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    Primer estudio oficial sobre restricción del uso de celulares en clase halló “amplio consenso”: la medida es “positiva”

    Estudiantes, familias y equipos docentes y técnicos señalan “mejoras en la atención”, menos dispersión y más “socialización”, dice informe del Ineed sobre medida del Colegio Santa Elena; aunque tienen una mirada “levemente positiva” sobre sus efectos, los alumnos son los más críticos: algunos muestran “ansiedad”, “abstinencia” y un uso mayor del teléfono en sus casas

    La restricción del uso de celular en un colegio uruguayo llevó a que los estudiantes vuelvan a mirarse a las caras, a jugar al truco, a conversar más de lo que lo hacían e incluso más de lo que sus profesores quisieran. La medida trajo nuevos problemas, ya conocidos, y disipó otros.

    Mientras varios países avanzan en limitar el uso de celular en las jornadas educativas, Uruguay orejea. Desde 2011, en inicial y primaria “durante los períodos de clase los teléfonos celulares de maestros y alumnos deben permanecer apagados”, pero en educación media no está reglamentado. Las autoridades educativas advierten que es insuficiente la evidencia para cambiar las reglas, por lo que cada liceo, UTU, colegio o docente define si habilita los dispositivos.

    En este escenario, un informe del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) sobre la restricción del uso de celular en el Colegio Santa Elena halló un “amplio consenso” en que la medida es “positiva”. Es el primer estudio en el país sobre esta limitación y fue realizado por un instituto estatal que funciona en la órbita del Ministerio de Educación y Cultura.

    El Santa Elena implementó en 2025 en sus dos sedes, Montevideo y Lagomar, una política que restringe el uso de celulares durante el horario curricular en séptimo, octavo y noveno de educación básica integrada. Al ingresar al centro educativo cada estudiante deja su dispositivo en un “estacionamiento de celulares” y lo retira al finalizar la jornada. La institución contrató al Ineed con el objetivo de describir las percepciones de estudiantes, familias, docentes y equipos técnicos respecto a la medida, e identificar beneficios, limitaciones y valoraciones del proceso.

    El estudio, que combina técnicas cuantitativas y cualitativas, recoge la opinión de directores, adscriptos, docentes, el equipo técnico y 355 estudiantes, el 91% de los inscritos en el colegio. El informe del Ineed, al que accedió Búsqueda, concluye que la medida se percibió como ”positiva” en el sentido de que “la mayoría de los actores destaca mejoras en la atención, una reducción de la dispersión y una socialización más frecuente y sostenida, tanto dentro del aula como en recreos y otros espacios”.

    De todas maneras, también hubo resistencias. “Tanto en los grupos focales como en la encuesta se observa que hay una clara diferencia de percepción sobre la medida entre los estudiantes de séptimo y los de octavo y noveno”, expresa el estudio. Estima “probable” que esto responda a que los dos últimos niveles usaron el celular en el colegio en años anteriores, mientras que los de séptimo no lo hicieron porque en primaria está prohibido. “Los estudiantes que no habían pasado por la experiencia de usar el dispositivo en el colegio viven la medida como algo más ‘razonable’, mientras que los de niveles superiores la perciben de forma más controvertida, expresando desagrado y, en algunos casos, interpretándose incluso como una especie de ‘penitencia’”, señala el informe.

    Para el Ineed, “los hallazgos” del estudio “confirman que la restricción del uso del celular puede producir mejoras significativas en la dinámica escolar, siempre que se acompañe de decisiones organizacionales coherentes, recursos tecnológicos adecuados y un enfoque pedagógico que trascienda la mera prohibición”. Además, concluye que “la evidencia sugiere que el camino más prometedor para abordar el vínculo entre adolescentes, aprendizaje y dispositivos digitales en el escenario educativo actual combina tres pilares: regulación institucional, educación para el uso crítico de la tecnología y participación activa del estudiantado”. En cuanto al último aspecto, propone talleres, instancias de consulta, participación en campañas internas sobre uso responsable y espacios para problematizar temas como ciudadanía digital, adicción digital o privacidad.

    Entre los testimonios que cita el estudio, aparece un comentario que un adolescente, que en 2025 empezó a asistir al Santa Elena, hizo a un funcionario: “Antes, en donde yo estaba, no me miraban, porque estaban con el celular, entonces me contestaban mirando el celular”.

