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    El futuro del complejo militar-industrial estadounidense

    En una era de disrupción, el sector de la defensa está experimentando un cambio radical y lucrativo

    Columnista de negocios internacionales

    La industria de la defensa, considerada durante mucho tiempo un valor mercantil, se ha convertido en los últimos años en un sector de crecimiento. Los conflictos globales van en aumento, y la tecnología — desde la inteligencia artificial (IA) y los drones de bajo costo hasta los sensores, la robótica y los sistemas no tripulados — está cambiando de manera fundamental la naturaleza de la guerra. Y eso está generando un auge de la inversión. Pero, ¿conducirá a mejores resultados en materia de seguridad nacional? La respuesta depende de si las fuerzas militares pueden aprovechar las tres D de la defensa moderna: disrupción, doble uso y descentralización.

    La inversión en fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés) de defensa y aeroespacial de Estados Unidos (EE.UU.) alcanzó un récord mensual en marzo (con un alza interanual del 573% al tercer trimestre de 2025). En términos absolutos en dólares, la mayor parte de ese dinero sigue destinándose a los “líderes” tradicionales de la industria de la defensa, como Lockheed Martin, General Dynamics, RTX, Northrop Grumman y un puñado de otras grandes compañías aeroespaciales que han controlado la base industrial de la defensa durante décadas. Pero el crecimiento incremental, junto con la mayor parte del entusiasmo, gira en torno a la próxima generación de empresas de tecnología de defensa, como Anduril Industries, una empresa privada que recientemente duplicó su valoración.

    Su ascenso se basa en la idea de que la guerra, al igual que el mundo mismo, se está volviendo más digital y descentralizada. El conflicto es asimétrico; naciones más pequeñas como Ucrania o Irán ahora pueden plantar cara a las potencias establecidas aprovechando la tecnología de bajo costo. Mientras tanto, la necesidad de mayor velocidad, resiliencia y redundancia en las cadenas de suministro está llevando a que la producción de todo, desde drones hasta la instalación de centros de datos de IA, se realice más cerca de casa. La desconexión de las estructuras tecnológicas de EE.UU. y China ha creado oportunidades para las empresas startup en ambos países, a medida que cambia el antiguo modelo de defensa, altamente globalizado y concentrado.

    Donald Trump
    El presidente estadounidense Donald Trump, en la Casa Blanca.

    El presidente estadounidense Donald Trump, en la Casa Blanca.

    Pero los beneficios en materia de seguridad de los sistemas de defensa del siglo XXI dependen de la capacidad de un país para integrar nuevas tecnologías y nuevas formas de hacer las cosas en las instituciones y los modelos de adquisición existentes. Mientras que las compañías estadounidenses avanzan a toda marcha en la innovación tecnológica de defensa, el propio gobierno sigue teniendo dificultades para adaptarse. El complejo militar-industrial estadounidense no está preparado para el siglo XXI, como lo demuestran la escasez de municiones, los sobrecostos presupuestarios, los cuellos de botella marítimos que no se pueden controlar y los adversarios a los que no se puede vencer sólo con el equipamiento más caro.

    El modelo estadounidense ha sido tradicionalmente muy concentrado y centralizado: grandes compañías que fabrican equipos de gran tamaño diseñados para funciones muy específicas. Pero hay cada vez más indicios de que el Departamento de Defensa está intentando adaptarse. Un ejemplo de ello es el plan de construcción naval de la Armada de EE.UU. presentado la semana pasada, que se centra mucho más que antes en la velocidad, la flexibilidad y la tecnología que se puede implementar de múltiples maneras. "Las plataformas de alta gama siguen siendo esenciales, pero deben complementarse con sistemas que puedan fabricarse en serie y adaptarse en tiempo real", señala el plan, con una producción repartida "entre múltiples astilleros y proveedores".

    Hasta ahora, esto son sólo palabras, pero en el pausado mundo de las Fuerzas Armadas de EE.UU., incluso un cambio de narrativa es importante. También lo es el enfoque, especialmente bajo la administración de Trump, de llevar el ímpetu comercial al ámbito militar. Como me dijo hace unas semanas Jerry Hendrix, el 'zar' de la construcción naval de la Oficina de Administración y Presupuesto, la nueva estrategia tiene como objetivo conectar la producción comercial y militar, y trabajar con aliados para construir en múltiples astilleros. Cita el “modelo finlandés”, bajo el que EE.UU. está construyendo rompehielos árticos tanto en el país como en Finlandia, como ejemplo de cómo se podrían gastar los US$65.8 mil millones en nueva financiación para la construcción naval solicitados por el presidente.

    Construir de manera descentralizada y eliminar la burocracia tradicional de las adquisiciones para trabajar con aliados, creando múltiples nodos de producción, es una buena idea. Pero en un mundo de guerra con drones, casi todo lo que queda a la vista es un objetivo. Esto exige nuevas formas de pensar en todo, desde municiones hasta buques y sistemas alimentarios, todos susceptibles de ser atacados con mucha más precisión que en el pasado.

    Raciones-Comida-Ejercito-EEUU

    Al respecto, me pareció interesante un artículo que leí sobre un contrato de US$9 millones del Ejército de EE.UU. otorgado a Biosphere, una compañía que desarrolla un “sistema portátil de biofabricación” capaz de producir raciones alimentarias a base de proteínas para las tropas utilizando únicamente aire, agua y energía eléctrica. La idea es crear un modelo de producción de alimentos altamente distribuido en el que las raciones se puedan elaborar en cualquier lugar en un abrir y cerrar de ojos. En 2021, escribí sobre la bióloga de la Universidad de Wisconsin, Molly Jahn, quien ha trabajado en una tecnología similar para “crear alimentos de la nada” en DARPA, la división de innovación del Pentágono. En ese momento, era ficción; hoy, la tecnología es comercialmente viable.

    Hablé recientemente con Jahn, quien cree que no sólo los alimentos, sino todo tipo de suministros militares, podrían eventualmente crearse a un nivel hiperlocal utilizando tecnologías de vanguardia. Ella se refiere al libro de Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, como un punto de referencia para pensar en los cambios tecnológicos y geopolíticos que estamos viviendo. “Estamos saliendo del período de lo 'ordinario' y entrando en un período de lo 'extraordinario'” que conducirá a una revolución no sólo en la defensa, sino en la mayoría de las industrias, dice. Esos períodos suelen ser increíblemente disruptivos. Y rentables.

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