la gran cuestión que está sobre la mesa. Cuando hay un solo productor de algo, lo que se está haciendo es dejarle a ese productor que sea el que se beneficie, en lugar del consumidor. Abre la competencia, asegúrate de que nadie tiene una posición de mercado superrelevante, y el consumidor se va a beneficiar de eso. Esto es aplicable a una competencia interna en sectores concretos y es a la apertura de la economía, que para Uruguay es fundamental porque su mercado es pequeño.

    —La tasa de inversión con relación al Producto solo subió mucho cuando hubo megainversiones como las fábricas de pasta de celulosa. ¿Cómo hacerla crecer y sostener tasas altas?

    —Vas a necesitar a las grandes empresas, obviamente, pero también a las pymes. Hay que canalizar crédito a las pymes de este país. Un 25% de las pymes en Uruguay dicen que no tienen acceso al crédito y aseguran que esa es su principal restricción en sus estrategias de crecimiento. Si eso es así, hay algo para hacer. Lo que necesitas es canalizar financiación para que las empresas puedan invertir. Y no es un solo factor, pero abrir los mercados a la competencia genera que haya más operadores y que estos deban invertir para competir.

    La agricultura inteligente y el hidrógeno verde pueden generar enormes volúmenes de inversión, pero no es la panacea. Para mí, la clave de la transformación es esa clase media empresarial y se necesita que el crédito vaya allí. Pero esa clase empresarial tiene que ver que hay un mercado donde competir y crecer, ¿si no, para qué se va a querer endeudar? La inversión podría dispararse hasta los veintitantos (puntos del PIB), como en el sudeste asiático.

    —De todo esto que conversamos, ¿qué considera central a incorporar en la agenda de un futuro gobierno?

    —No es casualidad que mi visita sea ahora, en un nuevo ciclo electoral. En los primeros dos años de gobierno es cuando se procesan las reformas. Como dije antes: por esto el país está en una coyuntura ideal para tomar decisiones relevantes y disruptivas apostando por aquellas cosas donde pueda generar mayor valor añadido mediante innovación vinculado a lo agropecuario, a la generación energética, etcétera. Desde luego, Uruguay no va conseguir elevar su tasa de crecimiento potencial haciendo lo mismo que viene haciendo. Lo nuevo que necesita es más competencia, mejor asignación de los recursos públicos, la regulación laboral —mayor flexibilidad no necesariamente en el despido, puede ser en la contratación también— y la apertura internacional. La combinación de estos cuatro factores le permitiría al país incrementar el nivel de inversión, que no puede ser pública. Esto no es antisocial, al revés, es mucho más social que políticas públicas de principios de los ochenta de Europa.

    —¿Ve en Uruguay a un sector privado dispuesto a competir?

    —No he hablado con muchos, pero hay deseos de ganar el partido. Pero tiene que haber partido. Si no permites competir, no se puede ganar.

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