El tema del día, de la semana, del semestre y del año es la visita de don Robert Prevost, también conocido como su santidad León XIV, papa número 267, a contar desde San Pedro.
El tema del día, de la semana, del semestre y del año es la visita de don Robert Prevost, también conocido como su santidad León XIV, papa número 267, a contar desde San Pedro
El tema del día, de la semana, del semestre y del año es la visita de don Robert Prevost, también conocido como su santidad León XIV, papa número 267, a contar desde San Pedro.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo es una visita cualquiera, y menos para Fortunato, que suele decir que vivimos en un país laico y con vista al mar, pero que cholulea con cuanto visitante ilustre se arrima a nuestras arenosas costas, cualquiera sea la religión o el credo que practique.
El papa no es una excepción, y su sonada incursión latinoamericana, empezando nada menos que por Uruguay, lo tiene al hombre enchufadísimo con el tema.


En la oficina discutió con compañeros de trabajo porque había algunos que decían que no se justificaba tanto alboroto, y otros decían que la Iglesia católica debió haber pintado de amarillo y blanco la Torre Ejecutiva, el Palacio Legislativo y el Palacio Piria, donde está la Suprema Corte de Justicia.
Ya de noche y en su casa, mirando el informativo de cierre, Fortunato bostezaba por enésima vez escuchando también por enésima vez el plan de viaje del papa, el programa de las visitas, las misas, las reflexiones, los papamóviles (admitamos que somos el único país del mundo que le fabricó un minipapamóvil a su santidad, y menos mal que no apareció una patinetamóvil para que el papa circulara más ágilmente por la peatonal Sarandí).
Cuando el informativista decía que se habían agotado las entradas para el encuentro con el papa en el Centenario, y que el Pájaro Enciso le prepararía él mismo unas mollejas y unas tiritas de asado a las brasas al sumo pontífice, el sorbo de su copita de vino le hizo casi bajar los párpados a Fortunato.
Sin embargo, mientras se le cerraban los ojos, le pareció escuchar algo que le llamó la atención, que le pareció inusual, pero la suerte estaba echada. Se estaba quedando dormido.
El conductor del noticiero pareció decir con asombro que se habían agregado al programa del papa algunos otros encuentros y compromisos que estaban haciendo que la curia estuviera, para usar una palabra que se ha vuelto viral, recalculando.
—En efecto —decía el periodista—, se ha anunciado una visita del santo padre al PIT-CNT, pero no como compromiso eclesiástico, sino con el fin de llevar a cabo un exorcismo. Se le ha informado al vicario de Cristo que en ese local hay un fantasma que determina que la central sindical adopte medidas en forma involuntaria que luego traen duras consecuencias para la paz interna del país —prosiguió el noticiero—. Se ha comentado asimismo —continuó el boletín informativo— que el pedido del exorcismo partió del propio principal de la central sindical, Marcelo Abdala, quien ha afirmado públicamente que esas ideas apoyadas por el PIT-CNT de aplicar un impuesto del 1% a todos los ricos, de promover una jubilación anticipada, ya no con 60 años, sino con 50, de eliminar las AFAP y de hacer paros sorpresivos en el puerto, trancando la operativa del comercio y provocando grandes daños a la economía nacional, son obra de un fantasma de sábana roja y no blanca (ni colorada) que les hace levantar la mano a los gremialistas de la central cuando se proponen esa duras medidas, amenazándolos con una hoz y un martillo.
El informativo siguió después, superando el esfuerzo de Fortunato por ver lo que se decía, e informaba que Marcelo Abdala aprovecharía la visita papal para confesarse con su santidad en un pequeño refugio que tiene en su escritorio, y que aprovecharía para pedirle al papa que, cuando se jubile, lo acepte como monaguillo en la catedral de San Pedro en Roma.
A Fortunato le sonaba un rumor en sus oídos, pero no podía darse cuenta de si escuchaba o si soñaba.
El informativista prosiguió con aquellas inesperadas novedades. Dijo que el programa del santo padre incluía ahora además un viaje al lugar donde se piensa construir la represa de Casupá, acompañado por el ministro Ortuño, quien ha asegurado que le ha llegado información reservada en cuanto a que el papa se candidatea para santo cuando termine su mandato, por la razón que sea, y que estaría muy bueno que los primeros milagros que lo elevarán a la santidad tras su desaparición los lleve a cabo en Uruguay. El santo padre ha tomado la afirmación del ministro con buen humor, y ha aceptado la invitación, pero fuentes de la curia han confirmado el dato e informaron que se espera que el papa haga un milagro: tocará la tierra con su báculo pastoral y en ese momento esta se abrirá generando toda la acumulación de agua de la represa, sin que sea necesario inundar las más de 700 hectáreas de monte criollo previstas hasta ahora, así como las tierras de cultivo que quedarían bajo el agua de concretarse el proyecto del gobierno. “Flor de milagro”, comentó el informativista al no poder contener su asombro y su emoción.
El séquito papal, compuesto por varios sacerdotes y funcionarios del Vaticano, ha sido invitado a seguir muy de cerca al papa, ya que —según los insistentes rumores provenientes de la propia curia— este no sería sino uno de los milagros que dejará León XIV en su paso por estas tierras.
Se menciona en los pasillos de la nunciatura que el papa haría una visita al Puerto de Montevideo y que tocaría con su mano todas las camionetas Hyundai Santa Fe que están guardadas en un gran depósito portuario, las que milagrosamente se transformarían todas ellas en transportes escolares para los niños de las escuelas rurales del interior. Incluso se le atribuye al santo padre haberle dicho a uno de sus confidentes que no había mejor manera de hacer un milagro que hacerlo con la Santa Fe.
Cuando se le preguntó al papa si no consideraba que podría aprovechar para hacer otro milagro, consistente en que el presidente aprendiera a abrocharse el botón del cuello de sus camisas cuando usa corbata, el santo padre habría dicho que eso ya era mucho pedir, y que no podía arriesgar que le fallara un milagro.
Fortunato se fue a la cama planeando madrugar, así podía ver, por la tele al menos, todos los eventos milagrosos que se aproximan.