“El vicario de Bray es un personaje inglés del siglo XVI, famoso por cambiar sus principios para adecuarse a los continuos cambios religiosos y políticos de la época para así poder seguir viviendo en la parroquia”, reza la nota al pie de la página.
“El vicario de Bray es un personaje inglés del siglo XVI, famoso por cambiar sus principios para adecuarse a los continuos cambios religiosos y políticos de la época para así poder seguir viviendo en la parroquia”, reza la nota al pie de la página.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEsa era la fama que Nick Mason tuvo dentro de Pink Floyd. Y así lo admite el propio baterista en Dentro de Pink Floyd (Ma Non Troppo, 2007). Miembro fundador y testigo privilegiado de una de las bandas más influyentes de la historia del rock, Mason se revela como un observador curioso. Ingleses hasta el tuétano, los protagonistas de esta historia siempre fueron disimulados en exponer sus enfrentamientos. “Rick (Wright) aportaba texturas y melodías y Roger empuje, disciplina y previsión. Como las baterías son un mundo aparte, afortunadamente nunca tuve que justificar mi existencia de la misma manera”, admite sin problema. Su peso creador en Pink Floyd es el más exiguo de todos, pero es el único que puede jactarse de que su nombre aparezca en cada uno de los discos del grupo y de desmontar algunos mitos y leyendas que han rodeado a la banda.
Por ejemplo, la salida de Syd Barrett de la agrupación. Las drogas y la esquizofrenia habían destruido al líder del grupo al punto de que una noche de febrero de 1968, de camino a buscarlo para un show que debían dar, alguien preguntó: “¿Levantamos a Syd?”, y la respuesta fue: “No, no vale la pena”. Mason reconoce que “retratarlo de una manera tan directa suena como si no tuviéramos corazón y fuéramos realmente crueles: es cierto. La decisión fue completamente cruel, igual que nosotros”. El karma quiso que el reemplazante y amigo de Barrett, David Gilmour, se quedara con el liderazgo del grupo años más tarde. “Después de The Dark Side of the Moon (1973) hubo una acusada tendencia a criticar mucho (y a encajar muy mal esas críticas). Roger, a veces, ha tenido fama de disfrutar con los enfrentamientos, pero no creo que ese sea el caso. Creo que, a menudo, no es consciente de lo amenazador que puede llegar a ser cuando considera que es necesario un enfrentamiento”, rememora Mason en referencia al comienzo de la etapa más triunfal y destructiva del grupo, cuando pasaron de las armonías progresivas a los éxitos de estadios.

A lo largo del recorrido por la historia de la banda, Mason también explica por qué Pink Floyd siempre se preocupó de que su música se representara en vivo de forma espectacular, lo que explica que el legado no solo sea musical, sino también visual. Y gran parte de esa “culpa” la tiene Waters con su visión de lo que debían (y deben) ser los shows de estadios. Para el baterista, el punto más alto de creatividad se dio tras un escupitajo que Waters le dio a un fan durante un concierto y que sirvió de inspiración para The Wall, “un espectáculo basado en el concepto de un público separado de sus ídolos tanto física como mentalmente”. En esa época, el bajista se transformó en el (casi) único compositor y por eso lideraba.

Fueron años de autoritarismo de los cuales Mason hace un mea culpa. “¿Por qué estábamos dispuestos a aceptar lo que parecía una toma de poder por parte de Roger? Aceptamos que había tantas cosas inevitables que, echando la vista atrás, oponerse parecía algo innecesario. (…) Quizá debido a una falta de confianza en sus propias habilidades como compositor, David debió sentir que si nos enfrentábamos a estos problemas nos arriesgábamos a perder a Roger y por lo tanto seríamos incapaces de continuar”. Mason lo explica como si fuera un mero espectador, aunque siempre estuvo en el medio del fuego cruzado hasta que no tuvo más remedio que decidirse. Ahí optó por quedarse en Pink Floyd y distanciarse de su gran amigo y padrino de Harry, su primer hijo, hasta 2005, cuando Gilmour, Mason, Wright y Waters se volvieron a juntar en el Live 8 de Londres para tocar por una buena causa. El libro termina ahí. La historia de Pink Floyd también.