“Si bien la masonería es un camino interior —el principal trabajo es en los templos y la principal herramienta es un ritual que busca el contacto con uno mismo—, en los últimos cinco años hemos tratado de abrirnos a la sociedad, por ejemplo, a través de obras filantrópicas”, explicó Vieras. Según dijo, esta exposición fue una de las razones que motivaron que “muchísimas” mujeres se contactaran con la Gran Logia Femenina a través de su página web solicitando unirse a la Orden, algo que tradicionalmente se lograba por recomendación de una integrante. Explicó que, luego de este primer acercamiento, se llama a las interesadas y se realizan “varias entrevistas en las que se evalúa si la persona está en la búsqueda de respuestas, en la búsqueda interior y en la búsqueda de su propio perfeccionamiento”.
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Símbolo masónico en el Palacio Masónico de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay durante el Día del Patrimonio
Javier Calvelo / adhocFOTOS
En esa línea va el perfil que procura la organización para sus integrantes: busca mujeres que estén en la búsqueda de un crecimiento personal y de una transformación espiritual. “Ser útil a la sociedad, a sí misma, a su familia y a sus semejantes”, detalló Vieras. Si bien hay mujeres de todas las edades, profesiones, clases sociales y opiniones políticas, mencionó que la edad promedio de la gran mayoría de sus integrantes es de entre 40 y 50 años, al tiempo que más de un 85% alcanzan una formación de nivel terciario.
“Pero hay de todo, de cualquier religión, oficio, también amas de casa... La masonería no cierra las puertas a nadie”, enfatizó.
Para Vieras la masonería “empodera a la mujer” debido a la libertad de pensamiento que practica, así como a la libertad de conciencia y el espíritu de fraternidad e integración que profesa. “En la Gran Logia Femenina del Uruguay la mujer encuentra un ámbito donde puede expresarse libremente, donde no hay prejuicios ni preconceptos, donde se siente libre e igual al resto de las mujeres, y donde tiene esa libertad de conciencia que hace a la mujer más poderosa”, señaló.
Definir qué es y qué hace la masonería no es una tarea sencilla. Sin brindar mayores detalles, Vieras dijo que la Gran Logia Femenina del Uruguay es una institución “filosófica, filantrópica y humanista de carácter iniciático y espiritual” que busca el perfeccionamiento de la mujer en todos los órdenes —intelectual, crítico, moral y espiritual—. Aunque aclaró que “no es una religión”, sí señaló que las masonas creen en algo superior.
“La masonería trabaja en valores, en el desarrollo de las virtudes de las mujeres que lo integran; virtudes que construyen sociedad, que tienden puentes, como la tolerancia, la solidaridad, el trabajo por el bien común y el amor al prójimo. Es un perfeccionamiento individual que luego llevan a sus familias y lugares de trabajo. Es como un trabajo de hormiga. La masonería se basa en que el mundo se cambia de adentro hacia afuera”, contó.
Expansión
Actualmente la Gran Logia Femenina del Uruguay cuenta con 12 logias en Montevideo y 18 logias en el interior del país, en Salto, Paysandú, Rivera, Melo, Fray Bentos, Tacuarembó, Colonia, Las Piedras, Las Toscas, Shangrilá, Maldonado, Durazno, Rocha y Minas. El año pasado se fundó, incluso, una logia uruguaya extraterritorial en el oriente de Sorocaba, San Pablo, replicando el accionar que tuvo la masonería femenina de Chile con Uruguay para impulsar la masonería femenina de Brasil.
A pesar de la ampliación lograda, Vieras contó que llegar al interior de Uruguay no ha sido fácil, ya que eso implica formar masonas con un nivel que lleva años, para que puedan recorrer las diferentes localidades a través de una “logia peregrina” y “llevar así la luz masónica” a otras mujeres.
Junto al crecimiento de las logias, la masonería femenina también necesitó aumentar su infraestructura. Actualmente, cuenta con cuatro templos en Montevideo (instalados en tres casas propias interconectadas en el Centro) y otro en Paso de los Toros. En tanto, en Salto, Paysandú, Colonia, Las Piedras, Las Toscas, Maldonado y Minas trabajan en templos prestados por la Gran Logia de la Masonería del Uruguay, la masculina. Paralelamente, la Gran Logia Femenina alquila casas en otras ciudades del interior para instalar sus templos, todo financiado mediante las cuotas mensuales que abonan las integrantes de la institución “menores a cualquier club deportivo”, aclaró.
“Somos la Gran Logia Femenina que más ha crecido en América en tan poco tiempo y somos reconocidas en todo el mundo por estas características”, destacó la gran maestra. En ese sentido, comentó que Uruguay tiene la vicepresidencia de la Federación Americana de Masonería Femenina, a la vez que mantiene un gran relacionamiento con la Federación Europea de Masonería Femenina. Además, la Gran Logia Femenina del Uruguay busca trabajar en temas como cambio climático (con la plantación de centenares de árboles nativos en todo el país y la medición de la huella de carbono de su palacio masónico) y violencia contra la mujer (a través de la recopilación en un solo documento de todas las instituciones públicas y privadas del país que puedan brindar asesoramiento).
Si bien la masonería femenina trabaja con la masculina en ciertas obras filantrópicas, Vieras aclaró que todo lo que constituye el “trabajo masónico” en los templos —como los rituales, a los que definió como la base de la masonería— se trabaja por separado. Esto se debe, explicó, a que consideran que las energías masculinas y las femeninas son diferentes, y “que la sensibilidad femenina es otra”. En ese sentido, dijo que el mayor desafío de la masonería femenina en Uruguay fue lograr la apertura mental para que la mujer pudiera acceder a los principios y valores masónicos. Sin embargo, dijo que la Gran Logia masculina ha sido y es hasta la actualidad “tremendamente generosa” con ellas y entiende que realmente hubo un cambio de mentalidad progresivo en este sentido.
“La problemática de género tuvo incidencia en la masonería y hoy eso ha cambiado totalmente. Ser una mujer masona es ser una mujer que es capaz de verse a sí misma tal cual es, reconocer lo que no le gusta y cambiarlo, porque es la forma que tenemos de cambiar el mundo. Hay que tener mucho valor para eso, pero eso es lo que hace la masonería”, comentó.
Consultada respecto a la formación que reciben las integrantes de la institución, Vieras se excusó de no poder hacer pública la información, pero explicó que se trata de temáticas masónicas, de una formación en símbolos. “Para entenderlo hay que entrar a la masonería, porque es vivencial. Para entender lo que se vive, se respira y se llora no alcanza con leer un libro. El poder transformador de los rituales —una alegoría con movimientos, silencios, palabras y símbolos que conectan a la persona con algo superior— se da cuando lo vivís”, indicó.
El secretismo que envuelve a la masonería, vestigios de una época antigua, cuando los masones eran perseguidos hasta la muerte, parecen haber disminuido para Vieras, quien aseguró que actualmente “la masonería no es secreta, sino discreta”.
“Si una institución queda estable, llega un momento en que muere; por lo tanto, hay que darse a conocer y llevar la luz y los valores masónicos a cada vez más mujeres, porque creemos en este camino”, cerró.