En los últimos años, los planes de descuentos de UTE para incentivar la eficiencia energética y fomentar el buen comportamiento de pago de los clientes residenciales han sido el común denominador de la política comercial del ente. Pero, al mismo tiempo, la empresa pública viene otorgando bonificaciones al sector productivo e incorporó nuevos programas de rebajas para retener a algunos grandes consumidores o bajarles los costos de electricidad a rubros como construcción, lácteo, vitivinícola, pesca, entre otras firmas agropecuarias —que aplican sistemas de riego—, exportadoras en general y empresas comerciales y de servicios que instalan bombas de calor para calefaccionar ambientes o piscinas (hoteles, clubes, etcétera), entre otros usos.
El año pasado, el monto para ese último tipo de programas destinados a clientes no residenciales fue de casi US$ 150 millones, un monto que el ente explicitó en sus estados financieros y que representó 8% de la facturación bruta de energía realizada al mercado interno, señala un estudio de la consultora Exante, que se presentará hoy jueves 10 en el evento Energía y competitividad: claves para el desarrollo productivo, organizado por la Asociación Uruguaya de Generadores Privados de Energía Eléctrica (Augpee) y la Asociación de Generadores y Comercializadores de Energía Eléctrica Industrial. En la última década, las bonificaciones totales “han aumentado y prácticamente duplicaron su incidencia” en el total de ventas brutas en plaza, señala el informe.
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Las tarifas de electricidad son fijadas por decreto del Poder Ejecutivo a propuesta de UTE
Javier Calvelo/adhocFOTOS
En términos reales, las tarifas del ente entre 2015 y 2024 disminuyeron 14% con relación al período 2007-2011 (antes del cambio de matriz de las renovables) para los consumidores residenciales, algo menos (13%) para los medianos y 8% en el caso de los grandes. Medidas en dólares hubo incrementos de entre 15% y 23%.
Esa reducción de los precios en valores constantes fue posible en el contexto de transformación de la matriz energética (con la incorporación de las fuentes renovables), ya que implicó una reducción del costo de abastecimiento de la demanda (CAD), lo que a su vez permitió al ente recomponer la rentabilidad operativa y contribuir al resultado fiscal del sector público, apunta la consultora.
El aporte de UTE al resultado fiscal primario global promedió unos US$ 210 millones (0,3% del Producto Bruto Interno —PBI—) por año en 2015-2024, indica. Para Exante, eso “no solo ha contrastado con los déficits exhibidos a nivel del gobierno central y el BPS” en la última década, “sino que también se ha ubicado en la mayoría de los ejercicios por encima de la contribución acumulada del resto de las empresas públicas”.
En perspectiva, la consultora plantea que las condiciones dadas en el país, como la “amplia disponibilidad” de energías renovables, el “potencial de expansión de la capacidad instalada” y la reducción del costo de abastecimiento, “pueden convertirse en un pilar más protagónico de la agenda de captación de inversiones” de Uruguay. Y considera que para que así sea resulta “clave” optimizar todos los costos de la cadena y “asegurar un sistema de fijación de precios transparente y previsible”.
Otros “atributos”
“Uruguay ha tenido un crecimiento del PBI de solo 1% por año en la última década” y los ratios de formación bruta de capital fijo en relación con la economía vienen “oscilando en el tercio inferior del ranking mundial”, señala. Por eso, para Exante, el “enorme desafío de atracción de inversiones no puede descansar únicamente en los atributos tradicionales de estabilidad política, económica y social del país”.
Para que la “oferta de energía renovable pueda desarrollar su potencial de atracción de inversiones, es clave optimizar todos los costos de la cadena, así como también asegurar un sistema de fijación de precios transparente y previsible”, apunta la consultora. Para cuantificar los espacios de rebaja adicional de los precios para consumidores y empresas, plantea como “deseable” que la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua y la UTE aprovechen mejor la “contabilidad regulatoria, mejorando además la información que surge” de dicha contabilidad. Exante afirma que los “criterios de exposición de ingresos y costos” de las divisiones dentro de UTE no son uniformes y que el “grado de apertura de la información es insuficiente para analizar adecuadamente la incidencia de los costos de trasmisión y distribución”.
