En Uruguay existen dos colonias reproductivas de lobos marinos, una en Punta del Este y otra en Cabo Polonio. Son parte del ecosistema y el paisaje, una atracción turística y también mercancía, recurso acuático, técnicamente. El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) habilita su captura para que ciertos ejemplares sean exportados a parques temáticos o acuarios del extranjero. En este momento, estamos en medio de la zafra. Los pedidos llegaron esta vez desde Japón, Vietnam y Ucrania. Los que se capturen en los próximos días pueden ser los últimos que el Estado uruguayo venda.
Ambas colonias reúnen unos 300.000 lobos finos sudamericanos o Arctocephalus australis, su nombre científico. La mitad, aproximadamente, está en la isla de Lobos de Punta del Este, y la otra mitad, en las islas del Polonio. El MGAP vende cada macho a 48 unidades reajustables (UR), unos $ 88.000, y cada hembra a 65 UR, unos $ 119.000. Los compradores, empresas privadas, luego los venden al exterior. Organizaciones animalistas lamentan que el Estado participe de un negocio para sacar animales salvajes de su hábitat, adiestrarlos y exportarlos para divertir o entretener a seres humanos. Estos grupos reclaman que se suspenda esta práctica.
Los lobos finos conviven en estas colonias con los leones marinos, llamados técnicamente Otaria flavescens. Los pescadores les dicen pelucas a los machos, por su melena, y bayas a las hembras. Estos mamíferos, más grandes, también eran capturados para su exportación, pero el Estado suspendió la captura hace varios años “por problemas de conservación” de la especie, explicó a Búsqueda Sabrina Riverón, encargada del Departamento de Mamíferos Marinos de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara) del MGAP. Mientras que las colonias de lobos finos crecen a un ritmo de 1,5% al año, sobre la de leones marinos aún no hay una evaluación concluyente.
La cantidad de lobos finos habilitados para ser capturados depende de la cifra de nacimientos. Basada en este criterio, la directora de la Dinara, Yamilia Olivera, firmó el 14 de mayo la resolución para habilitar la captura de hasta 60 hembras y 60 machos de lobos finos de la isla de Lobos. El plazo para solicitar la compra venció el 15 de agosto. Dos empresas registradas presentaron en total 15 solicitudes de captura. El volumen de la industria no compensa el daño en la imagen y en cierta política ambiental. “Con los técnicos de Dinara estamos analizando la posibilidad de suspender la exportación de lobos en los próximos años”, anunció Olivera a Búsqueda. El reclamo de animalistas motiva este análisis, que se plasmará en un informe antes de fin de año.
Uno de los adscritos a la dirección de la Dinara, Óscar Galli, recordó que la isla de Lobos y Cabo Polonio son reservas naturales. El cabo rochense fue incorporado al sistema de áreas protegidas del país en 2009 y las islas fernandinas, el año pasado. “Estamos trabajando mucho con Ambiente también en estos temas, en el sentido de que vale mucho más empezar a proteger dos especies que son emblemáticas que generar un incidente en cuanto a ventas. Repercute mucho más el impacto negativo de esas ventas que lo que pueda favorecer a la interna de la Dinara y el ministerio”, explicó Galli a Búsqueda. Y añadió: “Como visión país, también hay que dar señales en ese sentido”.
La marca Uruguay Natural choca de frente contra la idea de que se exporten animales salvajes que viven en áreas protegidas. ¿Por qué, entonces, se habilitó este año la zafra? La directora de la Dinara reconoció que fue “un dilema” firmar en mayo la resolución que habilita la captura de los lobos marinos y agregó que lo hizo en el entendido de que los estudios que tienen revelan que “no se afecta a la población”, que está “en crecimiento”.
Lobo marino
Lobos marinos en el parque nacional Cabo Polonio.
Nicolás Celaya / AdhocFotos
El período de captura de este año se cierra el 15 de setiembre y, de las 15 solicitudes registradas, tres ya completaron el proceso. En los próximos días, técnicos irán a isla de Lobos a capturarlos. La tarea se desarrollará en una única instancia para reducir el impacto que puede provocar en el resto de la colonia y reducir los costos logísticos.
En 2019 se vendieron 126 lobos marinos, según los registros oficiales: 86 tuvieron como país de destino a China, 10 fueron a Vietnam, ocho a Tailandia, seis a Turquía, cinco a Japón, y Baréin, Rusia y Ucrania compraron dos cada uno. En 2021 se vendieron 10: tres a Japón y siete a Egipto. En 2020 no hubo ventas, al igual que en 2022, 2023 y 2024. La pandemia primero y la gripe aviar después, que mató a unos 2.300 lobos marinos, según estimaciones del Ministerio de Ambiente, dejaron en suspenso la captura y exportación.
