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El filósofo lituano de origen judío Emmanuel Lévinas se había ido a estudiar a Francia cuando empezó la Segunda Guerra Mundial. Allí fue atrapado y llevado a un campo de concentración nazi; casi toda su familia fue asesinada. Es probablemente esta experiencia tan dura la que lo llevó como filósofo a reflexionar sobre el concepto del otro, ya que los campos de concentración son lugares de máxima supresión de la otredad. En su texto Totalidad e infinito, Lévinas afirma: “Mi posición de yo consiste en poder responder a esta miseria esencial de otro”. El filósofo entiende al “otro” siempre como el débil y para ilustrar esa debilidad toma tres figuras de la Biblia: el otro es “el extranjero, la viuda y el huérfano con los cuales estoy obligado”. Es justamente esa debilidad del “otro”, dice Lévinas, lo que genera una responsabilidad infinita en el “yo”. La idea de la responsabilidad del “yo” frente a la debilidad del “otro” me parece fundamental, de ahí la importancia de detenerse siempre a reflexionar sobre los derechos de las “otredades” —ya sea sobre los derechos de las diversidades sexuales, de personas racializadas, de trabajadoras sexuales, de víctimas de violencia sexual, e incluso los derechos de otras especies animales.
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Hace poco más de un mes, compartí en redes sociales un fragmento de una entrevista a la antropóloga argentina Rita Segato, en la que esta afirmaba: “Me defino como exhumana, porque no quiero pertenecer a esta especie siniestra”. Segato hacía referencia a la situación en Gaza y a la diferencia fundamental que hay entre estos hechos y otros crímenes históricos de lesa humanidad. Para la antropóloga, el hecho de ver todo a tiempo real cada vez que abrimos las redes sociales establece unas nuevas reglas de juego en el mundo, a través de las cuales “el poder de muerte se exhibe sin pudor”.
Compartí la entrevista porque cada vez me resulta más difícil enfrentarme a las imágenes cotidianas de niños y niñas desnutridas, lastimados, llorando entre escombros. Compartí la entrevista porque Rita Segato es una teórica seria a la que respeto profundamente. Compartí la entrevista porque ya van casi dos años de una situación inadmisible sobre la que poca gente se anima a hacer algo.
Al día siguiente, una amiga a quien quiero mucho me mandó un mensaje cuestionándome el video compartido. Me decía que la mayoría de la gente tiene una mirada sesgada sobre el tema, y que para esa mirada Israel siempre va a ser culpable de todo. Eso sumado a varios mensajes de texto larguísimos y algún audio de siete minutos. Me sentí como en un partido de fútbol: marcada por alguien que se posiciona como jugadora de un cuadro rival. Pero hablar de la violencia ejercida contra la población civil de Gaza no puede transformarse en una cuestión de hinchadas de fútbol, no puede ser un tema de bandos. Decir que el gobierno de Israel es responsable del terror que se está viviendo en Gaza no puede ser tomado como un ataque a la colectividad judía. Sin embargo, las declaraciones públicas de rechazo hacia lo que está haciendo Israel son sistemáticamente reprimidas en muchas partes del mundo.
Mientras tanto, el número de muertos desde el inicio de la ofensiva israelí el 7 de octubre de 2023 supera las 60.000 personas, según Naciones Unidas. “Es claramente un desastre que se está desarrollando ante nuestros ojos”, afirmó Ross Smith, director de Emergencias del Programa Mundial de Alimentos (PMA). “Esto no es una advertencia, es un llamamiento a la acción. No se parece a nada de lo que hemos visto en este siglo”, declaró. Por su parte, la directora ejecutiva de Unicef, Catherine Russell, dijo que “los niños y bebés demacrados están muriendo de desnutrición en Gaza”, y enfatizó la necesidad de garantizar un acceso humanitario inmediato, seguro y sin obstáculos.
“La muerte, fuente de todos los mitos, solo está presente en el otro; y solamente en él me llama con urgencia a mi última esencia, a mi responsabilidad”, escribía Lévinas.
¿Qué se hace ante cada imagen de un bebé en los huesos, de una niña llorando, de un niño desesperado tratando de conseguir comida? En Uruguay, existen grupos que se organizan para ayudar a familias que lo necesitan, como el colectivo @ayuda.humanitaria.gazauy, integrado por psicólogas que brindan apoyo en línea y envían dinero para alimentos, así como otras organizaciones que se movilizan para hacer llegar recursos. Lo que seguro no se puede hacer es seguir negando el horror que están sufriendo las infancias en Gaza, esos “otros” a los que nadie quiere mirar a los ojos.