    Con celular

    En el Santa Elena existía, desde hacía varios años, una regla informal que restringía el uso del celular durante las clases, salvo cuando el docente lo autorizaba para fines pedagógicos. Sin embargo, expresa el Ineed, “esta disposición no lograba sostenerse de manera consistente”. Los directores plantearon que producía una “incoherencia institucional”, porque lo decían pero no se cumplía, lo que resultaba “especialmente problemático”, ya que transmitía “mensajes contradictorios” sobre las normas y la capacidad de la institución para hacerlas cumplir.

    Los profesores aseguraron que “el celular era un elemento distractor constante”, porque incluso silenciado mantenía a los estudiantes pendientes de notificaciones o vibraciones. La encuesta a docentes muestra que el 57% reporta que los estudiantes lo usaban muchas veces y otro 12% indica que lo usaban siempre. Entre los principales efectos por su uso aparecen la distracción (83%) y las dificultades en la atención (77%). Fuera del aula, acota el informe, “los recreos se caracterizaban por aislamiento y menor interacción presencial entre estudiantes, quienes tendían a jugar o navegar en sus dispositivos”.

    Los problemas más mencionados refieren a “bromas” en redes, como hacer stickers de estudiantes o docentes, y filmar a profesores dando clase. El informe expresa que “muchos de los inconvenientes que se desencadenaban en el colegio se iniciaban en las redes o fuera del centro educativo”. Otro problema recurrente era la falta de comunicación cara a cara de algunos estudiantes con sus pares y adultos. “No se hablaban, no te contestaban”, dijo un entrevistado, quien aclaró que “no era la mayoría, pero era un grupo bastante importante”.

    Se observaba en el colegio “una demanda constante de los estudiantes a sus familias, especialmente a las madres o referentes femeninos, a través de WhatsApp”. Las llamadas durante la clase, de padres y madres, también causaban conflicto al estudiante.

    Además, el 58% de los estudiantes respondió que “muchas veces” o “siempre” el profesor debía esperar para que la clase se organizara de manera adecuada y el 47% señaló que no escuchaba al docente.

    Sin celular

    Los directores de las dos sedes están “muy convencidos” de la medida y de sus efectos positivos en el clima escolar y el aprendizaje dentro del aula. Mencionan “alguna resistencia” al comienzo de parte de estudiantes y familias, pero que rápidamente comenzaron a tener devoluciones “muy positivas”.

    La restricción institucional fue descrita por docentes en grupos focales como “acertada”, “favorable”, “muy positiva”, “valiente”, “necesaria”, “innovadora” y “desafiante”. La encuesta revela que el 73% está de acuerdo con la medida, el 24% manifiesta acuerdo parcial y el 2% está en desacuerdo. A su vez, varios profesores sugirieron avanzar hacia estrategias de autorregulación más que hacia una prohibición rígida.

    En las familias también prima el respaldo: el 82% está muy de acuerdo, el 12% de acuerdo, y el 6% en desacuerdo o muy en desacuerdo.

    Los estudiantes respondieron una encuesta que les ofrecía ocho afirmaciones asociadas a una percepción positiva de la medida y otras ocho a una negativa. La percepción promedio fue “levemente positiva, pero muy cercana al cero”. La medida se percibe positiva para la atención: el 40% de los estudiantes responde que “se distrae menos” en clase al no poder usar el celular, y el 45%, que presta “más atención y aprende más”. Además, estudiantes que antes tenían notas bajas o eran “distraídos” vieron que sus notas mejoraron y valoraron por ello la restricción. De todas maneras, aquellos con calificaciones promedio más altas tienden a mostrar percepciones más positivas de la medida, mientras que quienes tienen notas insuficientes concentran las percepciones más negativas.

    El Ineed reporta que la percepción predominante en noveno fue de molestia y desacuerdo, y agrega que calificaron la medida como “molesta”, “innecesaria”, “repentina” y “extrema”, considerando que por su edad tenían una mayor capacidad para autorregularse.

    En general, el estudiantado demanda mayor educación digital: acompañamiento en temas como seguridad en línea, adicciones digitales, uso crítico y bienestar. Esta demanda es compartida por los adultos.

    Intermediación de adultos

    Los adultos entrevistados consideran que la medida contribuyó a reducir ciertos conflictos por uso inapropiado del celular, “como filmaciones, discusiones en redes o distracciones en clase”. Ahora prevalecen los “de carácter verbal”, que “son más fáciles de gestionar y desarticular”. Estos episodios habilitan “más interacción” y tienen la ventaja de que pueden ser resueltos con “la intermediación” de los adultos, porque suceden en clase o en el colegio y no fuera de ellos.

