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Para los exportadores, la pérdida de competitividad “ya no es incomodidad, es desesperación”
La Unión de Exportadores valora la decisión monetaria tomada por el BCU, aunque cree que se debería haber tomado antes; el sector exportador está “llegando a un punto en el que ya la situación es absolutamente crítica” y pone “en pausa” planes de inversión
Carmen Porteiro, presidenta de la Unión de Exportadores.
A pesar de la cifra récord registrada en 2025, el año pasado terminó con un “retrogusto amargo” para la gremial del sector exportador. Es que dentro del total vendido al exterior se esconde una realidad más compleja, por el deterioro “muy fuerte” en la competitividad que afecta la situación de las empresas. “Tendríamos que estar celebrando un hito, (...) pero no podemos celebrarlo del todo por la cantidad de alarmas que vemos para el muy corto plazo”, dijo a Búsqueda la presidenta de la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU), Carmen Porteiro.
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Señaló que la baja del tipo de cambio nominal llegó a una situación “absolutamente crítica” y alegó que el sentir de los exportadores “ya no es incomodidad, es desesperación” ante la pérdida de rentabilidad que afecta a las firmas. Eso está llevando a que algunas “pongan en pausa” los planes de inversión, advirtió.
También señaló “preocupación” por los problemas de conectividad y conflictividad en el Puerto de Montevideo, la incertidumbre en torno a los acuerdos comerciales como el recientemente firmado con la Unión Europea y el incremento de las tarifas públicas y de los salarios. Apuntó que es preciso aggiornar las condiciones para competir con “sentido de urgencia”.
Para 2026, con el crecimiento “muy magro” que se proyecta para la economía y cierta estabilidad en el nivel de los precios de los commodities, Porteiro dijo que mantener la cifra de exportaciones del año pasado “sería un escenario razonable”.
—El 2025 inició con varios frentes de incertidumbre, externos —como los anuncios de aranceles de la administración de Donald Trump— internos, como la discusión presupuestal, anuncios de cambios a la regulación de inversiones y de algunas normas laborales, la ronda de negociación salarial, etcétera. ¿Cómo evalúa el año para el sector?
—Pasó de todo, tal cual. Fue un año atípico, lleno de volatilidad y de mucha intensidad. Al final, los exportadores lograron un crecimiento, llegaron a un récord histórico de sus dólares exportados, pero allí hay que hacer un doble click para desgranar todo lo que pasó en el medio. La realidad es que hay un deterioro en la competitividad muy fuerte, que termina afectando los números de las compañías. En la cifra de dólares exportados hay empresas y realidades que no se ven reflejadas. Hay pymes con grandes desafíos hacia adelante, empresas de servicios que tienen un componente muy importante de costos en moneda local por mano de obra…
El 2025 fue de una gran volatilidad y, si bien termina con un balance positivo en los dólares exportados que nos alienta de cara al futuro, termina con un retrogusto amargo por indicadores que realmente nos preocupan, no solamente el tipo de cambio como podemos ver en este primer mes del año, sino también la incertidumbre que se está generando en relación a acuerdos comerciales que pensábamos que podríamos tener, cuya firma de hecho celebramos, y que ahora nos encontramos que dan marcha atrás. También por las proyecciones de PBI (Producto Interno Bruto) para el 2026, que son muy magras y que nos preocupan. Los parámetros que fueron tomados como hipótesis en la Ley de Presupuesto y las modificaciones o la realidad que enfrentamos ahora, nos preocupan.
El sector exportador es un tractor de la economía en su conjunto, por la mano de obra que representa, por el porcentaje de PBI que mueve y por las inversiones que se instalan pensando en vender afuera. Tendríamos que estar celebrando un hito, por el récord de las exportaciones, pero no podemos celebrarlo del todo por la cantidad de alarmas que vemos para el muy corto plazo.
—La caída del tipo de cambio nominal representa una de esas alarmas. ¿Qué análisis hace sobre el precio del dólar, que incide de lleno en la competitividad comercial y sobre la política de control de la inflación del Banco Central (BCU), que el año pasado sobrecumplió la meta?
—La competitividad es el desafío número uno para el sector, que engloba muchos factores.
