La semana pasada, el presidente argentino Javier Milei dio un discurso en el Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) y aprovechó para criticar a los movimientos feministas y a la diversidad sexual.
Mantenerse de pie y avanzar de la mano, y tener la paciencia infinita de seguir conversando una a una con cada persona que todavía tenga la capacidad de ver más allá de los bandos, aunque no sepa del tema, aunque todavía le haga ruido
La semana pasada, el presidente argentino Javier Milei dio un discurso en el Foro Económico Mundial en Davos (Suiza) y aprovechó para criticar a los movimientos feministas y a la diversidad sexual.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace varios años ya que este tipo de discursos viene siendo usado por gobiernos de ultraderecha para generar indignación rápida en personas que saben poco de estos temas, tergiversando acontecimientos y generando confusión para polarizar a la sociedad.
La fórmula es de manual y las acusaciones son siempre las mismas: que los homosexuales son pedófilos, que las feministas buscan poner “una mitad de la población en contra de la otra”, que la brecha salarial no existe, que el femicidio no significa nada y todo así.
Además, el estilo discursivo de este presidente, que gusta de expresiones como “cáncer a extirpar”, “virus mental”, “agenda sanguinaria”, forma un cúmulo de imágenes que impactan directamente en la sensibilidad de la gente y logran generar el fanatismo buscado. En los comentarios al video que registra su participación en Davos, se pueden leer los “Magistral!!!” “Excelente!!!!” “Bravo!!!” que escriben las distintas personas (así tal cual con esa cantidad de signos de admiración). Ya es sabido que lo que buscan estos discursos es transformar temas complejos y dolorosos en un asunto de bandos contrarios, y por ahora parece que la fórmula sigue funcionando.
Aunque yo pensaría que el tono usado por el presidente sería más para una arenga barrial que para el Foro Económico Mundial, en especial porque sus deducciones resultan incorrectas incluso para la persona que menos sepa del tema. Habló por ejemplo del caso de “dos americanos homosexuales que, enarbolando la bandera de la diversidad sexual, fueron condenados a cien años de prisión por abusar y filmar a sus hijos adoptivos durante más de dos años”. A partir de ese caso concluye que “la ideología de género constituye lisa y llanamente abuso infantil, son pedófilos”. Para cualquier persona que se detenga un poco a pensar, esta comparación sería como afirmar que todos los hombres heterosexuales son violadores, porque en Francia más de 50 hombres violaron a una mujer de 70 años y todos fueron encontrados culpables.
Pero muchas más cosas hacen ruido del discurso del señor Milei. Por ejemplo, que hable en nombre de la libertad pero esté en contra de la diversidad. Que hable tanto de los “vientos de cambio” que soplan en el mundo, pero que diga que ser valiente “consiste en volver hacia atrás”. Resulta mediocre querer disfrazar de cambio y novedad a una visión política que lo que en realidad busca es volver a un mundo en el que las personas diferentes a la norma no tienen derecho a nada. Disfrazar de revolucionario el quitar derechos que llevó tanto tiempo alcanzar.
Milei mete todo en una misma bolsa y lo nombra así, todo de corrido: “feminismo, diversidad, inclusión, equidad, inmigración, aborto, ecologismo”. Por eso mismo la reacción es tan grande. Por eso la invitación a marchar este sábado 1º de febrero en contra de todas estas declaraciones, corrió como “reguero de pólvora”. La convocatoria empezó en Buenos Aires (motor indiscutido de la movilización social en América Latina) y ya se replicó en varios países de la región y en países de Europa.
Juntarse y defender los derechos alcanzados resulta sin dudas fundamental. El desafío es evitar a toda costa caer en la trampa de la furia, porque esa es siempre la estrategia de quien busca debilitar los movimientos unidos. Tragar veneno, como diría Bielsa, porque reaccionar en base a insultos solo termina restando. Mantenerse de pie y avanzar de la mano, y tener la paciencia infinita de seguir conversando una a una con cada persona que todavía tenga la capacidad de ver más allá de los bandos, aunque no sepa del tema, aunque todavía le haga ruido.
En Montevideo, distintas organizaciones sociales están convocando para encontrarse el sábado 1º de febrero en la Plaza Libertad a las 15 horas y desde allí marchar hacia la Embajada Argentina, “porque todas las vidas importan, todos los cuerpos importan”.