    La medida promovió la interacción cara a cara, los juegos deportivos, de caja o cartas. Los de séptimo suelen jugar al Uno, y los de noveno, al truco. “Se ven más grupos conversando o jugando en los recreos, algo que antes era raro. De todas formas, algunos (entrevistados) aluden a que siempre hay excepciones, ya que algunos igual traen un celular escondido, lo usan en el baño, pero no es lo más común”, expresa el Ineed, que también reporta “muy poquitos casos” en los que observa “un síndrome de abstinencia”.

    Las psicólogas del colegio expresan que en algunos casos acompañaron “un poco más que en otros” a los adolescentes debido a “la ansiedad” por no tener el celular cerca; fueron “excepciones” que se resolvieron “de forma rápida”.

    Para los adultos, “el desafío pendiente es cómo enseñar a los estudiantes a gestionar esa herramienta poderosa en el mundo exterior“, donde no hay restricción institucional, para evitar que el tiempo de “abstinencia” en el colegio se traduzca en “un uso compensatorio descontrolado en casa“.

    Gobierno, oficialismo y oposición

    La restricción del uso de celulares es una medida que han adoptado varios países y colegios de Uruguay, y que también está presente en el sistema público. En el Centro Educativo Asociado N. 128 La Palmita, en Canelones, en el cruce de las rutas 8 y 11, se restringió el uso de celular durante la jornada educativa, una medida que alcanza a 104 estudiantes de séptimo, octavo y noveno. La dirección informó al Consejo Directivo Central (Codicen), en un reporte sobre ampliación del tiempo pedagógico al que accedió Búsqueda, que “se priorizaron” las actividades deportivas, la biblioteca, la cantina y los juegos como el ajedrez, el Uno y las cartas españolas, intereses recabados durante el módulo introductorio al inicio del año.

    De todas maneras, el presidente del Codicen de la Administración Nacional de Educación Pública, Pablo Caggiani, dijo en octubre a El País que “a priori” cree que “la supresión” del uso de celulares “no estaría siendo una buena política”, aunque aclaró que está siguiendo “la evidencia” que se está desarrollando. Expresó que “no hay un correlato en que a los gurises les vaya mejor, ni siquiera en que usen menos las redes”. Agregó incluso que “el efecto de eso es peor porque implica que si no las usan mientras están en el centro educativo, el resto del día se cuelgan para recuperar ese uso”.

    El informe del Ineed sobre la medida aplicada en el Colegio Santa Elena reporta dificultades como esa. Para las familias, las más frecuentes son la imposibilidad de comunicarse directamente con los estudiantes durante la jornada escolar (18%) y un aumento del uso del celular fuera del centro educativo (6%). Entre los estudiantes, el 65% respondió que ahora usa el celular más tiempo en casa, sobre todo los de noveno grado.

    En los focus group de estudiantes surge “una idea generalizada” de que la limitación en horario escolar provoca ansiedad o “desesperación” por usarlo al salir. “Señalan, además, que compensan esta restricción usando el celular mucho más tiempo en casa (…). También mencionaron que, al llegar a sus casas, se les dificulta realizar deberes y mantener la concentración debido al uso intensivo del dispositivo y a la sensación de ‘no poder desconectarse’”. El informe del Ineed agrega que las percepciones de los estudiantes sobre la medida varían en función del uso que estos hacen de sus dispositivos fuera del colegio. En particular, “quienes dedican mayor tiempo a mirar reels o videos en redes sociales (Instagram, TikTok, YouTube) tienen una percepción más negativa que quienes declaran dedicar menor tiempo a esta actividad”.

    El diputado colorado Maximiliano Campo presentó en febrero un proyecto de ley para prohibir el uso de celulares durante la jornada educativa, salvo excepciones o para fines educativos. Sin embargo, el gobierno y el oficialismo estiman que falta evidencia para avanzar en la restricción. El presidente de la Comisión de Educación de Diputados, Agustín Mazzini, dijo en setiembre a Búsqueda que “seguramente algo puede llegar a salir”, porque “hay que dar alguna señal en cuanto al uso de celular, pero no en los términos de prohibición, sino de generar garantías para que la escuela y el liceo sean espacios para la formación digital”.