Hay un número que es tremendo, es un valor nominal, pero hoy (23 de enero) el tipo de cambio está seis pesos menos que el mismo día del año pasado. Eso afecta, y por supuesto que tener una inflación baja es algo significativo, pero también tenemos que pensar en la inflación de insumos que no son transables, la de los servicios públicos (UTE, Antel, OSE), que también son importantes para la exportación de bienes y de servicios, y que se ubicó por encima del 3,65% (la variación del Índice de Precios al Consumo de todo 2025). También son determinantes las pautas de incrementos salariales. Con lo cual, este desfasaje entre el comportamiento del dólar y los costos más significativos para nosotros es un factor de preocupación y de alarma.
También nos preocupa la conectividad y los costos logísticos. Los eventos en el Puerto de Montevideo generaron un octubre negro, con exportaciones detenidas a excepción de granos; perdimos un porcentaje importante de tránsitos. Eso también afecta al clima de negocios y las proyecciones que podemos hacer para el 2026.
Guillermo Tolosa y Union de Exportadores
El presidente del BCU con la directiva de la Unión de Exportadores.
BCU
Es importantísimo consolidar un nivel de conectividad que esté a la altura del país exportador que queremos crear. Imaginémonos un mundo en el que efectivamente se concretaran estos acuerdos comerciales, como el de la Unión Europea-Mercosur. ¿Cuál va a ser el beneficio de esta baja de aranceles internacionales? ¿Va a compensar los costos adicionales que tenemos localmente? ¿Realmente va a ser un driver para que los exportadores puedan llegar en mejores condiciones, aumentar su nivel de negocios y nuevas empresas se sientan atraídas por estar en Uruguay? Porque en esto no estamos solos, tenemos que poder mostrar nuestros diferenciales. Uruguay sigue teniendo factores muy importantes en cuanto a su estabilidad jurídica, económica, su respeto por el medio ambiente, su matriz energética, no lo desconocemos, pero no nos podemos quedar en eso; los países se actualizan y compiten y generan modificaciones a ritmos… Lo que queremos transmitir es el sentido de urgencia para Uruguay de aggiornarse.
—¿Cómo está afectando la baja del tipo de cambio en la rentabilidad de las empresas y en la planificación de las inversiones?
—Según el último dato publicado del indicador que tiene el Banco Central para medirla, que tiene una mirada muy parcial sobre la rentabilidad, hubo una caída de más del 11% entre setiembre del 2024 y setiembre del 2025. Si a eso hay que agregar gastos de administración, costos directos de venta, logísticos, impuestos, entonces seguramente la situación es para que algunas empresas pongan en pausa o tomen con mayor cautela las inversiones. En los grupos de trabajo con los socios está apareciendo muy frecuentemente la cautela a la hora de una nueva inversión, dadas estas condiciones.
Tenemos un régimen de promoción que es altamente valorado, son temas que están en consideración en las decisiones y procesos de presupuestación. Pero la realidad es que hace tres o cuatro meses ninguno estábamos presupuestando (inversiones), pensando en una situación del tipo de cambio como estamos teniendo en estos días. Estamos en una situación bastante compleja.
—El lunes 26, el BCU adelantó su reunión del Comité de Política Monetaria y recortó 100 puntos básicos la tasa. ¿Qué opina sobre esa medida y qué efecto espera?
—La decisión de adelantar la reunión era absolutamente indispensable. Hay una preocupación real más allá de que hemos escuchado al presidente del Banco Central en diciembre, diciendo que no estaba cómodo con el dólar. Me imagino que sigue su incomodidad y, claramente, lo nuestro ya no es incomodidad, es desesperación. Porque, obviamente, el dólar está afectado por factores internacionales, pero en Uruguay ha respondido diferente si lo comparamos con otros países. En Uruguay han pegado más los efectos internacionales, entonces seguramente tenemos algo para hacer localmente, que se debería haber hecho antes, porque estamos llegando a un punto en el que ya la situación es absolutamente crítica.