El reclamo de los pescadores del Cabo Polonio
El ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti, conoció el Cabo Polonio el 21 de agosto. Visitó el lugar porque allí la cartera es propietaria de un predio y de los galpones donde funcionaron las loberías a cargo de las Industrias Loberas y Pesqueras del Estado (ILPE), un organismo estatal creado en 1976 que funcionó hasta 1991, cuando se prohibió la caza de los lobos. Se faenaba a los mamíferos para vender aceite y pieles.
Fratti se reunió con algunos de los pescadores y les preguntó si tienen alguna idea para aportar. “¿Tienen pensado hacer algo con los lobos?”, preguntó uno de los lugareños. Fratti abrió un brazo y miró hacia su derecha, hacia donde estaba la directora de la Dinara. “¿Qué querés hacer con los lobos?”, repreguntó el ministro.
El vínculo entre los mamíferos marinos y los pescadores ha sido y sigue siendo ambivalente. El que causa menos simpatía es el león marino, porque cuando los trabajadores arrastran sus redes los pelucas o las bayas los siguen y suelen robarse el motín. “Hay una doble pérdida: se pierde el pescado y se pierde la malla”, contó uno de los pescadores del Cabo a Búsqueda. Las mallas, que son de nailon, suelen aparecer agujereadas, señal de que un león se alimentó. El lobo, en cambio, no compite con los humanos. En el decir del locatario, “no perjudica” tanto. De todas maneras, los pescadoras vinculan la sobrepoblación de lobos a la escasez de peces cerca de la costa, lo que los obliga a ir más lejos en busca de las presas.
leon marino
Dos leones marinos junto a lobos marinos en Cabo Polonio.
Daniel Rodríguez / AdhocFotos
En el Polonio hay tres embarcaciones de pesca artesanal. “Si tú tienes un lobo (cerca de la barca), puedes trabajar. A veces se juntan, digamos, hasta 20 o 30. Si hay 20 o 30, no sacas ni un pescado”, explicó el pescador, que pesca brótola y pescadilla, y llama lobo tanto al lobo como al león. “Son hábiles” los leones; “hay muchos de ellos que te siguen tipo perros atrás. Nosotros ya aprendimos a convivir, pero hay momentos que te frustran un poco”, comentó.
Este pescador, que no está a favor de retomar la lobería, se queja pero también pone sobre la balanza los beneficios de convivir con la comunidad de mamíferos marinos. “A mí el turismo me da vida, porque el pescado vale más”, planteó, “y además parte del turismo viene a ver los lobos”.
Los pescadores del Cabo pidieron a Fratti una solución y el ministro respondió que la cartera analiza instalar dispositivos en las redes para “espantar” a los lobos (y los leones, que son los responsables de la queja de los pescadores). Tras la reunión, Fratti comentó a Búsqueda que otra posibilidad para que los técnicos de la Dinara analicen es extender la captura de lobos al Cabo Polonio. Sin embargo, en esa dirección no lo ven viable por razones de logística y porque no soluciona el problema medular de los pescadores, que es provocado principalmente por el león marino.
La encargada del Departamento de Mamíferos Marinos explicó que los dispositivos mencionados por Fratti se llaman pingers y se han usado en Uruguay desde 2018 para ahuyentar a las franciscanas —también llamadas delfín del Plata —, las que, si quedan atrapadas en las mallas, suelen morir ahogadas. Los pingers emiten determinada frecuencia y longitud de onda que las franciscanas pueden detectar. Por estas horas, pescadores artesanales de Montevideo y La Paloma están implementando esta tecnología en conjunto con la Dinara. La directora nacional de Recursos Acuáticos informó que están explorando el uso de dispositivos similares y otras herramientas para ahuyentar lobos y leones marinos. Para el pescador consultado, si resultara efectivo, “sería un éxito”.
“Mejorar la posición de la Dinara”
Los galpones en los que funcionaban las loberías, propiedad del MGAP, están “bastante deteriorados”, apuntó el ministro. Tras su visita a Cabo Polonio y La Paloma, Fratti destacó su valor patrimonial, dijo que ”hay una parte de la lobería, donde están las barcas en que traían a los lobos, que serviría para un museo”. En los planes de la cartera está involucrar a otros ministerios, como el de Turismo.
El secretario de Estado pretende “que vuelva a vivir la estación de Dinara en Cabo Polonio con diferentes emprendimientos”, en el marco de “mejorar la posición” de esa dirección y de ”la pesca dentro del ministerio”.
Técnicos de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República acompañaron en su visita a Fratti, quien dijo que podría instalarse allí una base universitaria para trabajar con los lobos marinos y otras especies. El ministro agregó que “además hay unas cámaras de frío que les podrían servir a los pescadores para filetear y poder estoquear; pequeñas cosas para el país, pero importantes para la zona”.