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Los países ricos deben liberar tierra, mano de obra, energía y capital
A medida que los responsables políticos se inclinan hacia el intervencionismo industrial, corren el riesgo de descuidar los motores más simples del crecimiento
Operarios de la electricidad trabajan en lo alto de una torre de transmisión eléctrica en la localidad de Yichun.
Durante la última década, los gobiernos de los países ricos han implementado una serie de estrategias para impulsar la producción nacional, entre ellas planes industriales específicos para cada sector, grandes paquetes de inversión pública y, ahora, en medio de la creciente competencia de China, el proteccionismo.
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Pero a medida que se inclinan hacia tácticas cada vez más intervencionistas, los responsables políticos occidentales corren el riesgo de descuidar uno de los motores más simples del crecimiento: potenciar el sector privado. Si el capital, la energía, la tierra y la mano de obra fueran más rápidos, más baratos y más fáciles de utilizar para las empresas, la inversión productiva no tardaría en llegar.
Un análisis publicado la semana pasada por el Instituto Global McKinsey estima el costo nivelado de los proyectos de nueva construcción en diferentes industrias de distintos países. Éste es el precio unitario al que las inversiones se vuelven viables, y tiene en cuenta tanto el tiempo necesario para generar rendimientos, así como los gastos directos.
El análisis revela que, incluso sin considerar los efectos de los impuestos y los subsidios, los costos de establecimiento industrial en Europa y Estados Unidos (EE.UU.) son entre un 50% y un 300% más altos en muchos sectores en comparación con los de las naciones más competitivas.
A modo de ejemplo, el costo de desarrollar una nueva plataforma de vehículos eléctricos en Alemania es más de 3.5 veces mayor que en China. Y el costo de instalar un nuevo reactor de fisión nuclear en Francia es aproximadamente tres veces mayor que en Corea del Sur. En los sectores donde los insumos son más comercializables, las diferencias de costos son menos significativas, pero, aun así, obstaculizan la competitividad. Por ejemplo, producir chips semiconductores avanzados en EE.UU. cuesta casi un 40% más que en Taiwán.
Estas brechas se deben a las diferencias en los costos y los retrasos que enfrentan las empresas a lo largo del ciclo de vida de un proyecto, desde la construcción de una planta hasta la producción y venta de los productos.
Si se analiza el diferencial promedio entre la ubicación más barata y la más cara en todos los sectores, más de un tercio se debe a los costos de construcción y maquinarias. Esto incluye factores como el tiempo que lleva obtener los permisos y la velocidad de construcción. Por ejemplo, según las encuestas empresariales del Banco Mundial, en Francia se tarda, en promedio, unos tres meses más en obtener permisos de construcción en comparación con Singapur.
Construcción de un edicifio en Singapur.
El 30% proviene de los gastos en energía y otras materias primas. De hecho, los precios de la electricidad explican dos tercios de la brecha de costos entre un centro de datos construido en China y uno en el Reino Unido. Los costos laborales representan otro 25%. En las plantas de fabricación de semiconductores, por ejemplo, los ingenieros taiwaneses generan un 25%o más de producción por trabajador, a pesar de que sus salarios son aproximadamente 2.5 veces más bajos que los de sus homólogos estadounidenses.
La diferencia restante, de alrededor del 10%, se debe principalmente a las diferencias en el tiempo que toma llevar los productos al mercado. Este factor es más significativo en el sector biotecnológico, donde las compañías chinas pueden, por ejemplo, lanzar medicamentos aproximadamente dos años antes que las empresas de Europa y EE.UU., lo que extiende la vigencia comercial de una patente.
Para los responsables de políticas que deseen aumentar la productividad, un buen punto de partida sería, por lo tanto, facilitar el acceso a los factores esenciales de producción.
Unas normas de planificación y construcción menos estrictas acortarían los plazos de construcción. Esto también impulsaría el desarrollo de plantas de energía, conexiones a la red eléctrica y sistemas de almacenamiento, lo que haría que los costos de la energía representaran un obstáculo menor para la inversión. Alemania demostró lo que es posible lograr cuando las medidas urgentes para agilizar los permisos y la construcción modular le permitieron inaugurar nuevas terminales de importación de gas natural licuado (GNL) apenas 200 días después de la invasión rusa de Ucrania en 2022.
Las diferencias en los costos laborales pueden reducirse invirtiendo en educación y capacitación, y aliviando los costos no salariales y de reestructuración. Las prometedoras reformas aprobadas en Alemania la semana pasada endurecieron las normas sobre bajas por enfermedad y flexibilizaron la regulación de la contratación y el despido. (Los empleados alemanes se toman, en promedio, 20 días de baja por enfermedad al año.)
También serían de ayuda reformas fiscales más amplias que fomenten la actividad empresarial, el empleo y el gasto en plantas, maquinaria y tecnología para mejorar la productividad.
Una conjetura de McKinsey indica que un conjunto de medidas de competitividad podría reducir la brecha de costos con respecto a las ubicaciones más baratas hasta en un 70% en EE.UU. y un 60% en Europa.
Vehículos de la marca china BYD esperan a ser exportados en barco.
AFP
Aunque los esfuerzos por reducir los costos y las barreras para la inversión de capital, mano de obra, energía y tierra tendrán dificultades para eliminar por completo la brecha, dar prioridad a este enfoque que abarca toda la economía para impulsar el crecimiento tiene varias ventajas.
En primer lugar, reducir las diferencias de costos permite que las ventajas competitivas más allá de los costos nivelados —como la marca, la diferenciación de productos, la mano de obra calificada, los clústeres industriales y la ubicación geográfica— desempeñen un papel más importante en la atracción de inversiones.
En segundo lugar, a diferencia de las políticas dirigidas a sectores específicos, reducir el costo de los insumos transversales fortalece las cadenas de suministro en su totalidad y ayuda a la industria a adaptarse más rápidamente a medida que surgen nuevas tecnologías y presiones competitivas. Que el gobierno se enfoque en facilitar la inversión en lugar de dirigirla también reduce las oportunidades para el cabildeo y la expansión burocrática.
No obstante, si los responsables de políticas desean aplicar medidas proteccionistas —para reducir las dependencias industriales o lidiar con prácticas comerciales desleales— cerrar parte de la brecha de costos mediante reformas sigue reduciendo la magnitud de los aranceles o subsidios necesarios. Esto, a su vez, reduce el costo fiscal y la distorsión del mercado que generan dichas medidas.
Las economías ágiles son competitivas. A medida que los gobiernos adoptan una política industrial más activista, deben recordar que es posible generar un crecimiento considerable simplemente liberando los factores esenciales de la producción.