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    El fóbal es así

    Que sea uno de los mejores delanteros de su generación no implica que todo lo que Suárez diga sobre temas que no están relacionados directamente con cómo meter goles no pueda ser cuestionado

    Columnista de Búsqueda

    Hay temas en los que comentar algo, lo que sea, es como meterse en un campo minado: no importa qué tan fino uno intente ser, alguna mina va a pisar. No, no estoy hablando de la política en campaña electoral, sino del fútbol y sus cercanías. El fútbol entendido como aquello que hacen los jugadores en la cancha y todo aquello que crepita dentro del ecosistema de clubes, selecciones, dirigentes, contratistas y, muy especialmente, periodistas deportivos e hinchas. Los penúltimos se encargan de amplificar lo que sea que se haya dicho y ocurrido y los últimos de exacerbar de manera pasional y hasta personal todo eso.

    Así pues, sabía que comentar algo, lo que fuera, sobre las declaraciones de Luis Suárez respecto al técnico Marcelo Bielsa y la selección uruguaya iba a ser conflictivo, con independencia de qué tan neutro fuera el comentario. Como con la política pero de manera mil veces más visceral, el fútbol convoca a los elementos más radicalizados en torno ¿a qué?, ¿la pelota?, ¿los colores de una camiseta? Eso es cosa de cada radical, pero lo cierto es que despierta una pasión que ya quisieran despertar los políticos. Suárez es un jugador talentosísimo y de sangre caliente que con las cosas que hace dentro y fuera de la cancha es capaz de polarizar al más indiferente.

    Dicho esto y como me gusta meterme en berenjenales, escribí en Facebook: “Se sabe de siempre que parte de la exuberante tensión competitiva que hizo de Suárez uno de los mejores delanteros del mundo viene de su carácter de gurí caprichoso. Lo nuevo es que ahora las declaraciones enfurruñadas de ese talentoso gurí/hombre se leen como el camino a seguir”. Supongo que es evidente pero por si las dudas lo dejo por escrito: la frase no pone énfasis en si está bien o mal lo que Suárez dijo. La frase pone el peso en los usos que el ecosistema mencionado hace de lo dicho por Suárez. Como lo ha hecho tantas otras veces con lo dicho por otros jugadores. La diferencia, y eso sí lo dice lo que escribí, es que la palabra de Suárez ahora parece ser una referencia inobjetable que sirve para cuestionar la continuidad del técnico.

    Como pasa siempre en las redes, a medida que van apareciendo comentarios a lo que uno escribe, el tema va derivando hacia zonas que poco o nada tienen que ver con la intención del comentario original. Ni siquiera con lo que está literalmente escrito. Las redes son por definición el campo de interpretación random de lo que otro dice. Y, en esencia, esto ocurre porque estamos intercambiando sobre asuntos que nos interesan (y en el caso de Suárez y la selección, que despiertan pasiones) con una mayoría de gente que no conocemos o a la que solo conocemos de las redes. Al mismo tiempo, las redes son interesantes precisamente por esa deriva aleatoria. Es interesante ver que asuntos que a nosotros nos parecen laterales o ínfimos son centrales para otras personas. También sirve para ver cómo aspectos que no parecen tener relación con el asunto original se van enlazando a medida que la radicalidad aumenta. En este caso, muy rápido aparece el tema de la libertad de expresión, algo que en apariencia no tiene relación ni con las declaraciones de Suárez ni con el comentario original que hice en Facebook. Y sin embargo, no fueron pocos los que entendieron que señalar a Suárez como alguien proclive a tener actitudes volátiles (es lo que yo entiendo de su trayectoria) era un llamado a censurarlo.

    Esa es una de las confusiones más habituales respecto a la libertad de expresión: criticar lo dicho por alguien es un llamado a la censura y un ataque a su libertad. Sin embargo, es exactamente al revés: la crítica de lo dicho por otros es parte fundamental del ejercicio de la libertad de expresión. Siempre que esa crítica, claro, no sea o contenga un llamado a silenciar al otro y sus opiniones. La libertad de expresión no es la libertad de decir lo que uno quiera sin ser criticado. Es la libertad de que cada ciudadano pueda decir lo que quiera decir, sabiendo que existe un marco legal en el que eso puede ser dicho sin que alguien (por lo general, con poder de alguna clase) sea capaz de callarnos. Es difícil pensar en Luis Suárez como alguien que carece de capacidad de expresarse y ser escuchado. De hecho, debe ser (en Uruguay seguro lo es) una de las personas con una de las cajas de resonancia más grandes y gracias a ella sus opiniones llegan a cada punto del orbe.

    Otra confusión respecto a la libertad de expresión es la que entiende que para que esta sea efectiva, una opinión debe contar necesariamente con interlocutores. Algo así como “si no querés ser un totalitario que se roba mi libertad de expresión, estás obligado a escuchar todo lo que yo tenga para decir”. Y sin embargo, no es así; la libertad de expresión no garantiza interlocutores, solo la libertad de expresar lo que se desea en un marco de garantías para quien se expresa. Y ese marco también implica límites para la libertad de expresión.

    ¿Cuáles son esos límites? Este texto que está en la web del Museo de Ana Frank me resultó especialmente claro al respecto: “En general, la libertad de expresión tiene algunas limitaciones. Por ejemplo, no puedes simplemente revelar secretos comerciales (como datos de clientes o el proceso de producción) o un plan militar del gobierno. Y, en los casos de un estado de emergencia o una guerra, el gobierno puede limitar la libertad de expresión de los ciudadanos. Tampoco puedes culpar a alguien y difundir mentiras sobre otras personas. Y no se puede incitar a la violencia, la discriminación o el asesinato. Si haces eso, en la mayoría de los países, estás cometiendo un delito. Por lo tanto, puede suceder que un juez condene a alguien alegando que él o ella incita a la discriminación. Aunque no siempre está claro dónde se encuentra el límite entre la discriminación y la libre expresión, existen pautas y normas que ayudan a determinar este límite”.

    Desde ese punto de vista, decir que alguien es volátil o un gurí/hombre no es un llamado a callarlo ni un intento de censura. En todo caso, quizá, un llamado a la cordura. Que sea uno de los mejores delanteros de su generación no implica que todo lo que Suárez diga sobre temas que no están relacionados directamente con cómo meter goles no pueda ser cuestionado. ¿Tiene derecho a decir lo que dijo? Sin la menor duda ¿Es Suárez un experto en gestión de equipos de fútbol integrados por deportistas de élite y, por lo tanto, lo que dice va a misa? No. Seguramente, y después de años en los vestuarios, sepa lo suyo. Pero de ninguna manera es una voz infalible al respecto. Harina de otro costal es el sentido de la oportunidad de hacer estas declaraciones en plena eliminatoria mundialista. Pero el sentido de la oportunidad es un asunto que no ha preocupado jamás al delantero.

    En resumen, la libertad de expresión da todo el derecho a Luis Suárez a decir lo que le plazca, dentro de los límites señalados. Y a nosotros nos da la libertad de hacerle caso o no. Sería genial si además nos diera la libertad de poder opinar sin que hacerlo implique pisar un campo minado. Pero qué le vamos a hacer, el fóbal es así.

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