Con el ajuste de la tasa da una señal al mercado de preocupación, también con las declaraciones de las autoridades y el documento emitido por el BCU, que acompañó el anuncio, sobre que los instrumentos van a estar todos a disposición para contener estos factores exógenos. Son señales muy importantes, fuertes, en el sentido que veníamos conversando, proveyendo información para que se entendiera la magnitud del problema y la urgencia. Esto está sujeto a lo que pasa en el resto del mundo; entendemos que era una medida necesaria. Para evaluar el impacto tenemos que esperar unos días más.
—Para 2026, ¿cómo analiza el escenario de precios internacionales para los principales commodities y qué expectativas tiene para las exportaciones?
—Lo que estamos viendo con diversos analistas es que, en términos generales, no se visualizan cambios significativos en los precios, sí determinados ajustes —algunos a la baja, otros al alza—, pero no abruptos respecto al cierre del 2025.
Sobre las perspectivas, estos primeros días de enero son mejores que los primeros días del 2025. Eso no hace una tendencia, ni por asomo. Soy muy cauta, creo que mantenernos como hasta ahora, con estas premisas que estamos manejando, sería un escenario razonable.
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Porteiro junto al presidente de la República Yamandú Orsi en un almuerzo de trabajo.
Mauricio Rodríguez
La entrada en vigencia, la ratificación de los acuerdos, como el de la Unión Europea-Mercosur, tenía un contenido muy fuerte, porque sabíamos que no es de inmediato el (impacto) en el flujo de comercio. Pero teníamos expectativas con respecto a decisiones de inversión a partir de esa concreción. Por tanto, en la medida que la inversión se vaya ralentizando, las posibilidades, la capacidad potencial del Uruguay para crecer, se estancan.
—El gobierno aprobó cambios al régimen de inversión, exoneraciones de tasas y costos para el comercio exterior. ¿No son suficientes?
—Vemos con buenos ojos las medidas para desempapelar y flexibilizar determinados regímenes, colaboran. Pero tiene que haber algo más que se materialice en rentabilidad o en posibilidades de nuevos negocios que hagan realmente interesante la inversión en un mundo en el que Uruguay no está solo y los inversores tienen otros instrumentos para invertir. Tenemos que pensar lo que dinamice a Uruguay; existen emprendimientos increíblemente innovadores que tenemos que ayudar en esa última milla de internacionalización y a los que hay que darles las condiciones para que generen empleo. Estoy pensando en los emprendimientos que se están desarrollando en ciencias de la vida, en las posibilidades que puede seguir trayendo la industria del software, o la audiovisual, y en todo lo que son servicios. ¿Le estamos dando las condiciones para seguir creciendo y contratando? Son de los más afectadas por la brecha entre el incremento de sus costos y el comportamiento del dólar.
—Los anuncios del Ministerio de Economía (MEF) de desempapelamiento y otras medidas perseguían, además, la mejora del clima de negocios. ¿Se logró?
—Vimos buenas señales al inicio, cuando se anunciaron una docena de medidas (como la reducción de la tasa del Laboratorio Tecnológico) que se aprobaron con la Ley de Presupuesto. Esos anuncios nos dieron un empuje de optimismo, pero, bueno, después tuvimos golpes de realidad, como fue el tema portuario, la conflictividad en determinados sectores como la pesca, en algunas empresas exportadoras. También tuvimos los anuncios en materia impositiva, que vinieron dentro de la Ley de Presupuesto, que generaron diversas repercusiones.
Entre los exportadores no percibo un mejor clima, sino una señal de alerta y preocupación sobre determinados temas específicos, de eventos que se dieron en el 2025 y también por esta situación del tipo de cambio en Uruguay.
Destaco lo positivo que es el nivel de comunicación: hay un muy buen nivel de llegada y apertura con el MEF, mucha disposición a conversar y a entender la lógica que se maneja en el sector. También con el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, con Cancillería, estamos en sintonía y vamos a estar acompañando la gira del presidente a China.
En lo que sí hacemos mucho énfasis es en esa situación o urgencia del exportador para determinada toma de decisiones, porque en algún caso los tiempos políticos pueden no acompañar.
Con el Ministerio de Trabajo estuvimos en contacto, especialmente en octubre, y también estuvimos alineados. Por supuesto que preocupan algunas declaraciones, porque buscamos la flexibilización en lugar de la rigidez o el aumento de determinados requerimientos.