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En el actual Presupuesto, a discusión del Parlamento, no hay casi nada de la profunda reforma educativa que se hace cada vez más necesaria; tiempo para promoverla y concretarla todavía hay, pero cada vez menos
Ocurrió hace tres décadas, más precisamente a finales de agosto de 1995. Ya pasaron 30 años desde esa última vez en la que un proyecto de ley de Presupuesto quinquenal enviado por un gobierno al Parlamento incluyó como uno de sus principales capítulos una profunda reforma educativa. Después se sucedieron cinco gobiernos de las tres principales colectividades políticas uruguayas: uno encabezado por el Partido Colorado, tres por el Frente Amplio y uno por el Partido Nacional. Pero nunca más, desde esa fecha, una administración incluyó en esa ley madre que se presenta al inicio de cada período un verdadero cambio en las cuestiones de fondo de la enseñanza.
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Por supuesto que todos esos gobiernos incluyeron artículos referidos a la educación que implicaban algunas modificaciones y también, en algunos casos, aumentos de los recursos destinados a esa área tan importante para el presente y futuro de todos los uruguayos. Pero ninguno planificó desde el comienzo una reforma tan ambiciosa como la encarada por Germán Rama a partir de ese 1995, bajo la presidencia de Julio María Sanguinetti. En aquella oportunidad, el proyecto de Presupuesto incluía desde la extensión de la educación obligatoria para los niños de 4 y 5 años y la multiplicación de las escuelas de tiempo completo hasta la creación de los bachilleratos tecnológicos y de los Centros Regionales de Profesores (CERP) en distintas partes del país. Es más, al revisar los medios de comunicación de la época se puede constatar que uno de los principales protagonistas de aquellos tiempos durante la defensa del Presupuesto ante el Parlamento fue Rama, que se desempeñaba como presidente del Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). Concurrió varias veces tanto a las comisiones de la Cámara de Senadores como a la de Diputados para explicar durante horas cuál era su proyecto de reforma educativa.
Mucho se discutió entonces en distintos ámbitos sobre aquella reforma educativa. Motivó desde una huelga general en la enseñanza y una ola de ocupaciones estudiantiles de los liceos hasta expulsiones de algunos dirigentes sindicales afines al Frente Amplio por haber trabajado para ella. Años después, algunos de los que la criticaron con vehemencia terminaron diciendo públicamente que había sido un error y valoraron de otra forma lo hecho por Rama. Pero más allá de esa coyuntura puntual, lo cierto es que fue la última vez que se planificó una verdadera reforma que abarcó a gran parte de la enseñanza, que luego se llevó a la práctica y que implicó una discusión importante en los distintos ámbitos políticos de la sociedad uruguaya. Los gobiernos posteriores, todos ellos, hicieron algunos intentos, aunque muy tímidos. La educación siempre terminó ocupando el tercer, cuarto o quinto lugar dentro de las prioridades de cada período y no volvió a ser protagonista de un Presupuesto quinquenal.
Más allá de eso, los recursos destinados a la educación han ido en aumento. Eso ha sido una constante, aunque con variaciones: en algunos casos se incrementaron más y en otros menos, como en el actual período, en el que se acusa a las autoridades de haber disminuido los recursos para la enseñanza en términos del Producto Interno Bruto. Ese debate sobre la cantidad de fondos siempre está arriba de la mesa. También ha sido una constante la queja de los sindicatos, más allá de quién esté en el gobierno y de los distintos presupuestos. La historia es repetida. Protestan por la escasez de recursos y por cualquier mínimo cambio que se quiera introducir dentro de la enseñanza. Algunos avances se concretan, pero son los menos. En la mayoría de los casos se impone la resistencia sindical a las modificaciones y en especial así ocurrió durante los tres períodos del Frente Amplio.
Esta oportunidad no parece ser la excepción. En el actual Presupuesto, a discusión del Parlamento, no hay casi nada de la profunda reforma educativa que se hace cada vez más necesaria. Tiempo para promoverla desde otros ámbitos y concretarla todavía hay, pero cada vez menos. Otra vez, parece que los cambios en la enseñanza quedarán como una tarea pendiente; si no se concretan, es muy poco lo que el país puede avanzar, en todo sentido. Treinta años es demasiado tiempo en política, y más en materia de educación. Más todavía lo son 35.