En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Conectada con el estatus y la solemnidad, esta prenda con larga historia parece estar en proceso de deconstrucción. ¿Influyó el paso de Pepe Mujica por el poder? ¿Qué dicen los números sobre su uso en Uruguay y el mundo?
Por moda, tradición, protocolo o como símbolo, se estila usar corbata en eventos sociales y en algunos ámbitos profesionales y de poder. Parece que tener esa tela anudada al cuello da importancia y solemnidad al cumpleaños de 15 de la sobrina, a una entrevista de trabajo, a una recepción diplomática o a un Consejo de Ministros. Sin embargo, esto parece haber cambiado un poco en tiempos recientes, al menos en nuestro país.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Es un cambio que adopté: me pongo corbata solo en ocasiones formales que la requieren; me resulta incómoda, innecesaria y una expresión cultural que no me identifica, aunque admito que algunos —y algunas— las visten muy bien. ¿Qué dicen los números sobre el uso en Uruguay y en el mundo de este implemento con larga historia? ¿El paso de José Pepe Mujica por la Presidencia desanudó esa representación de estatus y poder?
Soy Ismael Grau, editor de Economía en Búsqueda y autor de esta newsletter, Detrás de los números, en una entrega con outfit casual para abordar un tema liviano.
Moda y estatus
Para empezar, un poco de historia sobre la corbata a partir de lo que desencajoné de distintas fuentes aparentemente serias.
Con una doble función, el collarín de cuero ajustado al cuello era usado por mercenarios croatas —hravats— reclutados por Francia en la guerra de los Treinta Años (1618-1648): para ayudar a mantener un porte militar y, además, como protección contra las espadas en esa parte del cuerpo fundamental, que sostiene nada menos que la cabeza.
Después, una versión parecida a una pajarita fue adoptada por el rey Luis XIV y su corte con el nombre de cravate, como derivación de la palabra francesa para croata, croates.
Según The English Manner, un instituto británico sobre etiqueta, la cravatte tuvo varias evoluciones a lo largo del tiempo. Hacia finales del siglo XVIII surgió una pieza con semejanzas al cravat moderno o ascot en América del Norte, introducido a la moda por jóvenes.
Ya desde su adopción cortesana la corbata era sinónimo de estatus, aunque parece que lo importante no era tanto el valor de la tela, sino el tiempo que se tardaba en anudarla con la asistencia de un “ayuda de cámara”.
Corbatas
Al avanzar el siglo XIX la prenda empezó a ser de uso aceptado entre “caballeros”, especialmente los que trabajaban en el sector financiero. Eran trozos largos de tela que se podían anudar como una pajarita o de la misma manera que una corbata moderna, más prácticos y formales.
A principios de la década de 1920, el fabricante neoyorquino Jesse Langsdorf comenzó a producir corbatas de seda cortadas con la trama de la tela en diagonal, lo que al parecer las hacía más resistentes y permitía que mantuvieran su forma. Este tipo de confección ya tiene más de un siglo, aunque en la actualidad los diseños pueden ser clásicos o llevar estampado, por ejemplo, a Homero Simpson.
Se puede leer de todo sobre esta prenda que estuvo conectada desde sus orígenes con el estatus y lo masculino, si bien la corbata parece estar en proceso de deconstrucción. En 2007, el escritor y periodista argentino Hernán Casciari publicó La decadencia del Hombre Corbata, un texto combativo e ideologizado, escrito con su excelente pluma; lo podés encontrar fácilmente en internet.
Algunos números
La imagen del empresario construida por el cine del norte es la de un hombre vestido con prolijo traje y corbata, aunque luce obsoleta: Elon Musk (dueño de Tesla, SpaceX, la red social X, etcétera), Jensen Huang (Nvidia) o Mark Zuckerberg (Meta) alternan ropa formal con una remera, una campera de cuero, gorro de visera y algunas extravagancias de millonarios del sector tecnológico. El eje del poder económico cambió en años recientes, y la moda y algunos de sus símbolos, también.
En Uruguay, nuestro empresario o empresaria promedio —generalmente micro o pequeño, del comercio y los servicios, muchas veces “emprendedor por necesidad”— está lejos de esa representación, aunque como periodista trato también con varios dueños de empresas o altos ejecutivos que visten corbata como ropa de trabajo habitual. Son en general de las finanzas o algún gran industrial o constructor; en cambio, se ve poco en el agro y en el rubro tecnológico, donde el ambiente laboral es descontracturado y más juvenil. Es una prenda que juega fuerte en los roperos de los mayores de 60 años.