Por otro lado, plantea que las actuales tarifas de peajes para las grandes industrias que podrían comprar energía en el sector privado “exceden largamente los costos efectivos de UTE”, lo cual determina condiciones no favorables o inhibidoras para el “desarrollo cabal del mercado mayorista” de energía eléctrica. Ello resume un reclamo de la Augpee que plantea la necesidad de mejorar las condiciones para reducir costos de generación, aumentar la competencia y fortalecer al regulador para que analice y mejore el marco normativo del mercado.
Más generación a menor costo
En los últimos 15 años Uruguay duplicó su potencia instalada, que se ubica en 5.300 megavatios (MW) y se compone en un 78% de fuentes renovables (hidráulica y eólica, 29% en cada caso, biomasa, 14%, y fotovoltaica, 6%).
Con esa infraestructura o capacidad instalada, la producción de energía eléctrica también tuvo un cambio relevante por fuente en el período analizado y en 2024 el 99% fue originada por fuentes renovables. Solo 1% se produjo a base de generación térmica —que utiliza combustibles fósiles—, el valor mínimo en una comparación histórica.
Producto del cambio de la matriz procesado por Uruguay, el país se posicionó sexto a escala mundial en 2023 (a pesar de haber sido un año de sequía, el 90% de la generación de electricidad fue con base en fuentes renovables) y se ubicó después de Islandia, Noruega, Costa Rica, Kenia y Luxemburgo.
Durante la sequía se importó energía de la región por razones económicas, ya que los precios de importación eran menores a los costos operativos de las centrales térmicas. En cuanto al CAD y el impacto económico que tuvo la introducción de las renovables a gran escala en el país, Exante actualizó su cálculo: en términos reales en el período 2015-2024 el CAD descendió 26% respecto a 2007-2011. Medido en dólares, hubo un incremento de 1% al pasar de US$ 622 millones anuales en promedio a US$ 630 millones al año en la última década.
Eso sucedió aun con la sequía del 2023, que determinó un registro especialmente alto del CAD ese año y superó los US$ 900 millones. Exante analizó que en relación con el anterior shock climático comparable, como la seca de 2012, el aumento del CAD en 2023 fue “muy inferior”, situándose más de US$ 300 millones por debajo.
En general, el abaratamiento del costo de abastecimiento ocurrió en simultáneo con los menores costos asociados a combustibles fósiles y la mayor incidencia de las renovables. Desde la óptica de los balances de UTE, esa reducción fue un “determinante clave en la mejora” del resultado del ente. En 2015-2024 la ganancia fue de US$ 269 millones anuales en promedio, contra US$ 94 millones al año de 2007-2011.
El mejor desempeño del ente se puede observar en los dividendos distribuidos —que pasaron de un promedio anual de US$ 180 millones en el período más reciente frente a los US$ 54 millones entre 2007-2011— y también en la disminución de los pasivos financieros, que bajaron en forma sostenida desde 2018, analiza Exante.
Tarifas y salario real
Parte del abaratamiento del CAD en los últimos 10 años fue trasladado a las tarifas de UTE, que tiene un abanico amplio, según los planes y servicios que coexisten con programas de bonificaciones especiales para distintos sectores o destinos de consumo.
Por tarifa, el 42% del consumo de energía es residencial, 15% de grandes consumidores, 15% de medianos, 7% general, 2% de alumbrado público, 2% de consumo básico residencial, 1% zafral y 8% es de otro tipo de tarifas.
Desde el punto de vista de los ingresos del ente, en el mercado local, la facturación de los clientes residenciales, que tienen una tarifa o precio unitario mayor a pesar de tener asociado un menor consumo energético, es muy similar a la facturación de los no residenciales.
En un análisis de la evolución de las tarifas de UTE, Exante observa que en términos reales evolucionaron al alza hasta el 2009 y siguieron estables hasta el 2013, cuando empezaron a declinar, un proceso que se profundizó con la incorporación de la eólica y la fotovoltaica.
En 2024, los precios que pagaron los grandes consumidores fueron 17% menores en relación con el 2013 (en pesos constantes), los medianos tuvieron un descenso similar (–19%) y en el caso de los clientes residenciales la tarifa se ubicó 28% por debajo en esa comparación.
Para caracterizar el precio de la electricidad en los últimos años, Exante analiza la evolución de las tarifas respecto al salario real. Señala que el abaratamiento de las tarifas en términos del poder adquisitivo del salario fue del orden de 30% si se comparan los promedios de los últimos 10 años con 2007-2011.