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Las monedas digitales emitidas por bancos centrales pueden ser "el futuro"
Aunque se están perfeccionando continuamente, los criptoactivos como el Bitcoin tienen la desventaja de que su valor se mueve como en una “montaña rusa”, señala Fabrio Malacrida
Como responsable del área de gestión de activos y de pasivos en la Gerencia de Política Económica y de Mercados del Banco Central (BCU), Fabio Malacrida debe administrar los más de US$ 16.000 millones de reservas con las que cuenta el país. Es el equivalente a 20 puntos del Producto Interno Bruto (PIB) que, con un retorno anual cercano al 5%, generan unos US$ 800 millones. Según él, se trata de activos con “un valor enorme” como “solidez” financiera y también desde el punto de vista de la confianza que genera en los inversores del exterior que eligen al país.
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Estos activos de reserva están nominados principalmente en dólares (90% a fin de 2023), que es la moneda preferida mayoritariamente por otros bancos centrales en el mundo. La divisa estadounidense también sigue siendo la referencia para comercio internacional al ser emitida por Estados Unidos, una economía con “baja inflación”, que “es predecible”, y que tiene una Reserva Federal “creíble”. Por su lado, el euro tiene aceptación para transacciones comerciales básicamente en Europa, mientras que hay esfuerzos “importantes” de China por “internacionalizar” su moneda, el renminbi (también conocida como yuan). Pero, con ciertas limitaciones, los criptoactivos están desafiando este panorama, señaló.
Malacrida habló sobre estos temas a título personal –aunque en varias ocasiones refirió específicamente a su trabajo en el BCU- en un evento organizado a fines de mayo por la Secretaría de Inteligencia Estratégica de Estado en el que se analizaron algunos desafíos que enfrenta Uruguay a mediano y largo plazo en distintos ámbitos. Su exposición se centró en las monedas transaccionales en el presente y el futuro.
“Montaña rusa”
Dijo que, con más fuerza en los últimos 10 años, emergieron, “producto de la tecnología”, las “criptomonedas, criptoactivos, activos virtuales” como “alternativas que están tomando mucho vigor en el desarrollo, pero que todavía tienen cosas a perfeccionar”.
Como “monedas virtuales” que son, “no permiten el intercambio a una moneda física”, a diferencia de las fiduciarias tradicionales, contrastó. Otra diferencia sustancial es que no son emitidas por ningún banco central ni están bajo su regulación. Además, acotó el contador, el “tema del anonimato puede generar o puede esconder bajo las criptomonedas actividades criminales de evasión de impuestos, de lavado de dinero”.
Otra característica es que las cripto son activos con un valor “muy volátil”, lo que las hace poco atractivos para ser utilizadas para, por ejemplo, un exportador, al exponerlo a un “riesgo continuo del precio”. En los últimos tres años hubo siete eventos con el Bitcoin bajando más de 20% en un día, y otros tres en los que su cotización cayó 40%. “O sea, ustedes se quedan sin la mitad de su riqueza prácticamente en un solo día”, reforzó Malacrida ante un público en el que habían varios empresarios exportadores. “Obviamente, esos swings son a la baja pero son al alza, con lo cual para muchos inversores que especulan con el precio realmente lo vuelven muy atractivo. Pero es una montaña rusa, ¿no?”, añadió.
Por esa volatilidad, según él, no se ha generalizado el uso de las criptos, aunque “empiezan a aparecer nuevos instrumentos, como las llamadas stable coins.
Para Malacrida, en el futuro los activos virtuales pueden llegar a ocupar un lugar más relevante en la medida que logren tener mayor liquidez —“hay más de 50.000 criptomonedas, hoy por hoy, la gran mayoría el 99,9% insignificante”— o profundidad en el mercado.
“No tiene una velocidad de procesamiento muy rápida”, aseguró, y comparó: Visa y Mastercard en su promedio histórico diario tienen 24.000 y 5.000 transacciones por segundo, frente a siete del Bitcoin y 12 en el caso de Ether, el segundo criptoactivo en volumen. Solana, en tanto, está generando 4.000 transacciones por segundo, dijo, para señalar la idea de un sistema de pagos en rápido cambio. “Este ecosistema de las criptomonedas está generando una permanente evolución; hoy no son aconsejables, pero no sabemos qué puede pasar en un futuro”, reflexionó.
Opinó que, para disputarle espacio a las monedas tradicionales, los activos virtuales deberían “fortalecer las soluciones de custodia y clarificar la regulación”. Y explicó: “Cuando uno tiene una criptomoneda, la única llave de la custodia es mi llave digital privada; si pierdo mi llave digital privada desaparece mi activo”.
Malacrida luego habló de lo que, para él, es “el futuro”: las monedas emitidas digitalmente por los bancos centrales, un camino que años atrás exploró el BCU. “O sea, a todas las características positivas que resaltamos de las criptomonedas le agregamos la regulación, el respaldo de un banco central, los controles del lavado dinero, le podemos agregar muchísima liquidez y volumen, y creo que puede ser el futuro”, insistió.