Por fuera del círculo de los negocios, se encorbatan profesionales, como los contadores, abogados y algunos médicos, también jerarcas de gobierno y otros políticos, así como los diplomáticos. Una anécdota de la semana pasada: empezando una sesión de fotos de pie enseguida de terminada la entrevista que le hicimos con un compañero de Búsqueda, el ministro se percató que no tenía puesta su corbata, incómodo, como si fuese a salir retratado en calzoncillos. Pero el fotógrafo empezó a disparar y su preocupación pasó a ser la pose.
Algunas estadísticas sobre el mercado mundial de corbatas, lejos de dar por muerta a esta prenda, anticipan un crecimiento.
Según Grand View Research, una empresa de investigación y consultoría con base en Estados Unidos, el mercado global de corbatas fue de US$ 3.743 millones en 2023; Asia-Pacífico fue la región que más ingresos generó. Proyecta un volumen de ventas por US$ 4.465 millones para el 2030; el informe que leí señala que se espera que la “creciente tendencia” de combinar corbatas con ropa informal aumente la demanda. Además, señala que varias escuelas de negocios y universidades han incluido las corbatas en sus códigos de vestimenta, ampliando así la cartera de clientes de este producto que “ofrece una apariencia profesional, sobria y elegante”.
La “investidura” y ¿el “efecto Pepe”?
Si bien hay quienes mantienen la moda solo por gusto o costumbre, hoy la corbata vive y lucha en ciertos ámbitos asociada con la imagen de estatus y seriedad. De hecho, una conversación sin corbata quiere decir “sin tanto protocolo”.
Cuando entré a Búsqueda a fines de los años noventa, los periodistas usábamos saco y corbata, lo cual, de algún modo, nos mimetizaba con los empresarios o los funcionarios de gobierno con los que tratábamos. Eso pasó a ser más flexible también en otros ámbitos desde que un presidente de la República puso en cuestión por la vía de los hechos el significado de estas y otras formalidades (las sandalias en algún evento público fue, para muchos, una provocación excesiva).
Sin esos extremos, el entonces presidente Luis Lacalle Pou también dejó la corbata para ocasiones más formales, lo mismo que Yamandú Orsi; eso posiblemente les da a los políticos una cercanía con el ciudadano medio, que no usa corbata. En un día caluroso de setiembre, el actual mandatario dijo que se sentía “horrible” cuando una movilera de Canal 4 le preguntó si estaba cómodo de traje.
Algunos políticos consideran que el exceso de informalidad daña la imagen de ciertas instituciones frente a la ciudadanía. “Desde que llegó el MPP (Movimiento de Participación Popular) al Senado esa investidura cayó. Todos y cada uno de ellos van como si fueran a bailar a Volvé Mi Negra. No va por ahí”, cuestionó hace poco el senador blanco Sebastián da Silva en Montevideo Portal.
Muchos usuarios compran sus corbatas cuando viajan al exterior, algunos aprovechan el régimen de franquicias aduaneras ahora tan en boga, y otros son clientes de las tiendas de ropa clásica y formal. Básicamente, nuestro mercado es de confecciones importadas.
La serie estadística de importaciones de corbatas y prendas similares que conseguí abarcan los últimos 15 años, pero es poco lo que se puede inferir de allí. En 2013 y 2014 las cantidades (unidades) y montos fueron de las más altas de todo el período. ¿Ponerse corbata fue algún tipo de manifestación frente al estilo sencillo de Pepe Mujica? Es una hipótesis sin constatación posible en los datos.
A su vez, el 2016 resultó uno de los años con menores cifras de importaciones (también el 2020, en el contexto de una pandemia que llevó a muchos a trabajar desde su casa y que produjo problemas en los fletes internacionales).
Más cerca en el tiempo, en 2024 se importaron unas 7.700 corbatas, la mayor cantidad de toda la serie después de la de 2013 (11.432). En 2025, hasta principios de setiembre, la cifra rondaba las 3.700.
Lo dicho, es difícil enunciar conclusiones sobre un mercado que depende de varios factores. Lo que sí puedo afirmar a partir de las estadísticas es que entre los importadores más grandes o más frecuentes desde 2010 figuran tiendas como Zara, H&M, Decathlon, la empresa Iluimport y, curiosamente, también la Corporación del Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Y que entre nuestros caballeros que mantienen esta costumbre en el vestir predominan, por lejos, las corbatas made in China.
—
Antes de despedirme, te recomiendo algo de lectura de Búsqueda del último jueves: esta nota de Nicolás Delgado a propósito del recién lanzado libro de Fernando Amado sobre la histórica influencia masónica en Uruguay, un círculo en el que muchos miembros combinan mandiles y corbatas.
Ya sabés que recibo con gusto tus comentarios, críticas o sugerencias en este mail: [email protected], y que, en lo posible, contesto.